La primera vez

(continuación del artículo: “Los grandes placeres de la vida”)

Y quedemos el domingo. La cité en una famosa cervecería del centro de la ciudad. Yo llegué en primer lugar. Entré en el local, eché un vistazo y no la vi. De haber estado,no habría sido muy difícil verla, pues estaba casi vacío. Fui a la barra y pedí un coñac. No sabía si iba a venir, pues me dijo que se pensaría si acude a mi cita. Estaba muy nervioso, habían pasado ya cinco minutos desde la hora a la que la cité, y no llegaba, por lo que me empecé a relajar. El licor también hacía su efecto, y entre el coñac y la creencia de que ya no vendría, me relajé. Estaba a punto de darle el último trago a mi licor para largarme después, cuando de repente empiezo a oír pisadas en las escaleras que bajan hasta dar en el local. No creía que fuese ella, pues ya habían pasado veinte minutos desde que la cité… la primera vezCuando miré para ver quien era, casi ya haciendo amago de levantarme e irme, la vi allí. Estaba espléndida, se había puesto un vestido rosa y estaba radiante. Llevaba un fuerte y femenino perfume… cuando la vi casi me caigo de espaldas. Me levanté del taburete y la di dos besos. La dije: “pedimos algo y hablamos”. Pedimos dos cervezas y nos sentemos en una mesa alejada de la barra y de la entrada.

Parecía una cita romántica, en un sitio un tanto oscuro y casi sin gente alrededor. Casi no sabía que decirla, yo, que tendría hasta palabras para intercambiar con Satán. Tenía un nudo terrible en el estómago, no me entraba ni la cerveza. Ella se dio cuenta de que estaba nervioso, y me dijo que “no soy para tanto”… a lo que pensé “¿se habrá visto en un espejo”… Total, al final pude hablar, y se fueron los nervios iniciales. Es normal tener nervios, pero no es tan normal tener miedo. Al menos ese miedo que te impide vivir. En nuestra conversación de una hora de duración hablemos de todo, sobre todo de arte. Resulta que a ambos nos gustaba las artes plásticas, esas esculturas de interpretación polémica, pero llenas de significado. Luego hablemos de países que queríamos visitar, y al final terminemos hablando del amor, de la suerte que tienen aquellos que han encontrado a su media naranja… En este momento ella agachó la cabeza. Creo que la gusté algo (ella a mí mucho) pero no lo suficiente…

Estaba destrozado, llegué a casa llorando… la he encontrado y no me corresponde… Nos despedimos con dos besos, me dijo: pues tengo tu número de móvil, y ya nos veremos… A la mañana siguiente estaba hecho polvo. Había ahogado las penas en licor de anís… Me levanté con resaca… y me di cuenta de que lo peor ya había pasado. No la volvería a ver, pero nunca antes estuve tan cerca de alcanzar mi objetivo… Pero de repente se oyó el pitido del móvil. Un mensaje… ¡era ella! A través de varios mensajes quedemos otra vez para vernos el miércoles por la tarde. Siempre me pongo en lo peor… pero al final sí la gusté.

El miércoles, la misma historia que el domingo: yo llego antes, tarda… pero llega impresionante. Pedimos otra vez dos cervezas, y nos volvemos a sentar en un sitio alejado de la puerta. Hemos quedado en otro local, ahora hemos quedado en las afueras, en un local donde hay sillones de bambú. Todo es muy acogedor, más acogedor que la cara cervecería irlandesa en donde nos citemos la primera vez… Hablamos más, hablamos de todo, nos emocionamos pues varias veces terminamos pensando de lo que ha dicho el otro: “yo he querido eso toda mi vida…”. Antes de despedirnos decidimos dar un paseo por un famoso parque. Ya es primavera, y la temperatura es agradable. En ese oscuro parque… nos despedimos al final, cada uno irá  para un sitio. La miro para despedirla, y la digo: “¿te despido con dos besos o con uno sólo?” Acerco mi cara a la suya, y como no la retira, la beso, primero durante dos segundos, y luego la vuelvo a besar como besaba de pequeño a ese helado que se estaba apunto de caer al suelo porque se había derretido… la besaba con ganas… la miraba muy serio, aquello era una cuestión muy seria… Ella empezó a temblar, parece que cuando uno está más caliente es cuando uno más tiembla… Y nos despedimos… No sin antes decirla: “quiero amarte, quiero ver tu cuerpo desnudo y estremecerme, quiero vengarme de las afrentas de la vida…”

Ambos estuvimos de acuerdo. Tendríamos que elegir el sitio y el día. Ella vivía sola, así que no había problema con el sitio. Quedemos para el miércoles de la semana que viene a las siete de la tarde. Yo iría a su casa. Apunté las señas que me dio. En todo ese tiempo, no volveríamos a intercambiar ni una sola palabra, ni un solo beso… Me despedí de ella con el último fugaz beso, me di media vuelta y me largué lleno de esa sensación que deben de sentir sólo los dioses.

Toda esa semana fue una interminable cuenta atrás… En una semana amaría al fin por primera vez… y ya había habido un anticipo, besos bajo la leve luz del ocaso de un viejo mundo. El día siguiente por la mañana me desperté sin casi sueño y lleno de ilusión. Fui a trabajar demasiado contento, tanto que el jefe me dijo: “como vuelvas a venir feliz al trabajo te pongo una falta grave”… No me sacaron mi secreto… pero lo intuyeron… Día tras día pasó la semana. El fin de semana, salí a dar un paseo con los amigos, y no salí más. Tenia mucho que pensar, tenía que empaparme de esa dulce sensación de la anticipación del placer. Miraba el reloj, pasaban las horas, los minutos, los segundos… hasta que llegase la hora señalada, las 19:00  de la tarde del miércoles. Salía de trabajar a las cuatro de la tarde… y me ponía a mirar el reloj… y a pensar… Después del fin de semana, el reloj parece que empezaba a acelerarse, la aguja de los minutos se movía como si fuese la de los segundos. Y llegó el miércoles.

A las cinco de la tarde ya estaba preparado. Decidí ir pronto por si no encontraba el sitio. Lo encontré rápido, pero una hora antes. Y decidí pasearme por las calles de alrededor hasta que llegase la hora. Estaba temblando de puro nerviosismo. Llegaron las siete, llamé al telefonillo, y oí su voz. Me dijo, “si, sube, te abro”. Sonó ese ruido que hace la puerta al abrirse, y subí las escaleras, encendí la luz… me temblaba la mano. Llegué a su piso, llamé al timbre y oí unos pasos de zapatillas a lo lejos. Abrió la puerta. Volvía a llevar la ropa de calle con que la vi la primera vez, y en ese momento pensé: “si no me hubiese atrevido… hay de mí, hay de mi miedo al ridículo…  ahora no estaría aquí”. Estaba impresionante, con vaqueros ajustados y una camiseta blanca ajustada también. Se le notaban toda su figura femenina.

Entré y me ofreció una copa Tomemos juntos un wiski mientras veíamos la tele. Hablemos un rato de cosas intrascendentes, a la vez que mirábamos la tele, como si fuésemos amigos. Pero sabíamos para qué estábamos allí… Ambos temblábamos al hablar. De repente, nos miremos fijamente, y nos besamos. Nos dimos todos los tipos de besos durante casi media hora… a su vez, yo pude por primera ver tocar con mis manos su cuerpo marcado bajo su ropa. Me cogió de la mano y me llevó a su dormitorio, un dormitorio decorado de forma muy femenina, abundaba el color rosa, peluches por todas partes. Cuando entré en su habitación ella cerró la puerta, incluso con el cerrojo a pesar de que no había nadie más en casa.

Nos besemos y nos abrazamos al lado de la cama, de pies. Estuvimos unos minutos así, hasta que vimos que deberíamos seguir avanzando. Yo la saqué su camiseta del cerrojo que suponían sus vaqueros… ella entendió mis intenciones y se la terminó de quitar ella misma. Quedó en sujetador y vaqueros… un espectáculo digno de ver. La toqué los pechos por encima del sujetador… ella vio que no era suficiente, se llevó las manos hacia atrás y, tras el instante más largo de todos los tiempos, volvió con un enganche del sujetador en cada mano. Al llegar adelante sus manos de nuevo, tiró del sujetador hacia fuera de sus pechos, y sus pechos quedaron completamente al descubierto. Yo me agaché y le chupé los pechos a su vez que los tocaba, con gran dulzura. Luego yo me quité mi camiseta y también quedé con el pecho al aire. Ella me abrazaba por toda la espalda a su vez que me besaba. Yo la tocaba los pechos y el culo. Insistía mucho en el culo, con lo que vimos que era tiempo de pasar a la siguiente fase.

Ella se sentó en la cama y se desató sus zapatillas. Luego se quitó los calcetines y se volvió a poner de pies. Ella me dijo que hiciese lo mismo, y yo lo hice mientras ella ponía algo de música. cuando terminé, me puse sobre la alfombra otra vez, totalmente descalzo. La abracé, seguía pidiendo a gritos su culo, no cesaba en tacarla y cogerla el culo una y otra vez… Ella empezó a quitarse el cinturón, creo que en este momento mi corazón estuvo a punto de entrar en parada… Se sacó el cinturón, y lo tiró al suelo. Luego empezó a desabrocharse el pantalón. Fueron cinco botones, cinco segundos interminables, pero el último calló al fin. Y el pantalón casi se la caía con su propio peso…  tras dudar y sujetárselo un poco, se lo dejó caer, y se lo sacó por las piernas. Quedó en bragas, casi completamente desnuda. Yo la abracé, sobre todo la cogí el culo. Mi tan ansiado premio ahora tan cerca. Ella empezó a desabrochar mis pantalones, poco a poco también, y los botones de mis vaqueros se hicieron aún más interminables que el desabrochar de sus botones… pero al fin mi pantalón también cayó, y quedé en calzoncillos.

Nos abracemos, faltaba una última escena… Ella se dio la vuelta, con lo que quedé contra su espalda y ella contra la cama, y se agachó Me dijo: “quítamelas, me arden” y yo me controlé como buenamente pude y metí mi dedo pulgar dentro de sus bragas, para luego tirar hacia debajo de ellas. Poco a poco fueron dejando al descubierto su trasero. Al final se las saqué del todo y las bragas cayeron al suelo con su propio peso. Ella quedó en esa posición, gimiendo ya… yo la toqué el culo y se lo besé, durante interminables minutos. Luego se puso de pies, metió sus dedos índices dentro de mi calzoncillo e hizo lo propio. Quedemos los dos desnudos. Nos chupemos, nos toquemos, nos abracemos, nos masturbemos… así durante doce horas… Hasta que al final, con las primeras luces del alba, ella se acostó sobre la cama, encogió sus piernas, y me dijo que la follase. Cuando la penetré gritó con todas sus fuerzas. Menos mal que los vecinos ya se estaban despertando… Gimió como una de esas norias que chirrían porque les falta engrase… Al final… empezó a llorar de puro gozo… A mi también se me caían las lágrimas… pero no lágrimas de gozo… cuando me di cuenta de la bronca que me iba a echar mi jefe por llegar tarde al trabajo…

Bueno, queridos y crecientes números de lectores, hasta la próxima, ya estamos en febrero… a ver si este es nuestro año. Como digo, adiós, tengo que ir un momentito al baño…

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