La suerte de mi vida

Recuerdo hace unos cinco años un concierto de El Canto del Loco retransmitido por la tele. El concierto era en verano, en plena calle, si no me equivoco, el concierto pertenecía a la serie de conciertos de Rock in Río, celebrado en Madrid hace unos cuantos años. En esa época yo no podía salir ni a la puerta de la calle…

pero me empapaba de las sensaciones de todo lo que veía por la tele. En este concierto en especial, me impresionó mucho el ambiente, ese espíritu juvenil que lo impregnaba todo, esas ganas de vivir, esa fuerza de la juventud, esa sensualidad de los jóvenes que acudían al concierto, a vivir, a gritar, a temblar a los sones de las canciones de este genial grupo. la suerte de mi vidaPero lo que más me impresionó de este concierto que yo veía por la tele, es un breve parón que hizo el cantante del grupo para hacer una especie de homenaje: la homenajeada era una chica joven, una chica que tenía pensado ir al concierto, pero no pudo ir, por el hecho de que había fallecido el día antes. No dijeron de qué murió. Pero me impresionó el contraste entre tan atronadora sensación de juventud, de vida, de fiesta, por un lado; y por otro, la idea de que la muerte se metiese hasta en ese ámbito sagrado que es el ser joven, que es el sentir la vida como si fuese un inmenso espectáculo de fiesta y sensualidad. El vocalista del Canto, tras un breve discurso, le dedicó la pieza que sonaría justo después, llamada igual que este articulo

Juventud y muerte

Y es que las ideas de la juventud y de la muerte no han estado nunca demasiado alejadas. Históricamente, tanto las grandes civilizaciones como en las pequeñas tribus, parece que la juventud y la muerte fueron conceptos muy cercanos. Los mejores guerreros, los mejores hombres válidos para dar todo de sí en la batalla, eran evidentemente los más jóvenes. Un día celebraban con su tribu el orgiástico espectáculo de llegar a la vida adulta; y al día siguiente, eran muertos en plena batalla por una lanzada de uno de los miembros de la tribu rival. Parece que la juventud es en parte muerte.

En nuestra sociedad ya no tenemos guerras, no porque no tengamos enemigos, sino por que no nos atrevemos a combatirlos. Parece que la mayoría de la gente prefiere ser sometido y humillado, pero no tener que ir a la guerra, a ser peleón y guerrero para redimirnos de las ofensas de los que nos humillan.

Aun así, la muerte entre los jóvenes sigue estando presente en nuestra sociedad. El suicidio es una de las principales causas de muertes entre los jóvenes. En este blog he tratado en muchos artículos temas relacionados con el suicidio y su principal causa: la depresión. Lo cierto es que he sido muy cuidadoso a la hora de tratar estos temas, por el mero hecho de que gente conocida, amigos y algún familiar, entran a leer este blog… Si no seguro que hubiese sido mucho más duro, hubiese relatado mis propias experiencias de primera mano de forma desnuda, tal cual sucedieron. Pero por el motivo aludido es algo que no puedo hacer. Me he desahogado entrando en los foros de depresión y suicidio… ahí era un desconocido más. La vida puede merecer la pena, cuando tienes tu propia vida, cuando vives como quieres, cuando eres libre. Pero cuando tu vida es una vida miserable que no es tuya, sino una vida prestada por el diablo, es cuando uno ve perfectamente la relación entre juventud y muerte.

Romper las cadenas

En la novela para adultos con corazón de niño “La Historia Interminable” nos muestran a un montón de seres del país de la fantasía lanzándose por un abismo. En ese abismo encontrarán su fin como seres del país de la fantasía. Y es que estos seres de fantasía estaban desesperados, querían morir. Una fuerza insondable les cogía de las entrañas y les movía a lanzarse por  ese abismo mortal.

Creo que esto pasa a todos esos hombres que quieren encontrar al fin la muerte. Algo por dentro los impulsa a tirarse por un abismo. Podrían esperar un tiempo, pero algo muy fuerte hace que sea muy deseable tirarse por ese inmenso abismo para acabar al fin sus vidas. Es inexplicable, algo así como si les corriese prisa morir. Curiosamente, es entre los más jóvenes en donde las ganas de saltar por este abismo cuando tenemos una mala época se hace más fuertes. La impetuosidad de la juventud nos mueve a ser también más decididos a la hora de morir, a no querer esperar, a no querer aguantar en nuestro dolor. Y es que, los jóvenes de normal necesitamos, o bien ser felices, o bien reventar contra el suelo.

Aún no se de que murió la chica de la que he hablado al principio. Como dice la canción de Mecano “espabilémonos los que estamos vivos”. La vida es cambio, y los momentos de transición de una época a otra normalmente son dolorosos. Yo perdí el rumbo de mi vida en la transición de niño a adolescente… y aún estoy intentando reconstruir el castillo de naipes que es mi vida. Ya he resuelto muchas preguntas que me ahogaban .Curiosamente cuando casi he sabido responder a todas esas respuestas que amenazaban con batir mi esqueleto a nivel del suelo, es cuando la pesadez de la vida parece hacerse más fuerte.

Y es que llega un momento en la vida de todo verdadero hombre, en donde las preguntas y las respuestas ya no valen. Simplemente se trata de conseguir eso que queremos, se trata de conseguir tener nuestra vida, nuestra propia vida, dejar de vivir una vida que no es la nuestra. El tiempo juega en nuestra contra. Sólo merece la pena vivir para ser libre. Los que nos esclavizan con la institucionalización de su propia estupidez deben irse ya al infierno. Quizás nosotros mismos les animemos a saltar por el abismo por el que casi nos hacen caer a nosotros.

Quien sea capaz de asombrarse de la infinita radicalidad del pensamiento humano, serán capaces de entenderme, serán capaces de entender a alguien eternamente joven, eternamente niño.

El tiempo es un niño que juega…”

Heráclito

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