Los hombres y mujeres que seducen siendo interesantes

Un elemento a veces suele pasar desapercibido a la hora de analizar a los hombres y mujeres interesantes y seductores. De alguna manera, las personas interesantes y seductoras se caracterizan por un doble núcleo en su atracción: atraen ellos, su persona, su carisma; pero también atrae su mundo, los lugares que frecuenta, las ciudades en donde vive, incluso los objetos que porta. Este doble núcleo es muy interesante, atraemos no sólo por nuestra conversación, por nuestro físico, etc., si no también por el pueblo de donde somos, por la casa en donde vivimos, por las aficiones semanales que practicamos… Y entre estos dos elementos, entre este doble núcleo de la atracción, la persona y el entorno, hay un tercer elemento, que sirve de alguna manera como nudo, que ata a los dos elementos anteriores: los complementos, o sea, el vestir, el reloj, el peinado… Podemos poner el ejemplo de esa chica tan popular (esto afecta por igual a hombres y a mujeres), que llega a la cita con sus amigos con un peinado nuevo e impresionante; además lleva puesto un vestido blanco que refleja pureza; además lleva puesto un perfume caro; además lleva sus joyas, su reloj,…los hombres y las mujeres que seducen siendo interesantes Y como decimos, este elemento de estilo, de complementos, une un poco los dos elementos fundamentales en el arte de atraer a los demás: por ejemplo, quizás la chica venga de un pueblo de las montañas, y a su vez vive en un piso con sus padres en la ciudad. Su estilo, a medio camino entre la modernidad de los urbanitas, y algún rasgo un tanto más salvaje y de primitivismo (por ejemplo, su pelo desenfrenado y salvaje; o el blanco puro de su vestido, que imita la pureza de las nieves de las montañas de donde viene…) sugiera un poco la unión de estos dos mundos, de esos dos ámbitos, uno rural y el otro urbano, de donde procede nuestra belleza. Y a su vez, este ámbito tan seductor y sugerente, ámbito doble, es unido a la personalidad encantadora de nuestra gran chica a través de, como decimos, su estilo… En este artículo analizaremos lo importante que es el elemento del “entorno”, o sea, un poco el mundo al que pertenecemos, que, al modo de que en los cuadros del Renacimiento la belleza de los contornos de las figuras humanas es aumentada por los hermosos fondos, sean salvajes o urbanos, así nuestra capacidad para seducir, interesar y enamorar a los demás es aumentada por el mundo que de alguna manera sirve de fondo a nuestra personalidad.

Una cita con alguien…

Supongamos que hemos quedado a través de Internet en una cita a ciegas con alguien. Por ejemplo, nosotros somos ahora un chico y hemos quedado con una chica que parece interesante… Y nosotros, como chicos, tenemos que demostrar en esa primera cita, y quizás en otra sucesivas, que somos muy interesantes, y como hemos dicho, es fundamental demostrar que nuestro mundo es interesante

Y ahora supongamos, que este chico que ha quedado con la chica en cuestión, se desdobla… y una de las partes del desdoblamiento se llama Marcox; y la otra se llama Pedro. Y ambos, Marcox y Pedro tendrán dos citas paralelas en universos paralelos con la misma chica… Uno de ellos logrará causar un gran interés a la chica, mostrando un mundo que lo hace interesante y atractivo; y el otro no conseguirá nada de eso…

Una cita con Pedro

Mi nombre es Lucía Noche y Día, y hoy he tenido una cita con un chico que me he encontrado por Internet… En principio, la cosa iba bien, y quedemos para conocernos en su casa… Yo no encontraba la dirección, así que le llamé al móvil. Resulta que estaba casi enfrente del edificio, un bloque de viviendas de un barrio un tanto apartado y con apariencia de ser marginal… eso ya me dio mala espina.

Como no encontraba el sitio, le llamé al móvil. Me cogió el móvil, y le oí su voz por primera vez. No me gustó la forma que tenía de expresarse, sobre todo eso de “te has perdío, jodía…” Pedro se asomó a la terraza de su piso, que estaba en un segundo, y como digo, ya estaba prácticamente a la altura del bloque de viviendas… por lo que enseguida me vio.

Y una vez que me ha visto, empezó a decir con voz en grito “heeee, aquíiii, oye, Lucía… ¿Mes ves…?” Resulta que buena parte de las personas del edificio salieron a la terraza para ver que pasaba… lo que me hizo sentir muy abochornada. Para más colmó, un niño desde una de las terrazas se puso a mear hacia la calle…

Pero con todo, pude acceder al edificio. El edificio tenía unas escaleras desvencijadas… subí a tientas, pues la luz no funcionaba. Y llegué al piso de Pedro. Entré… y me llevé una gran conmoción. Lo primero que notas al entrar es un olor como a podredumbre… Cuando entré en la cocina, en donde se encontraba Pedro terminado la cena, encontré un montón de cacharros sucios por todos los lados, sobe todo en la pila de fregar. El suelo estaba casi negro y húmedo, los muebles no estaban limpios tampoco, y el propio Pedro estaba también sucio, con ropa vieja y llena de grasa…

Le pedí ir al baño… me indicó donde estaba y, después de santiguarme, fui… Al llegar, no encontraba la luz… así que encendí la luz de mi móvil… varias cucarachas que andaban por ahí, se sintieron delatadas, y empezaron a imitar a los atletas de la olimpiada, corriendo a más no poder para esconderse… Al final, pude ver moverse algo más grande que una cucaracha… Le pregunté a Pedro que si tenía gato, y me dijo que no, momento en donde me puse a chillar, porque entonces eso tenía que ser una rata…

Efectivamente, Pedro me dijo que había una rata en la casa, pero que no había tenido tiempo de darla “un escobazu” en la cabeza… y que al final, se había acostumbrado a su compañía…

Luego cenemos. Pedro insistió varias veces en ofrecerme un trozo de su filete, no me apetecía, sobre todo porque lo había mordido, y me lo ofrecía con su tenedor sucio… Además, el propio Pedro no daba la sensación de estar muy limpio…

Después, nos sentemos en el sofá, y hablemos de su vida. Me contó que se pasaba el día tirador en el sofá, viendo la tele. Que en su día, abandonó los estudios, y que desde entonces había trabajado como peón de albañil en la ciudad. No tenía especiales aficiones, le gustaba ver la tele en los ratos que su trabajo le dejaba libre.

Tampoco acertó a darme muchos datos de su familia: tenía una abuela en el geriátrico, y sus padres vivían en un piso, al otro lado de la ciudad. Me contó que su padre era funcionario, y su madre ama de casa, y que así sin darse cuenta, habían pasado ya 30 años juntos… 30 años que han sido monótonos, aburridos…

Luego me contó que quiere encontrar una mujer para casarse y que le haga la comida… Ha podido ganar lo suficiente para pagar ese piso, pero se sentía sólo. La rata ya no le llenaba como antes… y ahora buscaba compañía humana.

Después de la charla, le ofrecí ir a dar una vuelta por la ciudad… Le dije que qué sitios le gustaban, a lo que contestó encogiéndose de hombros, y diciendo “me da igual”… Al final, él creyó que era una buena idea quedarnos en casa en vez de salir, porque según él “salir para volver al mismo sitio…”

En general, Pedro me dio la sensación de estar aburrido de la vida, de tener un mundo predecible, rutinario y poco cuidado, de tener unas relaciones de familia poco atractivas; de no cuidarse ni cuidar su estilo; y en general, me dio la sensación de que su mundo era muy pobre, y muy poco interesante y muy poco seductor…

Próximo artículo: una cita con éxito

P.D: no pretendo despreciar a los ambientes marginales. Ha veces los ambientes marginales tienen mucho encanto, y unas relaciones sociales muy vivas… Los ambientes marginales y las personas marginales (y yo soy completamente una persona marginal…) pueden ser también muy interesantes, igual que los ambientes de “pijos” y demás, pueden ser muy aburridos y poco atractivos.

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