Los hombres y las mujeres

A nadie le ha pasado desapercibido ciertas diferencias entre los hombres y las mujeres. Se decía antes que “ellas eran de Venus, y ellos eran de Marte”. Venus se le imaginaba en el siglo XIX como un planeta rebosante de selvas, un planeta húmedo y caluroso, algo así como un inmenso Amazonas, lleno de vida, de belleza, de sensualidad por doquier. Y Marte, con sus rocas, con sus montañas enormes, con su desnudez, con su falta de fecundidad y de belleza… era un poco el símbolo de los hombres, esa falta de sensualidad y esa torpeza guerrera de los hombres. Lo cierto es que hay ciertas diferencias evidentes entre los hombres y las mujeres. Las más evidentes son las diferencias físicas: las mujeres con su fina piel, sus sensuales curvas; y los hombres con una piel mucho más áspera y menos sensual, y unos cuerpos hechos más para trabajar que para seducir con su sensualidad… Aun así, parece que a las mujeres les gustan los hombres igual… no hay que preocuparse porque aparentemente seamos menos sensuales…

Los principios del Universo

el yin y el yangNo voy a hablar ahora de la entropía y cosas de esas… Pero de alguna manera, parece que lo masculino y lo femenino son dos conceptos contrapuestos, distintos, y complementarios. Ya los taoístas creyeron descubrir en el universo estos dos principios, el yin y el yang. Uno sería el principio femenino, bello, fecundo, lleno de sensualidad, pero un tanto falto de voluntad masculina; y el otro, guerrero, transformador, guía del universo, que aprovecha la materia informe del principio femenino, lo da forma y transforma esa belleza femenina un tanto caótica y sin fuerza de voluntad, en belleza sometida a la guía del principio formador masculino.

Y es que esto no es pura fantasía, parece una mera cuestión matemática incluso. Se puede decir que los sistemas matemáticos complejos pueden adoptar estas dos opciones: una perspectiva masculina; o una perspectiva femenina.

El principio masculino

Es la opción de los hombres, nosotros desparramamos nuestro esperma por doquier, vamos por ahí intentando abarcar el mayor número de espacio posible. Nos despreocupamos un tanto de los resultados, lo que importa no es la calidad, sino la cantidad. Creamos mucho, pero mal; vamos desparramando por ahí nuestro esperma, pero no nos preocupamos de lo que pueda surgir de ahí. Esa es la opción masculina: esparcirse por el universo lo más posible, cantidad antes que calidad.

El principio femenino

En cambio, la opción de las mujeres es muy distinta. Las mujeres abrazan, atrapan, crían en sus entrañas. No les interesa la cantidad lo más mínimo, les vale con tener sólo los hijos que puedan atrapar en sus entrañas. No les interesa desparramar su ser por todo el universo. Prefieren crear poco, pero crear bien. Les interesa la calidad, no la cantidad. Por eso las mujeres sólo buscan estar con un hombre a lo largo de su vida… hombre que elegirán a conciencia. Todo lo que se hace desde el principio femenino del universo, se hace bien y a conciencia. Las mujeres prefieren pasarse años contemplando una foto de un hombre que amaron… antes que ir amando durante eso años a distintos hombres. Eso es sensibilidad, poder llegar a estarse años mirando una única foto de un hombre, y aún no cansarse, pues las mujeres optan por poco, pero a ese poco lo sacan un partido enorme.

Los principios que rigen el Universo

Y es que se ha intentando aplicar los principios masculinos y femeninos a la propia concepción del cosmos que nos abarca. Tanto es así, que se ha llegado a comparar los meteoros que arrastran al vida de un planeta hacia otro a espermatozoides; y los planetas serían inmensos óvulos. Sea esto fantasía o no, lo que no hay duda es que hay dos grandes principios matemáticos que rigen el universo: lo masculino y lo femenino. O desparramar a diestra o siniestra, o acoger incluso en las propias entrañas.

Las diferencias entre los hombres y las mujeres

los hombres y las mujeresAntes hemos puesto el ejemplo de la famosa figura del yin y el yang. Si nos damos cuenta, dentro de la propia figura hay una curiosa anomalía: dentro del yang hay un puntito que debería corresponder al yin; y dentro del yin hay un puntito que debería corresponder al yang. Y esto es así, porque nada ni nadie es completamente masculino o femenino. Algunos hombres tienen ese algo femenino, esa sensación de sensualidad de su propio cuerpo, esa sutileza para abarcar a las pequeñas cosas. A su vez, puede haber mujeres con ese algo masculino, ese desinteresarse por su propio cuerpo, pero interesarse a cambio por el mundo exterior, que prefiere abarca mucho antes que poco pero con sutileza.

El hombre es la especie más compleja del reino animal. Si nos damos cuenta, algunas hembras del Reino Animal se comportan muchas veces como los machos humanos (por ejemplo, la agresiva viuda negra). Esto significa que los principios masculinos y femeninos no son estáticos, los hombres y mujeres se rehacen en cada nueva generación, algo va cambiando…

De echo, la humanidad tiende a la androginia, o sea, un estado de los hombres y mujeres, en  donde ya no hay tanta diferencia entre los hombres y mujeres. Las funciones reproductoras se mantienen, pero las diferencias de carácter se ven reducidas. Esto sólo es una pequeña tendencia, los hombres se vuelven más sensibles, y las mujeres más productivas. Es un sino evolutivo, y está lejos de ser especulación.

Aun así, mientras los principios masculino y femenino del universo siguen con su eterna pugna, los hombres y las mujeres podrán seguir disfrutando de sus diferencias, podrán seguir seduciéndose mutuamente, podrían seguir fascinándose los unos por los otros; seguiremos disfrutando de nuestras diferencias. Los hombres podremos seguir amando a las mujeres, podremos estremecernos con gemidos sin pausa hasta el alba; podremos entablar conversaciones con los seres más sensuales del universo durante horas; podremos abrazar a las mujeres como si fuesen ositos de peluche, durante largas horas llenas de pasión. Somos distintos en constitución elemental, pero ambos buscamos la felicidad en esta parte del universo. Hemos sido afortunados por nacer diferentes. Lo diferente nos apasiona, nos subyuga el alma, nos hace caer a tierra de pura sensualidad… Disfrutemos de la diferencia, y para ello, no hay nada mejor que los hombres entiendan un poco mejor la constitución elemental de las mujeres, pues las mujeres no tiene problema en entender a los hombres (aunque les cueste asimilar que les interese más un partido de fútbol que una romántica velada con ellas…). Los que han podido estremecerse en los gritos de pasión hasta que llega el alba, esos son los que comprenden qué es la diferencia, qué son los hombres y qué son las mujeres.

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