La vida en la ciudad

La vida en la ciudadPor lo general todos mis amigos saben de la existencia de este blog… y deben de saberlo, porque a veces cuento cosas de cuando salgo con ellos. Aunque no les pido permiso: simplemente cuento algún día que pasé con ellos, y luego les pregunto qué les ha parecido… Ayer pasé un día en la ciudad con dos nuevos amigos. Ellos son pareja, un chico y una chica de mi edad. Podéis echar un vistazo al blog de la chica aquí, le haría ilusión que la dejaseis algún comentario.. pero OJO, sólo comentarios bienintencionados (a mi podéis darme caña si queréis…). Y digo que pasé un día en la ciudad porque soy de pueblo. Pero nunca pude encajar muy bien aquí. Desde los 14 años prácticamente no salgo de casa. Esta no es mi tierra desde hace más de una década. Para colmo este pueblo está muerto, la sensación de que vivo en un inmenso cementerio esperando que venga mi “bestia” para que me remate, mientras intento sobrevivir al dolor que me causa el estrés y la ansiedad de una atmósfera para mí venenosa, es demoledora, me pervierte y casi me hace caer a tierra. El motivo de por qué en España los pueblos no son como en Alemania (vivos, industriales, con una economía desarrollada,…) es muy complejo y no tiene poco que ver con nuestro devenir de una historia de nación naufragada desde la invasión del imperio romano, que trajeron fuego pero que no consiguieron iluminarnos: más bien todo echó a arder, y aún sigue ardiendo. La vida en un pueblo es muy distinta a la vida en la ciudad. La crisis hace que yo halla quedado aquí atrapado como si estuviese en un limbo, y como si cualquier día un juez vestido con un manto negro, fuese a llamar a mi puerta para decirme que al final puedo salir ya de este limbo. Mi nuevo destino es incierto: la vida o la muerte. Pero  la muerte no es mal destino a veces. Vivir en un pueblo para mi no fue malo; lo malo fue cuando empecé a vivir en un cementerio. En este artículo, la vida en la ciudad.

La vida en los pueblos

Hace mucho que no escribo artículos de tipo artístico en este blog: escribir una novela entera me ha dejado exhausto en ese sentido: con muchas ganas de follar; pero con pocas de escribir… Con lo modosito que parecía yo en la E.G.B y ahora estoy más salido que el palo de una escoba… Durante mucho tiempo pensé en cómo compatibilizar ese calentón con mantener cierta dignidad como humanos… Al final esquivé la trampa de Da Vinci, para el que “el sexo nos degenera como hombres”. Cuando no controlas tus impulsos es entonces en esos momentos cuando piensas que si cedemos a ellos sólo somos autómatas, y el alma en realidad es una ficción (teoría epifenoménica de la mente). Eso sintió Da Vinci, y por eso intentó darle al alma humana la dignidad que el creí que podía llegar a alcanzar. Cuando el sexo ha dejado de ser una fuente de problemas podemos ver que es divertido. Al fin y al cabo, no hemos encontrado el amor, pero al menos hemos encontrado sexo.

Los pueblos de España irónicamente se despueblan, y los viejos y ocultos desvanes ahora ya no guardan secretos de respiraciones entrecortadas y de atmósferas cargadas de licores amargos. Pero los pueblos de España fueron un día el lugar más caliente de todo el Planeta Tierra: con tantos rincones mágicos, con tantos desvanes ocultos, con tantos trasteros abandonados, con tantos patios, corrales, casas enormes, huertos ocultos, jardines secretos,… No sabéis lo que os habéis perdido los que sois de ciudad…

Pero ahora el mundo ha cambiado, y si sigo parafraseando a la peli del Señor, diría eso de “corred insensatos”… ahora aquí se fornica poco. Los pueblos de España mueren, de hecho, su muerte era el anuncio de esta “crisis”, que no es una crisis más: por primera vez en la historia nos replanteamos la criminal historia de la que hemos sido participéis, como verdugos unos, y los otros como víctimas, sí, pero también verdugos a su vez. Cuando la humareda del circo nacionalista periférico (Cataluña y País Vasco) se evapore, al fin los demás podrán ver lo que ya ven los lúcidos. Aunque no es cierto que por primera vez en nuestra historia al fin, veamos la misma cara a cara: esto ya pasó en la Segunda República, ya vieron nuestro pasado criminal, las injusticias, las guerras entre vecinos por tener intereses distintos. E incluso antes, en la constitución de 1812 ya fuimos críticos con nuestro yo nacional. O lo que es lo mismo: para la persona poco crítica todo es perfecto, vive en el mundo chachi-piruli y no ven nada malo por ningún lado; pero la persona crítica ve los problemas, vive en la realidad y de este modo es capaz de mejorar un situación que, en caso de ser ignorada, se enquistara hasta crear la corrupta gangrena que atenaza nuestras esperanzas. Esto es canónico en los texto de psicología: persona lista = persona crítica; persona con pocas luces = todo lo ve bonito.

La vida en la ciudad

Y es que la vida en la ciudad es distinta a la vida en los pueblos. De alguna manera, el pueblo y la ciudad corresponden un poco a las dos grandes categorías en las que se dividía la realidad según Descartes: el mundo de la materia y el mundo del espíritu.

1. El mundo de la materia es el mundo de la ciudad, en donde nuestra fogosidad más exultante tiene vía libre, donde el placer se basa en la carne, en la materia, en disfrutar comiendo en un Burguer, en disfrutar hiendo a la disco para bailar con las mujeres, en disfrutar comprando y luego disfrutando de esas compras, en disfrutar con la demás gente, alejándonos así un poco de nuestro yo más íntimo.

2. El mundo del espíritu es el mundo del pueblo, del entorno rural, en donde nos podemos reconciliar con nuestro propio yo, en donde es más fácil estar solos que estar con gente, en donde los placeres son los largos paseos por el campo al anochecer, las tardes de invierno sentados en un diván al lado del brasero, leyendo un libro, en donde hasta la comida tiene como función secundaria la de alimentar y el hacernos disfrutar con su materialidad: la comida rural siempre ha tenido ese algo de ancestralidad, como si con esos sabores extraños nos trasladásemos hasta épocas muy atrás, pudiendo ver así el mundo desde una perspectiva atemporal.

¿Mejor el pueblo o la ciudad?

Lo cierto es que yo propiamente tengo empacho de la “espiritualidad del pueblo” y ahora mismo necesito vicio… Quizás con el tiempo pueda volver a apreciar tanto como antes la profunda espiritualidad de las rurales atmósferas de los moribundos pueblos de España. Joder, yo soy un tío espiritual, pero no pretendía ser un zombie en un cementerio. Y para terminar, no puedo por menos de dar una lista de las cosas que hice ayer en mi día en la ciudad, pidiendo que San Pancracio me perdone por mis materiales pecados…

1. Conduje durante el trayecto, cuando conduzco entre otros coches fuera de mi cementerio siento que escapo de algo que ya no aguanto.

2. Después llegué a una tienda de electrodomésticos para mirar un ebook. La sensación de entrar en esa tienda, llena de gente moderna, de ciudad, bien vestidos, con dependientes que te tocan los huevos todo el rato diciéndote “¿Quería algo?” es un aire fresco de ciudad que me da vida y me hace disfrutar.

3. Luego llamé por el móvil, un artefacto muy de ciudad, y llamé a mis dos amigos de los que he hablado arriba, porque no los encontraba… Me sentí vivo en esa llamada, y luego, cuando al fin los encontré: yo parecía un hombre que seguía aún vivo fuera de un cementerio. Y la gente nos miraba, y no pensaba que yo fuese un muerto que vivo en las sombras. Simplemente pensaba seguro que yo era un tío normal de una ciudad normal en un país normal. Se equivocaban en todo. Pero la ilusión alimenta nuestra esperanza de un mañana en donde dejaremos de ser no-muertos.

4. Luego trasteé con el ebook que iba a mirar Le pregunté al dependiente unas cuantas cosas sobre el mismo, mientras mis dos amigos daban vueltas por el establecimiento.

5. Luego fuimos a uno de esos enormes centros comerciales que tienen de todo, tiendas, bares,… Yo me sentía un hombre de ciudad mientras paseaba al lado de mis amigos entre la gente del centro comercial. Al final entremos en una tienda de comida rápida, y yo casi lloro al ver que estaba en un lugar vivo.

6. Después le estuve mirando el culo a una clienta de la tienda de comida rápida que estaba pidiendo en la barra. Tenía un culto bonito. Después, cuando esta chica se sentó para comer lo que había pedido, como estaba sola oyó la conversación que tuve con mis amigos, seguro que pensando “qué hombre más interesante”. Pero seguro que no sabía que yo era un zombie que vivía en un cementerio y que la acababa de mirar el culo poco antes, cuando hacía su pedido…

7. Y después me despedí de mis amigos y regresé a mi cementerio. Abrí la puerta de mi nicho y me introduje en él. La sensación de quitarme un peso de encima al salir de casa; y volvérmelo a poner al llegar, es indescriptible. El ahogo vuelve, el estrés, la ansiedad, la depresión.

Los patriotas de la traición ondean distintas banderas.

El fuego siempre está dispuesto a revivir su crepitar

Los hombres patriotas gritan y ondean sus banderas

Pero estas empiezan a arder e incendian a los patriotas.

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