Los hombres y las mujeres que enamoraron siendo eternamente niños

Se habla desceptivamente del “síndrome de Peter Pan” como un síndrome que afecta a aquellas personas, hombres y mujeres, que no son capaces de aceptar su transición como individuos de la niñez a la edad adulta. Desde luego, el que escribe es especialista en ese síndrome… sin exagerar mucho, diré que yo no acepté mi madurez hasta los 23-24 años, vamos, casi hasta ayer mismo… No quería crecer… no quería salir de fiesta, no quería estar con chicas, no quería tener relaciones sexuales, al menos, con gente de por medio además de yo… ¿Y qué paso, porqué decidí que esas cosas, al final no estaban tan mal, que es lo que cambió casi de un día para otro…? No tengo intenciones de convertir este blog en una sarta de coñas sobre mi vida… Simplemente, para los que tenga curiosidad… diré que cuando tenía 23 años, me apunté a las piscinas cubiertas para aprender a nadar… y vi las primeras mujeres casi desnudas… en bikini y bañador… Eso me cambió mucho… A veces necesitamos el estímulo adecuado en la situación adecuada… Pero aunque desde hace algún año ya me acepto como adulto, algo dentro de mí sigue siendo muy infantil. Y curiosamente, este algo infantil parece encandilar a las mujeres; y viceversa, las mujeres con ese toque de niña, de ser siempre tierno, siempre dulce… parecen enamorar a hombres a decenas. En este artículo enseñamos a cultivar nuestro corazón de niño para enamorar al mundo entero.

Freud y la sexualidad

Sigmund Freud analizó el comportamiento sexual humano, tomando como referencia los acontecimos que nos sucedieron en nuestra estancia en la infancia. La infancia marcará completamente el carácter de los futuros adultos. Según la fase de la infancia que más se nos marcase a fuego (oral, anal, fálica,…) los adultos serían de una u otra forma. Creo que esta parte de la teoría de Freud nos la podemos saltar… aunque ya muchas veces se han dado por equivocadas las teorías de Freud justo antes de que medio mundo las acepte… Pero por lo demás, Freud analizó la sexualidad humana mediante el uso de dos grandes conceptos: el complejo de Edipo y el complejo de Electra. Ambos son lo mismo, amor hacia el padre de sexo contrario que al que pertenecemos nosotros, pero uno hace referencias al complejo en niños, y otro al complejo en niñas.

El complejo de Edipo o de Electra haría referencia a un supuesto apego excesivo del niño con respecto al padre de sexo contrario, trayendo esto graves problemas debido a que, este niño casi enamorado de su papá del sexo contrario, entraría en un chocante conflicto con su padre del mismo sexo, pues lo consideraría un competidor, además de una posible amenaza para su integridad, sobre todo de bragueta para adentro, debido a que los seres humanos pedimos exclusividad a esas personas que amamos sexual o amorosamente.

Entonces, según esta teoría, a los hombres y a las mujeres nos tenderían a gustar sexualmente y amorosamente aquél tipo de gente que se asemeja en algún factor o físico o psicológico al padre de sexo contrario con el que nos criamos en nuestra niñez. Y este es un factor muy interesante para usarlo a nuestro favor a la hora de encontrar pareja. Cuando al fin nos encontremos con un chico o una chica que nos guste, nada mejor que averiguar un poco de información sobre cómo era el carácter de su padre de distintos sexo… sus aficiones, sus manías, su forma de ser, su forma de vestirse… Una vez que hayamos encontrado esa información, sería cuestión de usarla a nuestro favor… Pero esta técnica tiene el peligro de caer en lo grotesco si emulamos a ese padre o madre de la persona que nos gusta, además…

Es interesante que reflexionemos un momento ¿De verdad nos gustan los hombres o mujeres que se parecen a nuestro padre o a nuestra madre…? De cualquier forma, la infancia nos da mucho más juego a la hora de enamorar que lo expuesto hasta aquí. Casi todas las mujeres y muchos hombres tienen en la infancia una especie de santuario. Así que independientemente de si estas teorías de Freud son ciertas o no, podemos usar la infancia para enamorar. El propio Freud dijo eso de que “en el corazón de todo gran hombre aún late el corazón del niño que fue hace tiempo” Todo gran hombre debe de conservar algo infantil… Señalamos a continuación la lista de rasgos infantiles que son apreciados en adultos…

Rasgos infantiles que enamoran en los hombres y en las mujeres

los hombres y las mujeres que enamoraron siendo eternamente niños1. La ilusión por los nuevos proyectos, ese irse a la cama deseando de que se haga de día para poder continuarlos, o para poder cumplir ese sueño que llevábamos tanto tiempo persiguiendo.

2. El interés por nuestro entorno, la fascinación por seguir descubriendo el mundo que nos rodea, ese maravillarse con el precioso mundo que tenemos a nuestro alrededor, lleno de flores, de edificios con gente muy tiesa guardando la entrada, de gatos que acechan a pájaros en los matorrales, de jardines mágicos y misteriosos…

3. El estar sierre de buen humor, el ser receptivo a la demás gente, el alejar lo más posible los malos rollos de nosotros, el ser simpáticos, divertidos, espontáneos, vivos,…

4. El confiar en el futuro, el mostrar la seguridad de la que estábamos llenos cuando éramos pequeños, el ser valientes, decididos, un poco aventureros, como en la genial serie “Rugrats”…

5. El ser sentimentales, no intentar razonar sobre todo, tener siempre ese corazón que nos anima a actuar más por instinto que por supuestos buenos razonamientos.

6. El que nos importen poco lo que los demás piensen de nosotros… lo que piensen de nuestra vida, de nuestro peinado, de que salgamos a la calle con los calzoncillos puestos por fuera…

7. El ver el mundo como un entorno mágico, lleno de ilusión, de secretos, de cosas sagradas que hay que proteger… De pequeño nunca nos hubiésemos creído que aquellos seres tan hermosos, con ese gran pico en forma de paleta, llamados patos… los pudiésemos llegar a usar para comer… El mundo es un lugar sagrado, y nosotros somos los pequeños guerreros que lo debemos de proteger…

En el fondo, el mundo debe de abandonar ya su edad adulta, y debe de volver un tanto a la inocencia de la infancia, debe de volver a fascinarse por los espacios mágicos, por los lugares sagrados, por los animales que escoltan en sus plumas la inocencia, por los valores primigenios de los niños valientes… Por supuesto, yo me quedo con todo eso, yo me quedo con la vuelta a la infancia… Y lo mejor de todo, es que nos podemos quedar también con lo bueno de la vida adulta: nuestro desarrollado intelecto, nuestro desarrollado sentido de la realidad… y por qué no, nuestros desarrollados genit… o sea… deseos amorosos y sexuales…

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