La represión de los instintos

Estoy pensando cosas de mi vida, de las mujeres, del deseo, del amor… Estos deseos y innecesidades humanas son muy profundos, y por eso parece que interesan a todo el mundo… De alguna manera la necesidad amorosa y sexual se insertaría dentro de la estructura más atávica de nuestro cerebro, en partes muy antiguas que compartimos, e incluso hemos heredado, de los lagartos y de cuando los mamíferos éramos aún lagartos que evolucionemos con el tiempo. Y en esa evolución, se fueron creando otras partes más modernas y desarrolladas del cerebro humano, sobre todo la corteza cerebral. Parece que los intereses que corresponden a nuestra parte más “profunda” e interna del cerebro son intereses que “interesan”, valga la redundancia, a todo el mundo. Y los intereses que corresponden a nuestra más desarrollada corteza cerebral, como el arte, la ciencia, la política, el pensar… sólo interesan a unos pocos… Precisamente y, para remendar esta triste y desesperanzadora situación, en este blog intentamos conectar nuestra parte más atávica, que hace referencia a las pasiones, a los deseos… con nuestra parte más intelectual y evolucionada, mediante el “remoldeo” de nuestras pasiones instintivas mediante la recurrencia a la aplicación de nuestra inteligencia más evolucionada a “remoldear” esas pasiones, esos instintos… que tan alejados parecen a veces de todo tipo de cuestión intelectual. Así conectamos nuestros instintos más profundos y “de lagarto”; con nuestra parte más intelectual, más de hombres evolucionados con una poderosa corteza cerebral. Así, ya no se trataría como pretendió el catolicismo durante muchos siglos (con escaso éxito) de intentar “extirpar” las bajas pasiones humanas; en vez de eso, nosotros las remoldeamos, las damos con la inteligencia unas formas más estéticas, más adaptables, más eficientes incluso. Precisamente los hombres y mujeres que son capaces de “moldear” desde su inteligencia racional y muy evolucionada (como hemos dicho, inteligencia situada en el moderno cortex cerebral) sus instintos más bajos y pasionales (unos instintos situados en el interior del cerebro humano, el a veces llamado “cerebro de lagarto”, que se encarga de las pasiones y de lo más instintivo), se hacen por lo general hombres y mujeres muy atractivos, que gustan mucho a los demás. Y es que, respecto a los instintos y a cómo nos “impulsan” hacia eso que queremos sin saber siquiera por qué, se pueden adoptar muchas actitudes dependiendo de las personas:

1. Que se intenten reprimir. Esta es una lección que nos han enseñado desde el catolicismo, religión imperante en España para los pobres (los ricos siempre fueron todo lo viciosos que sus circunstancias les permitieron, mientras invocaban la “virtud” y el “decoro”, no para ellos desde luego, que se creían con derecho a estar por encima de los demás; si no para los demás, para el pueblo raso, al que pretendían controlar a base de esta especie de “castración simbólica”).

2. Que se les de rienda suelta. Pues es justo lo contrario que la represión: aquí simplemente se les da a los instintos libertad total para que hagan lo que quieran con nosotros. Así, las personas que le dan rienda suelta a sus instintos van por ahí aireando sus necesidades de cualquier tipo (no sólo amorosas y sexuales, si no que esta gente cuando tiene hambre se lo hará saber a todo el mundo y se pondrá a buscar comida; cuando está cansado el hará saber a todo el mundo que está cansado y buscará la oportunidad de echarse una siesta…), y tenemos al fin la típica persona un poco “loca” que hace lo que le apetece en cualquier circunstancia, independientemente de cualquier tipo de censura social, que se la salta a la torera.

3. Que no se repriman los instintos, pero que a la vez tampoco se les de rienda suelta. Mas que eso, nosotros “canalizamos” y moldeamos nuestros instintos con nuestra inteligencia. Esta es la opción que proponemos en este blog, ser hombres y mujeres muy pasionales; pero a su vez muy inteligentes. Creemos que los del punto 1 son hombres y mujeres poco sexys, poco atractivos, no son atractivas esas gentes que siempre son virtuosas y que nunca amanecen tras un día de fiesta por ahí sin ropa y al lado de una chica que ni conocen… Y tampoco son atractivos esos hombres y mujeres que se dejan arrastrar libremente por sus pasiones y deseos instintivos más bajos, y que de este modo se comportan como unas “locas” que van por ahí siempre alterando cualquier tipo de tranquilidad y que no tienen orden en su vida y que todo a su alrededor es un caos tan absoluto que termina por alejar a todo el mundo de estas personas sin ningún tipo de censura.

Conclusión sobre la represión de los instintos

De alguna manera, suelen gustar las personas equilibradas, que ni van por ahí aireando sus instintos y dejándose arrastrar por ellos; y que ni van por ahí censurando sus pasiones y sus deseos más profundos como si estos fuesen algo maldito, y ceder ante el empuje de nuestra naturaleza animal significase automáticamente la condenación eterna. Quizás muchos hombres y mujeres no saben qué hacer con sus instintos, porque unos les dicen que tienen que dejarlos fluir con “rienda suelta”; y otros les dicen que tienen que reprimirlos, porque la civilización consiste precisamente en la represión de los instintos.

Fue precisamente Sigmund Freud el que popularizó esa idea, de que la cultura era malestar porque consistía en reprimir instintos que en estado no cultural y salvaje, eran libres y nos hacía muy felices el darle rienda suelta a estas pulsiones sexuales y de otros tipos. Pero la experiencia empírica nos dice que esos multimillonarios que pueden ir por ahí saltándose cualqeuir tipo de censura social, y que se tiran el día en orgía tras orgía, en comilona tras comilona, haciendo todo el rato lo que les viene en gana y lo que les dictan sus tiránicos instintos, no son especialmente felices, por no decir que el darle rienda suelta a su naturaleza animal hace que estas personas se terminen convirtiendo en una masa amorfa de pulsiones descontroladas, y al final en poco más que bestias a las que nada sacia y que, a pesar de lo que decía Freud, son de media menos felices que una persona con una vida más comedida y más ordenada.

Quizás esa es una buena noticia, la noticia de que no hace falta tener una vida instintiva descontrolada para saciar a nuestros deseos. De hecho, la propia época de Freud te censuraba hasta tal punto que era difícil tener una vida feliz, porque hasta la sexualidad con tu propia mujer podría ser un plato prohibido (Freud tuvo que dejar de mantener relaciones sexuales con su mujer porque ya tenía 7 u 8 hijos… algo a lo que contribuyó que el propio Freud considerase como “perversiones” y degeneraciones prácticas como la masturbación, el coito anal, el sexo oral… y en general, Freud era tan capullo que creía que si el sexo no se basaba en el coito vaginal, era poco menos que pecado…). Agraciadamente a día de hoy sabemos que no tenemos que comportarnos como una mala bestia para poder saciar nuestra instintos más primarios. Basta con un poquito, basta con la sexualidad y con la vida instintiva que se nos permite dentro de una concepción racional de nuestra propia existencia. No es racional reprimir nuestros instintos; ni tampoco darles “rienda suelta”. La infelicidad está al lado de cada uno de eso extremos. Lo ideal es algo como lo que ya hemos dicho: usar nuestra inteligencia para controlar y moldear nuestros instintos. Además, estas personas que usan este “camino intermedio”, son siempre más atractivas ante los demás que los sosos que reprimen sus necesidades de sentirse vivos y sexualmente activos; y que los viciosos que van por ahí comportándose como una mala bestia que al final lo devora todo, hasta a su propio ser y a su propia felicidad.

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