Las distintas fases de una relación sexual

El ginecólogo William Masters y la que fue luego su esposa, Virginia Johnson investigaron las distintas fases en las que se dividía una relación sexual entre un hombre y una mujer. Así, distinguieron cuatro fases en las relaciones sexuales, con sus características propias: excitación, meseta, orgasmo y resolución. De alguna manera, es un poco como trepar a una montaña: empezamos desde el llano, y poco a poco vamos calentándonos, o sea, subiendo por la ladera de la montaña, hasta que estamos tan altos que, sin darnos casi cuenta hemos llegado a una meseta a gran altura. Andamos un rato a través de la meseta, hasta que, de repente, el terreno se empieza a elevar, y nosotros trepamos a una velocidad endiablada por un pico casi empinado… Es el orgasmo. Al llegar arriba del pico empinado… viene un abismo, por el que caemos en cuestión de segundos hasta que llegamos al llano desde el que partimos. Ahora estamos otra vez en el llano originario… pero hemos atravesado toda una montaña: una montaña que es una relación sexual entre un hombre y una mujer (u otra combinación posible, a gusto de cada cual…). En este artículo, las distintas fases de una relación sexual.

El pecado de la sexualidad

Durante mucho tiempo se consideró a la sexualidad humana como un “pecado”… El placer desenfrenado de una relación sexual, su pérdida de control, su sensación de goce físico, y su impulso un tanto animal, hizo sospechar a los pensadores cristianos que las relaciones sexuales podían tener mucho de diabólico. Al fin y al cabo, el sexo era una manifestación de placer ligado al cuerpo, y el cuerpo siempre fue un elemento sospechoso entre la religión de la cruz.

Pero lo cierto es que tener una vida sexual plena y satisfactoria, con relaciones sexuales que pasen por cada una de las 4 fases que vamos a analizar, es fundamental para poder tener también un alma sano y sublime… No podemos distinguir el cuerpo y el alma hasta las cotas que querían los pensadores de otros tiempos. El cuerpo y el alma pueden ser dos cosas distintas, pero no hay duda de que, en este lado del Universo, tienen ambos una compenetración profunda.

las distintas fases de una relación sexualY así, no tener una vida sexual plena, no experimentar ese goce que es la relación sexual, con sus fases, puede ser una extraordinaria forma, tanto entre hombres como entre mujeres, de causarse algún trastorno psíquico de cierta gravedad, como alguna neurosis y trastornos nerviosos varios. De alguna manera, parece que no sirve para nada pasar esa montaña de la sexualidad humana: volvemos al mismo sitio tras atravesarla… aunque hallamos dejado por ahí algún gusanito que hará su trabajo… Pero a parte de eso, parece que podríamos sustituir las relaciones sexuales por probetas y jeringas…

Pero esa montaña que es una relación sexual es algo más que un destino. No es lo que importa el destino, si no el camino. Aunque a lo largo de la relación sexual, hallamos vuelto al punto exacto de origen, el recorrido realizado es lo que de verdad cuenta, y este recorrido es fundamental para sentiros a gusto como hombres o como mujeres, para poder ser más felices en este mundo, además de evitar esos problemas psicológicos asociados a la falta de sexo, que hace que nuestra alma se resienta considerablemente de una abstinencia sexual que, lejos de ser virtud (salvo en ciertos casos… en donde queremos encontrarnos a nosotros mismos por medio de inducción de misticismo a base de calentón… técnica practicada por todas las religiones, y por casi todas las personas más profundas, que practican por ciertos periodos de tiempo la castidad para conocerse mejor…), decía, lejos de ser virtud…(uso los paréntesis en exceso…), es un camino seguro hacia el boicot de nuestra esencia como animales.

Fases de una relación sexual

1. Fase de excitación. En esta fase es cuando nos empezamos a poner cachondos… Las mujeres requieren algo más de confianza para iniciar esta fase; en cambio, en los hombres puede ser algo más automático. De cualquier forma, la expectativa de sexo cercano hace que nos empecemos a excitar. Psicológicamente esta es una fase muy placentera: esa promesa de sexo cercano hace que entremos en ese típico “cachondeo precoital”… una fase en donde estamos llenos de alegría, de confianza en el futuro, y en general, una fase en donde nos llenamos de optimismo y de ganas de vivir el momento. Como decimos, este “cachondeo precoital” afecta tanto a la chica como al chico… Ambos se besan, se abrazan, hacen bromas, que, aunque no tengan nada de gracia, el ánimo elevado del momento hace que ambos las rían con muchas ganas… Así, la excitación va creciendo más y más, hasta que llega un momento en el que parece que nuestra parejita de chico y chica se van a derretir de puro goce…

2. Fase de meseta. Empieza cuando la fase de excitación llega a su punto máximo. Estamos en la meseta de nuestra montaña… el punto exacto en el que alcanzamos la meseta, no se puede determinar: en algunas relaciones sexuales es justo al poco de encontrarnos con esa chica con la que tenemos planeado… Y en otros casos, la fase de excitación va creciendo hasta que terminamos de desnudarnos y desnudar completamente a la chica… este suele ser el punto de excitación máxima, en donde el calentón ya no puede más que mantenerse… El mantenimiento de este calentón durante muchos minutos, hasta horas a veces… hace que terminemos por entrar en una fase en donde literalmente, nos hemos cansados de estar tan calientes, nos hemos cansado de una reacción de nuestra fisiología tan potente. Todo nuestro cuerpo se está viendo afectado por la excitación: nuestro corazón bombea más rápido (los infartados le tienen a veces pánico a las relaciones sexuales); la sangre da un color rojizo a nuestro cuerpo; las venas se nos hinchan; el cuerpo experimenta reacciones que puede que hagan que nuestro cuerpo entero empiece a temblar de pura excitación; los genitales por supuesto, también se preparan para este momento. Ellos son la estrella de todo este espectáculo fisiológico-psicológico: el pene masculino se pone duro; el escroto aprisiona los testículos, y los lleva a la parte alta; la vagina femenina se expande, sus labios se abren y su clítoris aumenta de tamaño. De este modo, el cuerpo está gozando… pero también realizando un gran trabajo, con lo que terminaos al final de la fase de meseta de llegar a ese momento en donde decimos “ya no puedo más”.

3. Orgasmo. El orgasmo es el pico de nuestra montaña… La excitación sube de golpe, hasta que parece que vemos las estrellas… pero sólo durante unos segundos, para a continuación, caer por un abismo. Pero en la mujer esta caída no es tan fuerte, podríamos decir que se sujeta a alguna rama en medio del abismo, pudiendo mantener aún deseo sexual después del orgasmo. En los hombres, el orgasmo normalmente acaba temporalmente y en cuestión de segundos con el deseo sexual. Pero en pocos segundos, el hombre también puede empezar a recuperar las ganas… aunque poco a poco. Pero entre los hombres con menos deseo sexual, es posible que ya no se recuperen hasta dentro de uno o dos días… Por lo demás, las reacciones en los orgasmos son de lo más variadas: los hombres normalmente ponen cara de muñeca inchable… Las mujeres son más estéticas, y gimen, lloran, ríen,… de puro placer.

4. Fase de resolución. Pues es cuando todo acaba. La biología de nuestro cuerpo retorna a su estado original. Es común que nos entre ganas de dormir… o de jugar a la Play Station… Y es que… estamos tan relajados, que sentimos que ahora sí, podemos volver a nuestra vida cotidiana, a nuestras labores del día a día, pero ahora en un estado de relajación máxima, sin estrés, sin ansiedad, sin un calentón muy serio encima…

Conclusión sobre las fases de una relación sexual

Al día siguiente de este polvo categórico…, podremos experimentar como nunca los benéficos psicológicos que tiene pasar por la montaña de una relación sexual. De alguna manera, uno se levanta de otra forma, cuando se mira al espejo se ve más guapo, parece que hasta el nuevo día nos pone su mejor cara,… Los hombres que creen que el alma es lo verdaderamente importante, terminan siendo esclavos de sus propios cuerpos.

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