La vida como un juego

La esencia del Universo es puro juego. Nuestra vida también es puro juego. Nuestros problemas, en gran parte es un difícil juego que tenemos que resolver. Lo que queremos conseguir, también es el objetivo final de un juego que iniciamos. En el juego hay unas normas, una situación, un terreno de juego, unos rivales, unos objetivos, unos medios que tenemos para alcanzar estos objetivos… El juego tiende al equilibrio, lo que significa que dos contrincantes no se pueden batir si uno de ellos es mucho más fuerte que otro. Cuando hay tanta superioridad de un contrincante sobre otro en la partida de un juego, enseguida el fuerte aplasta al débil. Pero a veces, este fuerte tiene que iniciar otras confrontaciones con otros rivales que también son muy fuertes. Podemos ilustrar esto con el caso de Hitler, señor de Europa, el hombre más poderoso del continente desde Napoleón. Pero Hitler no supo esto, no supo que aunque él tenía un poder omniabarcante, dueño y señor prácticamente de medio mundo, eso desencadenaría unas fuerzas opuestas de tal calibre, que lo terminarían derrocando. Normandía fue esa primera “jugada” que terminaría con el derrocamiento de Hitler en esa espantosa partida, juego al fin y al cabo, que fue la Segunda Guerra Mundial. La guerra, como no, es el principal paradigma de lo que es un juego. Un partido de fútbol al fin y al cabo es una pacífica guerra entre 22 jugadores. Al final alguien gana y alguien pierde. Todos somos jugadores en nuestra vida. Todos queremos ganar cierta partidas. Todos queremos derrotar a ciertos adversarios. Desde el adversario con el que nos disputamos a esa chica que nos gusta. Hasta los anónimos adversarios con los que nos “enfrentamos” en una oposición. A veces nuestros principales impedimentos para ganar el juego son externos, falta de dinero, falta de medios, unos enemigos muy fuertes… pero otras veces son internos, falta de disciplina, falta de capacidad organizativa, falta de inteligencia. Comúnmente todos tenemos para ganar el juego unas cosas buenas, y otras malas. Nadie puede contar con todas las mejores armas de su parte. La vida es un juego. En este artículo hablamos de la vida como juego.

Teoría de juegos

Buena parte de los problemas y objetivos de la vida se pueden representar como teoría de juegos: el querer aprobar una oposición, el querer conseguir el amor de una chica, el querer superar la depresión, el querer mejorar la sociabilidad y tener amigos, el querer tener éxito económico, encontrar trabajo, mejorar la relación con la familia, ser más carismático, aprender a tocar el piano, tener un canal de Youtube con muchos subscriptores, sentirnos más realizados espiritualmente… Todos nuestros problemas y todos nuestros objetivos se pueden representar como un juego. Buena parte de la totalidad del conocimiento, por no decir que el 100%, tanto conocimiento de ciencias sociales como de las ciencias naturales, matemáticas, informática… se puede representar como teoría de juegos. La teoría de sistemas estudia a grandes rasgos estas “representaciones” y el equilibrio dinámico que tienen ciertos sistemas que originalmente eran sistemas de gravitación física. El Sistema Solar fue quizás el primer sistema que se representó como un juego: hay unas leyes (normas), hay un terreno de juego, hay unos actores, hay un equilibrio…. No hay personas que participen en el juego del Sistema Solar, por eso no hay exactamente un “ganador” y un perdedor. Simplemente hay lo que hay, mundos, planetas… Otros que podrían haber existido no existieron. Pero cuando aplicamos la teoría de juegos a la vida humana, parece que es inevitable hablar de ganar y de perder. Porque todos queremos cosas, todos queremos solucionar problemas, todos queremos prosperar… Curiosamente la vida sin juego es aburrida. La Unión Soviética en gran parte decidió transitar hacia el sistema capitalista, porque la gente se aburría, siempre igual, sin juego, siempre la misma monotonía, no había mercado, no había sorpresas, todo estaban “planificado” y muerto porque según los comunistas, habían encontrado ya la forma organizativa de la sociedad perfecta y por tanto el juego en que consistía el universo ya se pararía, al menos respecto a lo relacionado con los asuntos humanos. Pero ya el filósofo presocrático (los verdaderos apóstoles de occidente) Heráclito se dio cuenta que el fin del juego (de la guerra según él) coincidiría sólo con el fin del Universo. Nadie puede tener unas cartas tan buenas como para paralizarlo todo para siempre. A veces hay grandes tiranos como Stalin, como Hitler, que consiguen un dominio tan absoluto que parece que el juego social se va a parar para siempre. Pero el que maneja grandes poderes, a su vez hace despertar a grandes demonios, que permanecían como el Balrog de “El Señor de los Anillos“, dormidos, latentes… y estaban esperando a detectar un gran poder que le pudiese hacer frente para reintegrarse desde su posición latente, dormida, esparcida… y así poder tener un digno rival enfrente. Hay fuerzas dormidas tan poderosas que quizás este Universo sea simplemente una respuesta a otras fuerzas letales que surgieron en un pasado cósmico, y que fueron superadas por este Universo, exactamente igual que este Universo será superado por otras fuerzas que simplemente querrán confrontar a un rival enorme y triunfante, pero que desde estas fuerzas se detecta como degenerado, y simplemente lanza su reto, un reto desde una nueva dimensión. El juego tiene unos elementos, como los siguientes:

1. Terreno de juego. Bajemos de las estrellas a la Tierra. Si por ejemplo nosotros iniciamos el juego de encontrar pareja, entonces tenemos en esta partida un terreno de juego. Puede ser la ciudad, puede ser varias ciudades, varios sitios de la ciudad, un cine, la universidad, los amigos…

2. Tiempo de juego. El tiempo varía según el juego en cuestión. No es lo mismo querer aprobar una oposición; que querer ligarse a una chica; que querer superar la depresión. El tiempo es fundamental en el juego. En teoría militar se habla de “transformar el tiempo en territorio”, que quiere decir que si le hechas cojones y aguantas frente a un enemigo atroz, cada minuto que se aguanta eso puede significar en un futuro cercano que al devastar las envestidas del enemigo, este se queda sin fuerzas y en poco tiempo uno puede pasar de la defensa a la contraofensiva, para ahora intentar conquistar el terreno del enemigo. Aguantar es vencer, recordadlo mis queridos depresivos, mis amados tímidos, mis añorados fóbicos sociales. Aún así todos debemos de jugar con un reloj en la mano. El reloj es el único artefacto mágico que te puede traer eso que quieres.

3. Contrincantes. Ya hemos dicho que hay dos grandes tipos de “enemigos“. Los externos y los internos. Los externos son los demás, ese chico con el que nos disputamos a nuestra amada; esas personas a las que le disputamos un trabajo. Luego están nuestros enemigos internos, como pueda ser la falta de inteligencia, la falta de valor y de voluntad, etc. Todos tenemos enemigos externos, que son esas persona con las que nos disputamos algo. Pero también enemigos internos, fantasmas de nuestras propias entrañas que nos atacan sobre todo en las lúgubres noches de muerte y de desesperación, y nos animan a rendirnos, nos animan a ceder ante la locura, nos animan a abrazar a la diosa de la desidia, de la rendición, de la falta de voluntad, a la diosa del engaño sobre nosotros mismos y de la perversión de nuestro amor propio. Las persona de temperamento más introvertido destacan sobre todo por tener enemigos internos. Las personas de temperamento extrovertido suelen tener más enemigos externos. La locura es como soñar despierto, decían los hombres del siglo XIX. Y no tenían poca razón. Ella es sobre todo nuestro gran enemigo interno. La locura es una herida que se cierra con el tiempo. Hasta la esquizofrenia, paradigma intemporal de la locura, es una enfermedad de la mente que tiene como metarrepresentante orgánico a una herida real producida en el cerebro y que se puede llegar a ver con los nuevos medios que posibilita las máquinas que se basan en los avances de la física, herida que se empieza a cerrar en el mismo momento en que se abre. La locura es el colapso de la razón, un naufragio en el que quedamos en un mar eterno flotando sobre un miserable tronco de roble. Nuestros enemigos internos a veces se vencen aguantando… Otras, hay que ir a enfrentarlos, casi como si se tratasen de enemigos externos.

4. Fuerzas. Todos tenemos nuestras cosas buenas y malas. Un ejército tiene a su vez sus puntos débiles y sus puntos fuertes. En el juego amoroso en el que por ejemplo, nos disputamos a una chica con otro chico, nosotros tendremos sin duda ninguna, cosas en las que ganaremos al otro chico. Pero él tendrá sin duda ninguna cosas en las que nos ganará. A lo mejor él es más guapo, tiene más dinero, es más decidido y arriesgado… Pero nosotros somos más románticos, somos mejores conversadores, somos más detallistas, tenemos mejor cuerpo (así que él solo era más guapo de cara, pero le superaríamos en belleza del resto del cuerpo). Así, de la confrontación, puesta en escena, desarrollo estratégico y resultado de este juego de fuerzas, se produciría un resultado que acabaría con el juego… y con la chica al lado de uno de estos dos chicos.

5. Desarrollo del juego. El juego al fin y al cabo es movimiento, es estrategia, es un usar unos recursos sobre un terreno de juego y contando con unos medios, para intentar conseguir unos resultados concretos. Cada uno tiene su estrategia propia. Todo puede valer y nada puede valer. A veces la suerte es fundamental en el juego. La suerte es azar, pero los grandes estrategas parece que siempre tienen mucha “suerte”. El azar es controlable con determinados medios (algo increíble, porque el azar es tan infinitivo, que aún todos los hombres con sensibilidad para la física nos podemos impresionar ante que el inmenso azar que es el Universo adquiera contornos, formas, sea controlable por decirlo así). Al final hay un resultado, que se produce cuando el juego está acabando. A veces antes de que acaba el juego se sabe quién va a ganar. No hace falta ser muy listo para saber quién va a ganar cuando jugamos al parchís y uno de los jugadores está a sólo cinco casillas para el final, mientras los otros están todavía muy lejos. El resultado puede variar, según el juego al que hayamos jugado: superar nuestros problemas, encontrar pareja, encontrar trabajo, aprender a componer canciones, superar la timidez, tener éxito en el trabajo… O todo lo contrario, y así fracasamos en el juego. A veces podemos encontrar la forma de volver a jugar. Dicen que la vida está hecha de segundas oportunidades, y es cierto. Que nadie se desespere porque juegue y no gane. La desesperación precisamente es una de las grandes formas que suele adoptar la locura. A veces la desesperación es real, como le pasa al pobre condenado que ya tiene la cabeza metida en la guillotina y sólo espera que el verdugo suelte la cuerda para que la hoja caiga por su propio peso. Pero la mayor parte de las veces, la desesperación es locura, es irreal. 

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