Los chicos tímidos e inmaduros

Seguramente muchos hemos oído hablar de los Hikikomori. El término procede de Japón y hace referencia a esos chicos más o menos jóvenes, que angustiados por un mundo social al que no se pueden enfrentar, se van encerrando poco a poco en su habitación, y a penas salen de ella siquiera para comer. A partir de ahí, la habitación es el mundo completo del hikikomori: en ella duerme, en ella se divierte, con videojuegos, con libros… en ella hasta come incluso… Apenas sale de la habitación. Y nunca o casi nunca salen de casa. La vida del hikikomori es muy parecida al friki con fobia social típico de España o de occidente: vida social nula, interés por actividades solitarias (arte, videojuegos, Internet, informática…), renuncia completa o casi completa a su vida social, aislamiento y encierro dentro de su propio mundo… Los padres del hikikomori incluso se avergüenzan de él, y hacen creer a los vecinos que en realidad ellos viven solos sin hijos… y que su hijo está fuera, estudiando lejos, o trabajando en otra ciudad, y al final tratan a su hijo “raro” como si fuese una aberración de la naturaleza que deben de mantener oculta por todos los medios posibles, a riesgo de que si se descubre similar aberración, la deshonra y el deshonor caerá irremediablemente sobre la familia. Seguro que a muchos nos suena esto del hikikomori o del friki con fobia social. Tanto el hikikomori japonés como el fóbico social de occidente, suelen ser chicos jóvenes (y en ciertos casos chicos no tan jóvenes) que son muy tímidos y que no han logrado un grado de madurez suficiente para aceptar los roles sociales que les tenían reservados la sociedad. En este artículo tratamos de este fenómeno de los chicos tímidos, inmaduros; de los hikikomori o de los fóbicos sociales.

El hikikomori

Es evidente que podemos trazar una comparativa y una equiparación clara entre el hikikomori japonés, por un lado; y el friki con fobia socialLos chicos tímidos e inmaduros europeo o americano, por otro. Ambos tienen muchas características en común: suelen ser hombres inmaduros, tímidos, introvertidos, que les gustan las aficiones intelectuales o pseudointelectuales como la informática, los videojuegos, los libros… que prefieren su soledad y su espacio propio antes que estar con personas y estar en espacios que ellos no pueden manejar por tener una evidente falta de habilidades para tratar con personas…

Quizás alguien que no sea un hikikomori o un fóbico social pueda pensar erróneamente algo así como:

“pero si esos chicos quieren estar solos pues no le hacen daño a nadie… ¡déjenlos ustedes en paz…!”

Ese es un pensamiento falaz y peligroso. Falaz porque normalmente el hikikomori o el chico tímido e inmaduro, no está contento con su situación. Él se siente en una cárcel de la que no puede escapar, y simplemente se entretiene con lo que puede mientras permanece en esa cárcel. Y es peligroso, porque con una actitud tan poco comprensiva como la expresada en nuestro pensamiento fingido, se le está quitando a la personas tímida, al hikikomori, al fóbico social, esa ayuda que se le podría prestar si fuésemos más comprensivos con la situación de estas personas. ¿Podemos ayudar a estos chicos tímidos, inmaduros, con miedo a los demás… a escapar de esta cárcel?

La formación del hombre inmaduro y tímido

Antes de responder a esa pregunta, tenemos que hacer un estudio previo sobre el fenómeno. Hay poderosas cuestiones biológicas y culturales implicadas. ¿Por qué se produce la existencia de estos chicos tímidos e inmaduros? Al fin y al cabo todos más o menos estamos “programados” para más o menos integrarnos bien en una sociedad determinada. A esta pregunta sólo podemos responder con una serie de respuestas que van concatenadas entre sí, haciendo una cadena muy larga, compleja y con muchas ramificaciones que tienen unas dependencia sobre las otras. Y al final tenemos como resultado que sobre esa compleja cadena se sustenta el hikikomori, el fóbico social, el chico inmaduro y el hombre tímido. Si me dejasen hacer a mi bola un estudio sobre esto, fácilmente escribiría un libro de varias miles de páginas… (este blog ya es ese libro). Pero como no tenemos tanto espacio ni tanto tiempo, vamos a poner unos puntos fundamentales que nos ayudarán a ver cómo se forma este hombre inmaduro y tímido.

1. Las sociedades postindustriales carecen de asignaciones de roles tradicionales, lo que nos hace individuos un tanto indeterminados, sin destino prefijado. Nuestro destino social, laboral, amoroso, de vida de pareja y de vida en familia… lo elegimos nosotros en gran parte. En las sociedades tradicionales ya sabes cual va a ser tu profesión, más o menos sabes cómo te casarás y cómo será tu vida familiar, sabes donde vivirás y a que te dedicarás y con qué personas tendrás trato social. Pero en las sociedades avanzadas, todo eso está mucho más en el aire. Eso nos causa cierta ansiedad, cierto tener que lidiar con las circunstancias para tener que hacer nosotros mismos nuestro destino “a la carta”. Por eso es tan parecido el hikikomori japonés al friki insociable europeo o americano, debido a que ambas culturas son parecidas y están en la fase postindustrial. Los chicos con menor madurez no lidian bien a veces con este indeterminismo vital de las sociedades postindustriales. Los chicos más maduros, más o menos se las arreglan bien, y aunque sufran también estrés y ansiedad por la falta de guía vital, ellos más o menos salen adelante, a diferencia de los tímidos y los fóbicos sociales, que se hunden en el intento.

2. El proceso de maduración de un hombre es complejo, y varía según el sujeto. Se ha demostrado con imágenes cerebrales obtenidas con distintos medios que el cerebro del hombre parece madurar de forma más lenta que el cerebro de la mujer. Esto explica por qué este fenómeno de la fobia social y de los hikikomori se produce más en hombres que en mujeres (se da también en mujeres con similares características, pero siempre en menor cantidad). El cerebro humano está madurando desde que estamos en el útero, hasta la edad de 30 años, en donde más o menos se forma nuestra personalidad definitiva (aunque hay algunos que maduran antes y otros que no maduran, por eso conviene a veces “forzar” nuestra madurez). Algunos hombres son muy inmaduros a la edad de 80, y eso es porque el proceso de maduración no se produce siempre de igual forma ni necesariamente. Las mujeres, siempre algo más precoces al madurar, se fijan mucho en que un hombre sea maduro, centrado, respetuoso, con buen trato con la gente… El cerebro de la persona inmadura y tímida no madura a igual ritmo que en otras personas, seguramente por una mezcla de factores biológicos y culturales.

3. Entre los factores biológicos que impiden la madurez mental de ciertos hombres, está el hecho de que ese hombre sea muy introvertido, muy delicado, muy desconfiado, muy sensible… Entre los factores culturales que impiden la madurez mental de ciertos hombres, está el hecho de no haber crecido en la niñez en un hogar en donde se sintiese querido; y no haber tenido unos modelos culturales de sociabilidad que le facilitasen la adquisición de las habilidades sociales que son necesarias para madurar. Las persona extrovertidas suelen ser personas sencillas, de mentes sencillas. Pero ellos han conseguido usar muy bien sus sencillas mentes para integrarse en la sociedad de forma adecuada. En cambio, es normal que las personas más sensibles de mentes más inquietas no consigan eso mismo. ¿Cómo es posible esto? Entre otras cosas, esto sucede debido a la paradoja que podemos llamar de la “información expandida”, que dice que cuanta más información tenemos, más difícil es tomar una decisión. Así, la persona tímida e inmadura se muestra titubeante en sus relaciones con los demás, porque tiene demasiada información, y al final no se decide. En cambio, al cerebro de la persona extrovertida sólo llega la información justa, y por eso los extrovertidos tienen siempre ese halo de decisión y de valentía tan característicos de ellos.

Las claves para madurar

Sí, yo J.V, alias Erik360, alias Evaristo García, alias Arthur116, alias “¡eh tú, esa es mi cerveza…!… yo he sido un Hikikomori. Yo a día de hoy sé qué me pasó para caer en inmadurez y timidez; y sé de forma tan certera cual fue mi “terapia” para salir de ese atolladero, que como he dicho antes, podría escribir un ensaño de miles de hojas sobre la timidez y sobre la fobia social y la inmadurez. De momento no es posible escribir ese ensayo (me falta lo que podíamos llamar “financiación”, o sea, que alguien me pagase por hacerlo…). Pero sí puedo dar unas claves generales y fundamentales que me sirvieron para acabar con mi inmadurez, con mi fobia social, con mi timidez… y en definitiva, puedo dar unas claves para dejar de ser un hikikomori.

1. El dolor es tu mejor amigo. Aprende a amar a tu único amigo, de momento, que es el dolor. A la persona tímida le cuesta horrores las interacciones sociales, el salir simplemente al bar de la esquina a tomar un café y a charlar un rato. Aunque duela el hikikomori que desee curarse debe de aceptar ese dolor como parte de la terapia, y debe por todos los medios de buscar ese dolor, sometiéndose constantemente a situaciones sociales de todo tipo, que el hikikomori debe de buscar por el mero hecho de que así se cura (aunque duela). El dolor te transforma el cerebro, lo hace madurar, y el dolor con el tiempo se empieza a ir y sólo queda la madurez.

2. Ten modelos de personas maduras y adultas. Y aprende a descubrir los secretos de su madurez y de su éxito social. Y luego imítalos a tu manera. Debemos de analizar los secretos de esas persona socialmente exitosas en distintos ámbitos: trabajo, amor, amigos, trato con los demás… Y debemos analizarnos a nosotros mismos. Y luego pensamos, comparamos, y vemos qué nos falla. Con lo pensado, intentamos rehacer nuestra forma de comportamiento mediante estos modelos de personas de éxito social. Esto cuesta porque hay que romper hábitos y crear otros nuevos. Eso es transformación, y la transformación siempre es dolorosa, como cuando se te cae un diente para dejar camino al diente de adulto definitivo.

3. No seas bobo. El “bobo” es un concepto con más precisión de lo que podría parecer. El hikikomori, la persona tímida, el hombre inmaduro, suele ser bobo, un poco bobo o muy bobo. ¿Y qué hace un bobo para ser bobo? Muchas cosas, pero hace justo lo contrario que la persona adulta en las mismas circunstancias, por ejemplo:

-El bobo es paranoico, desconfiado, amargado, quejón…

-El bobo siempre se compara con los demás, y se queja y se amarga si no llega al nivel de los demás.

-El bobo tiene falta de autoestima, se cree peor que los demás y se le nota con su andar desgarbado

-El bobo piensa tonterías, tiene demasiados pájaros e la cabeza, es muy soñador pero sueña tonterías…

-El bobo es cobarde y conservador. Manifiesta ser asexual aunque tienen callos en las manos…

-El bobo tiene rarezas de todos los tipos, como horarios extraños, o movimientos erráticos…

En definitiva, para dejar de ser un hikikomori debemos de aprender unos hábitos más normales y maduros como una forma de remoldear nuestro cerebro; a su vez que nos vamos desprendiendo de esa forma de ser de “bobo” y de raro y de friki que tan negativa es para nuestra vida y para nuestra sociabilidad. Poner cosas buenas en nosotros mientras quitamos las cosas malas… tan sencillo como eso. Pero muy complejo, pues se consigue de este modo remoldear el cerebro a nivel físico y biológico.

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  • Comments

    • jaime dice:

      En efecto es un producto de la sociedad actual que nos bombardea con la figura del éxito y del ganar. Pero la vida no se basa en ganar sino en cultivar la igualdad y eso no es culpa de los jóvenes es culpa de los contravalores que este mundo emite y que deben ser erradicados mediante dinamicas de grupo positivas en actividades de grupo como senderismo, padel, cursos de idiomas, etc, pero deben ser enfocados desde la igualdad y la sociabilizacion cosa que no contempla el actual sistema educativo competitivo y despiadado.

      • Erik360 Erik360 dice:

        Interesante Jaime. Desde luego que el mundo actual es “competitivo”, pero sólo para los pobres. Los de arriba tienen la competencia muy bien fingida, con holdings, con favoritismo, con clientelismo, con corrupción crónica… Sí es cierto que en algunos aspectos es mejor cooperar y no competir. Como dicen en la película “Una menta maravillosa”, lo mejor para la sociedad no es que cada uno haga lo que le convenga a él; si no que haga lo que le convenga a él pero que también convenga a la sociedad.

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