Lo que he aprendido sobre el amor (miniserie 3 grandes lecciones de la vida 1 de 3)

Empiezo aquí una miniserie que constará de 3 artículos, con la temática relacionada de grandes lecciones que he aprendido sobre la vida. En este primer artículo hablamos de la primera de estas grandes lecciones que me ha dado la vida, referente a lo que he aprendido sobre el amor. Ya adelantamos los otros 2 artículos que completan la miniserie:

2. Lo que he aprendido sobre el ligar

3. Lo que he aprendido sobre la felicidad

En este primer artículo de nuestra primera miniserie, hablamos de lo que he aprendido sobre el amor. Quizás mucho tiempo ha pasado desde que me ligué a la primera chica con unos 8 o 10 años… era una vecina mía, y lo que pasó sólo lo he contado en mi libro “de Poco Sociable a Seductor” en apenas 100 palabras que no repetiré aquí por ser material exclusivo de dicho libro. Empecé joven en el amor, y todo apuntaba a que yo, un tío interesante, sensible, decidido por entonces… iba a arrasar de pleno en el mundo amoroso, y que iba a dejar un montón de corazones rotos por el camino… Desgraciadamente no fue así, la timidez extrema y la fobia social entraron de lleno en mi vida, y eso retrasó mucho tiempo mi entrada definitiva en el mundo del amor y las relaciones. Pero creo que cuando somos muy jóvenes, es normal que todos seamos de media más tímidos y que tengamos menos confianza. En ese periodo de maduración, yo ya iba mirando a las mujeres, viendo quien de ellas era interesante, quien no…

En lo primero que se fija uno es en el físico, una cara bonita o un culo bonito es lo primero que te entra por los ojos. Aún recuerdo el impacto que me produjo pasar del colegio de mi pequeña villa, al instituto de educación secundaria de Peñaranda de Bracamonte. Era increíble, yo había visto mujeres… pero pocas como aquellas, y nunca tanta cantidad: el instituto estaba lleno de tías buenas que usaban pantalones ajustados y que dejaban ver unos encantos que dispararon de lleno mis hormonas. Pero yo era demasiado tímido como para poder conseguir algo con aquellas mujeres de impresión…

Pero aún así, yo fantaseaba, fantaseaba con alguna de mis compañeras de clase. Fantaseaba con que yo me ligaba a mi compañera, y que empezábamos a salir… supongo que los sueños como decía Freud es una forma de conseguir alucionatoriamente eso que no podemos conseguir en el mundo real. Los años de instituto pasaban, y yo seguía con una inseguridad a la hora de tratar con los demás, tanto hombres como mujeres, que hacía que el sueño de vivir y de entender el amor se antojase como un horizonte muy lejano. Al final llegó el bachillerato… y yo tuve la suerte de terminar en una clase en donde había un montón de tías, que además, estaban buenas casi todas, menos 2 o 3 que no me decían nada, las demás me ponían como un caballo en celo… Eso eran muchas mujeres, unas 14 o 15. Las recuerdo a todas bastante bien. Quizás mis dos mejores amigas eran una que se llamaba Cristina; y otra chica morena que insistía mucho en hablar conmigo. Desgraciadamente no soy capaz de recordar el nombre de esta segunda chica… era morenita, bajita, no demasiado atractiva físicamente a primera vista… pero enormemente atractiva de carácter. Creo que a día de hoy yo hubiese pedido salir a esta segunda chica morena y normalita de físico, pero con un carácter que encajaba muy bien conmigo… Luego estaba Cristina… tenía novio pero creo que nos gustábamos. Ella sabía que yo en secreto estaba enamorado de Xandra, una chica muy tímida, pero yo por algún motivo me tiendo a enamorar de las tímidas… Pero entre que yo era tímido, y que Xandra era tímida… no lleguemos a intercambiar una sola palabra en los dos años del bachillerato… ella un día me saludó al entrar en clase cuando estaba yo solo, yo me quedé tan cortado que no fui capaz de devolverla el saludo… con lo que sólo pude decir para mis adentros eso de “tierra trágame”.

Me enamoré mucho de Xandra. Con el tiempo te das cuenta que esa mujer tan tímida e insegura no me convenía… y a día de hoy no me gusta nada cuando la recuerdo. Pero sí me gustan Cristina y la chica morena cuyo nombre no recuerdo… parece que el amor es ciego, incluso puede hacerte elegir a una mujer que no te conviene en perjuicio de otras mujeres que te convienen más, pues a mí sin duda me convenían mucho la extrovertida y confiada (y buenorra, por qué no decirlo…) Cristina; y la no menos extrovertida y confiada, pero algo más tranquila (aunque estuviese menos buena) chica morena cuyo nombre no recuerdo… También recuerdo a un montón de chicas más del bachillerato… casi todas estaban buenas y casi todas me gustaban, pero creo que ya entonces entendí que no era suficiente con que una mujer estuviese buena y que te gustase para que te enamorases de ella. Más bien hacía falta esa otra cosa, esa fuerte conexión emocional que hace que te sientas enormemente a gusto cuando estás sentado al lado de ese alguien especial, y cuando estás hablando con ese alguien especial. Creo que las dos cosas que nos hacen darnos cuenta de que alguien nos gusta tanto que a lo mejor llegará el amor son precisamente estas dos: 1. cuando hablas con ese alguien y te sientes muy cómplice de ese alguien; y 2. cuando estás sentado en silencio al lado de ese alguien y te encuentras enormemente a gusto.

Después del instituto, llegó en parte mi gran debacle social… No quiero recordarlo, hoy no es un buen día para mí, muchos recuerdos, muchos lamentos… Pero con el tiempo, como ya saben los lectores, yo me preparé y al final, me animé a ir saliendo poco a poco, después de muchos años de encierro causados por mi fobia social. Y entonces mi vida amorosa entró en una tercera fase, en la que me encuentro ahora mismo (la primrea fase estuvo marcada por mi tempranero ligue de mi propia vecina… la segunda fase fue la fase del instituto). En esta tercera fase es donde más he aprendido del amor. Pero sobre todo, es ahora, en esta tercera fase, cuando verdaderamente puedo llegar a cumplir uno de los grande sueños de mi vida: fo… o sea, enamorarme, vivir el amor, vivir la experiencia de amar a alguien, de poder estar con alguien del sexo contrario a la que quieres y que te quiere.

Es a día de hoy cuando estoy de lleno en esta tercera fase, como digo. Mi inexperiencia me ha hecho cometer muchos errores. Pero poco a poco empiezo a entender bien lo que es el amor, su relación con la sexualidad, los vínculos que se crean en una pareja, lo que nos hace enamorarnos, y lo subjetivo que es el enamoramiento. Repasando estos 4 grandes puntos, termino el artículo con esta lección que he aprendido sobre el amor.

1. ¿Qué es el amor? De alguna manera, el amor es un sentimiento que crea la naturaleza en nosotros como una forma de que nos centremos en una mujer (u hombre) concreto para así no desperdigar demasiado nuestros esfuerzos en post de la reproducción de la especie. Se trata de hacer poco y bien antes que mucho y mal. Pero además, el amor tiene otras funciones además de la reproductiva. En el amor encontramos compañía, encontramos diversión, encontramos consuelo, encontramos un psicólogo que siempre está ahí para apoyarnos y ayudarnos con nuestros problemas…

2. ¿Qué relación tiene el amor con la sexualidad? Los hombres jóvenes por lo general, buscan sexo por encima del amor… eso es debido a que les hierven las hormonas, y necesitan meterla donde sea y ya… Las mujeres a veces tienen también esos calentones oportunos que las hacen buscar sexo por sexo, pero ellas de normal tienen una libido distinta a la del hombre, y ellas necesitan por lo general, sentir que quieren a un hombre para poder gozar verdaderamente de la sexualidad. Según maduran los hombres, es normal que ellos cada vez vallan apreciando más el sexo con amor, y llegará un momento en donde estos crean que las sensaciones que se sienten en el sexo con amor son incomparables. Al fin y al cabo, el sexo sin amor es tan frío… terminas, y cada uno se va por su lado… Con el tiempo los hombres también necesitamos sentir esa compenetración que solo sienten los enamorados. De hecho, creo que yo con mi tempranero ligue de 8 años, ya sentí esa sensación de querer a alguien y de saber que alguien te quiere… por lo que los hombres no necesitamos esperar a “madurar” para poder comprometernos con alguien y sentir las inigualables sensaciones que es el sexo con amor. Eso sí: cuando nos hierven las hormonas, los hombres a veces tendemos a desplazar el sentimiento amoroso por el sexual, y eso nos puede causar la ilusión de creer que no nos llenará más que una mujer detrás de otra… es un ilusión, como la que tenemos cuando tenemos mucha sed, y creemos que aunque nos encontrásemos un mar eterno lleno de agua dulce, ni siquiera el bebérnosla toda nos saciaría nuestra sensación de sed.. Pero al final, un par de vasos de agua te sacian completamente la sed.

3. ¿Cómo son los vínculos que se crean en una pareja? Lo primero que suele surgir entre un hombre y una mujer es una amistad. A todos nos ha pasado que hemos tenido un amigo con el que encajábamos tan bien y a cuyo lado nos sentíamos tan a gusto, que no nos queríamos separar ni un solo segundo de su lado. Cuando este amigo es del sexo contrario, o sea, nos atrae sexualmente, entonces es muy probable que al menos, por nuestra parte, queramos “algo más”. Para poco sirve la atracción física si no hay atracción psicológica y espiritual. Supongo que son tres niveles: a. lo físico; b. lo psicológico, y c. lo espiritual. El primer nivel a. se agota enseguida si no se apoya en al menos la existencia de un nivel b. psicológico. Todos nos hemos encontrado con tías que están muy buenas pero que no nos atrae su carácter. Y al final nos quedábamos con esa chica que estaba menos buena pero que tenía un carácter que nos atraía más. Irónicamente, el morbo que proporciona una empatía psicológica es superior al morbo que proporciona tener unas curvas o un físico de escándalo. La empatía y el vínculo psicológico es el fundamental. Si el físico nos proporciona uno o dos días de sexo descontrolado y apasionado, pero la diversión se acaba cuando vemos que ese bombón no tiene nada en la cabeza, el vínculo psicológico nos proporciona al menos un par de años de amor y de enamoramiento. Luego está el vínculo espiritual, que puede hacer durar el amor y el enamoramiento hasta la friolera de 20 años… o incluso de toda una vida. Este último vínculo sólo lo alcanzan el 10% de las parejas, pero te puede hacer feliz durante toda una vida, pues habremos vivido toda una vida en el amor. Por lo demás, la sensación se sentirse vinculado a alguien que nos atrae psicológica o espiritualmente, es inigualable, el sentir que siempre hay alguien al otro lado que es nuestra otra parte. Así los problemas de la vida casi se desvanecen; y las alegrías alcanzan un nivel mucho más alto. La atracción y el vínculo físico es superficial, más teniendo en cuenta que el hecho de que una mujer tenga el culo un poco más gordo no significa más morbo en el sexo que el trasero normalito de una mujer que nos seduce con su personalidad.

4. ¿Es subjetivo el enamoramiento? Digamos que todos nosotros tenemos nuestros gustos. Esto es un poco como la música, a cada uno le gusta mucho un grupo; y a lo mejor no le gusta nada otro grupo que a otro le encanta. A mi por ejemplo me gustan los grupos Amaral, Héroes del Silencio, Nightwish, The Cranberries, Manolo García… pero habrá gente que no le guste nada esos grupos y a lo mejor le gustan grupos o cantantes que yo detesto, del tipo de Pitbull, Bisbal, Chenoa o Lady Gaga… Digamos que por nuestra biología y su psicología asociada, todos tenemos nuestros intereses distintos. En el amor no es esto distinto, y simplemente todos tenemos tanto nuestros fans; como nuestros ídolos. No se puede gustar a todo el mundo, simplemente a cada uno le puede convenir una cosa distinta, por eso y aunque, nuestros genes puedan ser compatibles con los de cualquier hembra o macho del género humano, eso no significa que nos podamos enamorar de todo el mundo, porque simplemente no nos conviene todo el mundo. Yo por ejemplo calculo que por mi personalidad me puedo llegar a enamorar como mucho de 1 de cada 4 mujeres. Las otras 3 de cada 4, simplemente no son mujeres que me atraigan por personalidad y por forma de ser. Lo positivo de esto es que suele ser también al revés: yo siempre causo más sensación entre mujeres que me gustan en mayor o menor medida ellas a mí. Sí es cierto que creo que he atraído (con poca humildad…) a mujeres que ellas a mi no me interesaban. Por lo que el amor es subjetivo, y no simétrico, se puede gustar mucho y no gustarte la otra parte nada a ti. O al revés, alguien te puede gustar mucho pero tener la desgracia de no ser correspondido. Ese es otro tema que ya no tratamos, el mal de amores y el no ser correspondido… solo decir a todos estos disgustados del amor, que es una tontería llorar por una mujer, cuando este mundo nos da la oportunidad de poder gemir con muchas… mujeres que amaremos, desde luego.

Siguiente artículo de la serie:

Lo que he aprendido sobre el ligar (miniserie 3 grandes lecciones de la vida 2 de 3)

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