Lo que nos hace enamorar a los hombres y a las mujeres

La humanidad está drásticamente escindida: hay hombres más altos, más listos, más guapos, con más sentido del humor, más idealistas, más pasotas, con más inteligencia, con más estilo… Y digo hombres… porque entre los hombres esa escisión es mayor. Las mujeres son casi todas monas, listas, divertidas, encantadoras, agradables,… Pero entre los hombres se da una mayor asimetría a la hora de distribuir los rasgos que podríamos llamar “virtud”. Si encima le añadimos a esto que suelen ser los hombres los pilares básicos de una relación de parejas (habrá quien me acuse de machismo, pero esto en parte se trata de un hecho biológico, cuando digo “pilares básicos”, me refiero a que a los hombres les gusta mandar, y a las mujeres que ellos decidan por ellas… eso sí, que decidan lo que ellas quieren…), podemos empezar a entender por qué las mujeres son tan reacias a abandonar al que es su actual pareja, en beneficio de ese hombre que la ha gustado más. Las mujeres toman sus decisiones muy lentamente, y si cambian de pareceres, será otra vez muy lentamente. Nadie escapa de cometer a veces locuras, pero en las mujeres son raras… Porque en sus instintos mismos está alojada la marca del Kaos, la marca del desorden generalizado del mismísimo Universo. Y saben que si han conseguido estabilidad, que si han conseguido una pareja adecuada, un hogar adecuado, una vida decente, todo eso puede fácilmente echarse a perder en el remolino destructivo que es el devenir del Kaos. Los hombres, en cambio, somos más proclives a aceptar el Kaos y todas sus consecuencias. Y por eso, los hombres tendemos a ser más radicales: no nos importa tanto la estabilidad del momento presente como el echo de que el futuro sea aún más grande, más hermoso, más profundo, en el fondo, más radical.

Por eso los hombres nos hemos escindido: a diferencia de las mujeres, intentemos tener todo a cambio de arriesgar nuestro propio futuro. Y la competencia por el Todo fue tan dura entre los hombres, que terminemos por generar una fuerte asimetría entre nosotros. Al final, nos escindimos en dos grandes grupos: los radicales libres; y los hedonistas pasotas. Pero eso sí, con un gran espacio intermedio entre estos dos grandes grupos, cuyas características no hace falta explicar por ser evidentes… En este artículo, te explicamos lo que nos hace enamorar a los hombres y a las mujeres. .

El placer de convivir con grandes amantes

Si estamos de acuerdo en que las riendas de una relación las suele llevar el hombre (si alguna fémina no está de acuerdo, tiene un espacio debajo para replicar…, yo no borro los comentarios que no me gustan) es evidente que la clave de el buen funcionamiento de una pareja está en que ese hombre sea un buen conductor de carruajesLo que nos hace enamorar a los hombres y a las mujeres Y eso es lo que busca una mujer: un buen guía de su corazón, de su cuerpo, de su alma… A las mujeres les gustan que elijan los hombres, pero lo repito otra vez, lo que ellas quieren, quieren que elijan los hombres lo que ellas quieren hacer… No confundir esto con la típica relación entre una mujer y un calzonazos… en donde la mujer está constantemente dándole órdenes al “hombre” para que haga lo que ella quiere que haga… En las grandes parejas, hay una compenetración total entre el hombre y la mujer: han llegado a la fusión de almas, el hombre suele decir “vamos al cine…” o lo que sea, pero en el fondo, es lo que quería hacer la mujer, y también el hombre en el fondo, porque los grandes hombres se estremecen contemplando los rostros de pasión de las mujeres.

Toda mujer busca su príncipe azul. En el fondo, un moderno príncipe azul es un hombre que, manteniendo una autonomía completa, gobierna un tanto una relación sentimental intentando llevar los rostros de su pareja al extremo de que casi derrame lágrimas de felicidad de sorpresa, de pasión. Un hombre que sin previa advertencia, llega a casa y le dice a su mujer que haga las maletas… pues parten ambos hacia un romántico viaje para recorrer las ciudades más hermosas de centroeuropa… es un poco lo que entienden las mujeres por príncipe azul.

Por supuesto que a las mujeres también se les exige mucho en una relación: que sean siempre pasionales, que sean delicadas, siempre de buen humor (salvo esos pequeños momentos de rebote..), tierna, siempre hermosa y sonriente… Y por supuesto, siempre con algo en la cabeza… La inteligencia hace a las mujeres mucho más sexys… Sin darme cuenta, al final ya me he dado cuenta de que yo mismo suelo fijarme más en las mujeres que tienen gafas… Y es que, dicen los psicólogos que las personas que usan gafas son de media más inteligente que el común de los mortales… Así que, seas hombre o mujer, debes de aprender a jugar con ese extraño “complemento” que son las gafas: por ejemplo, lleva a veces lentillas, y aparece un día sin previo aviso con gafas… impresionarás a todos. Aunque es recomendable que, en día de fiestas importante lleves lentillas; y en días más comunes, de diario por decirlo así, lleves gafas. Acostúmbrate un tanto a este cambio de complemento según el momento. Esto hace romper corazones…

Enamorar con inteligencia

La inteligencia enamora como pocas cosas, pero sobre todo la inteligencia emocional. Al final ya ha quedado bastante visto para sentencia ese viejo juicio que había surgido en el tribunal de la psicología: ¿ser más inteligente te hace menos feliz? Lo cierto es que en algunos casos, desarrollar cotas muy altas de cociente intelectual puede hacer que flaquee tu inteligencia emocional, parece un poco como si una excluyera a la otra. Y esto no tiene poco que ver con la mayor tasa de timidez que tienden a demostrar las personas inteligentes… Y cultivar la inteligencia emocional, no puede por menos que hacernos más felices. Las personas más felices del mundo son las que tienen una buena dosis  de inteligencia emocional. Y en el fondo, la inteligencia emocional se demuestra en el trato con los demás: con los amigos, con la familia, con las parejas… Así que a partir de ahora, tanto hombres como mujeres, ha llegado el momento de cultivar nuestra inteligencia emocional y nuestras habilidades sociales. Es lo que más felices nos puede hacer en este mundo. Y por supuesto, es la principal virtud que hará que los demás se enamoren de nosotros… Aprendamos a enamorar: aprendamos a socializar.

La escisión del mundo

El mundo está irremediablemente escindido. Nos lo dijo Descartes en los inicios de la modernidad. Y nos lo dijo en los inicios de la modernidad por el mero echo de que la propia modernidad tiene mucho que ver con el darnos cuenta de la escisión del mundo. En la Edad Media, se creía que detrás de toda la materia, detrás de todo el grosero amontonamiento de cuerpos de este mundo, había algo que  en el fondo, era la auténtica realidad: el espíritu. Por tanto, los hombres y mujeres medievales creían que la materia no era nada, que en realidad, los cuerpos no importaban. Lo importante era el espíritu. Esto no tiene poco que ver con el tremendo descuido de los europeos de la Edad Media respecto a la higiene y cuidado del cuerpo: cuando llegaron los españoles a América, algunas tribus con las que se encontraron los asimilaron a bestias hediondas… Nunca habían visto a un animal tan sucio como aquellos primeros occidentales. De echo, los europeos de la Edad Media eran de las criaturas con una higiene más laxa de toda la historia de la vida en la tierra…. Y esto era así debido a esta creencia: que el cuerpo no importa, que lo que importa es sólo el alma…

Pero en la modernidad esto toma un giro decisivo: la modernidad (desde el año 1500 hasta la revolución industrial, sobre finales del siglo XVIII) se caracteriza por un gran factor: los reinos terminan con los antiguos feudos. Y ahora es cuando nace el estado moderno (España nace casi exactamente coincidiendo con los inicios de la modernidad, uno de los primeros estados modernos) Y esto tiene una gran consecuencia: surgen unos monstruosos imperios, con una fuerza que no se había visto desde imperios como el mongol o el romano. Y esto propicia a su vez la edad de los descubrimientos de nuevas tierras… Pero claro, para poder ir a América se necesita darle un lavado de cara a la tecnología… Y es ahora cuando, la  ingeniería de Europa empieza a despuntar, porque se necesitan mejores barcos, porque se necesitan mejores armas de combate, porque se necesitan mejores herramientas para orientarse… Y claro… ponerle unos cirios a Santa Rita para que nos guíe hacia esa isla de la que dependemos para no morir en un barco en medio del mar muertos de hambre… no funcionaba… Por eso, así con la modernidad, los europeos tienen que renunciar a creer que lo importante es el espíritu… Ahora es evidente de que, por ejemplo, la materia que forma una miserable brújula, puede ser verdaderamente lo que nos salve. Por eso, porque occidente necesitaba la máquina, el cuerpo, por eso mismo, los europeos tuvieron que dejar de ser cristianos.

El amor y la belleza

Y entonces, Europa se dividió en dos: en materia y espíritu. El hombre y la mujer también. El espíritu no muere. Simplemente tiene que ceder la mitad de su territorio a la materia. Y resulta, que ahora somos dos: un cuerpo y un alma. Y resulta también… que enamoramos con estas dos cosas, con el cuerpo y con el alma… En el fondo podemos recordar esa genial expresión de Ryle, que hacía referencia a la composición dualista del hombre moderno como “el fantasma en la máquina”. O sea, tenemos un cuerpo que es nuestra máquina. Pero no una máquina muerta sin vida, sino una máquina que es completamente atravesada por el fantasma de nuestro alma. Y hasta el día de hoy hemos seguido con esa estéril polémica sobre lo que enamora de un hombre o una mujer: el cuerpo o el alma.

Pero lo cierto es que el cuerpo está atravesado por nuestro fantasmal espíritu hasta tal límite, que un alma potente puede llegar a modificar completamente la percepción que tienen los demás sobe el cuerpo que atraviesa dicho alma: parece que tener un gran espíritu puede llegar a modificar tu cuerpo, hasta el punto de que, tras haber demostrado un gran carácter, la gente te empieza a ver como más atractiva físicamente. Es un poco como si, el alma controlase a la máquina de nuestro cuerpo, hasta el punto de que se termina apropiando de la materia de nuestra máquina orgánica. Mil veces ya me ha pasado: conozco una chica que me encanta… me parece preciosa, bonita, la mujer más hermosa posible… Pero cuando veo que flaquea de espíritu… es un poco como si se evaporase su belleza física… Y también: una mueca en la cara; un rasgo especial en los ojos, un forma especial en la punta de la nariz… hace que de alguna manera, esa carne que es la portadora de la esencia de la máquina, nos haga prometer que está habitada  y controlada por todo un superespíritu.. Cuantas veces no hemos creído ver a un alma afín a nosotros en unos ojos con una fuerza que nos paraliza…

15 razones para que nos amen

1. Porque cuidamos nuestro cuerpo con ejercicio al menos 4 veces por semana; y nuestra alma con ejercicio para la cabeza al menos una hora al día.

2. Porque vestimos bien, somos elegantes, y adaptamos nuestro vestuario a las distintas situaciones.

3. Porque cuidamos esos pequeños detalles: las fechas, los recuerdos, las normas de cortesía,…

4. Porque le hemos dedicado buena parte de nuestra vida a cumplir nuestro gran sueño.

5. Porque somos sociables, y tenemos una gran capacidad de tratar con los demás.

6. Porque estamos comprometidos con el futuro por medido de una ideología humanista y peleona.

7. Porque nunca nos ponemos delante de la pantalla a mirar películas o el fútbol durante horas…

8. Porque siempre tenemos algo interesante que hacer, sea dentro de casa, o fuera.

9. Porque manejamos bien los sentimientos: siempre sabemos entender esas sonrisas especiales…

10. Porque pensamos más en los demás que en nosotros mismos.

11. Porque somos tíos y tías duras, que aunque podemos sincerarnos, nos guardamos los problemas para nosotros…

12. Porque le ponemos al “al mal tiempo buena cara”.

13. Porque sólo sacamos el carácter en esos contados momentos en donde nos han ofendido gravemente.

14. Porque tenemos una vida interesante, con muchas aficiones y muchos proyectos.

15. Porque tenemos un estilo, unos gustos, una estética definida, trabajada, refinada… por supuesto, tanto en nuestro cuerpo como en nuestro alma… de eso va todo este blog.

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