Los mejores gabinetes psicológicos que existen: los bares

Llevo hiendo a los bares desde que casi casi era un nene de cuatro o cinco años… Entonces a mi no me interesaban las bebidas, ni los pinchos, ni siquiera las rubias de culo escultural que están en la barra tomándose una caña: entonces yo iba con los papás para jugar a las maquinitas. Pero ya desde entonces se me pegó el ambiente de los bares. Es cierto que en mi vida ha habido una interrupción en cuanto a lo de ir por los bares: fue mi periodo de fobia social, que terminó por alcanzar un total de unos 10 años de mi vida, periodo que he superado hace poco. Desde entonces, vuelvo a ir a los bares… Supongo que con un parón tan grande en el medio,Los mejores gabinetes psicológicos que existen los bares no es raro juntar viejas y nuevas sensaciones. Recuerdo las viejas sensaciones de los bares que casi son de otra época: ese humo en el ambiente, ese olor a salmuera amarga de las aceitunas, esa tele en lo alto que no se oía pero se veía, ese blanco extraño de la paredes, ese suelo lleno de colillas y de papeles, ese típico borracho solitario bebiendo apoyado en la barra, ese trasiego de gente que entra y gente que sale, en ese quizás día de fiesta en el pueblo… Los bares tienen una atmósfera especial, es como si todos estuviésemos en un gran hogar en donde nos sentimos acogidos. Los bares de los pueblos siempre son aún más especiales. No tiene poco que ver con que todos nos conocemos, y un poco se despierta ese sentimiento inconsciente de pertenencia a una tribu o clan. Aun así, los bares de las ciudades también son especiales, aunque nada en comparación con los de los pueblos… Pero de cualquier forma, los bares de las ciudades son centros de reunión social, en donde nos juntamos con amigos, con familiares, con esa chica especial que estamos conociendo… Alguna vez alguna tía me ha mandado a la mierda por llevarla en una primera cita a ese tugurio de mala muerte que a mí tanto me gusta. Pero si una mujer me quiere, tiene que querer también a mis bares y mis lugares especiales en el pueblo y en la ciudad… Fuera de bromas: los bares y la cultura callejera que tiene España (y que la ultraderecha pretende seguir arrasando tras décadas intentándolo), es algo que ya lo quisiera para sí en Alemania… Los alemanes son menos felices de media que los españoles, a pesar de la crisis, de la falta de industria, del paro… En España los bares nos hacen felices. En un bar hay muchas cosas que hacer con gente muy distinta. Pero también hay muchos tipos distintos de bares, así que empezamos por ahí: los bares, los mejores gabinetes psicológicos que existen.

Tipos de bares distintos

1. Bares discoteca. En Salamanca son muy habituales, locales como el Cum Lavde (yo una vez le pegué una patada en los huevos a uno de los gorilas de este sitio que no me quería dejar entrar por ir borracho…), el Garamond Disco (está todo lleno de pijas que me mandan a la mierda cuando las “sargeo”…), o el genial Irish Rover (un antiguo teatro reconvertido en bar y sitio de conciertos) son ejemplos de bares discoteca, que por el día actúan más de bares; y al llegar la noche, se sube la música se baja la luz, y se llenan de mujeres que no dejan de bailar una música que a mi me horroriza (desde que murió el bakalao, no hay música buena en las discotecas… ¡visca la mákina…!).

2. Bares románticos o de tipo irlandés. En algunos bares de Salamanca uno podría pensar que se ha emborrachado, ha cogido un avión y se ha plantado de repente en el mismísimo corazón de Irlanda… En sitios como el Molly Mallon o el Holly Cross (en este último es donde hice mi primer “sargeo”…) uno se puede sentir casi casi como si estuviese en Irlanda, borracho en una taberna. Luego tenemos también sitios románticos, como el Capitán Haddock, donde tuve la primera cita de mi vida… lo único que mojé aquella noche fueron mis labios con la cerveza, que me hizo falta y me vino muy bien.

3. Bares de pinchos. Pues hay cantidad de bares especializados en pinchos. Suelen tener unas mesas y sillas en donde la gente se sienta para devorar el aperitivo, aunque algunos se comen los pinchos de pies apoyados en la barra. Mientras tanto, pues charlamos un poco con los amigos sobre el amor y sobre la mierda que es que te f… lo justo, o sea, bien de pinchos pero regular de “pinchitos”… En Salamanca hay algún buen representante, como el bar “La encina” y en general, todos los bares de la famosa calle Van Dick (no sé por qué cojones le han puesto el nombre a una calle de Salamanca de la mierda de entrenador ese que tuvo el F.C. Barcelona…)=

4. Bares modernos. Pues son un tipo de bares en donde la gente va muy “cool”. Tienen una decoración moderna, y ponen música muy mala. Juegan mucho con la luz, tanto que alguna vez me he caído por las escaleras de alguno de estos bares. Y es que a veces tienen dos pisos.

5. Bares roqueros y de barrio. Son bares en donde suelen poner muy buena música. Hay muy bien rollo, con gente de casi todas las edades. A veces me recuerdan un poco a los bares de mi infancia, pues a veces hasta hay futbolines incluso alguna vieja maquinita arcade. La gente es muy democrática en estos sitios. Hay gente de barrio con gustos roqueros y ropas roqueras. En Salamanca tenemos por ejemplo al “Bolero”.

6. Bares cutres con trapicheo menor. Pues este tipo de sitios ya empieza a no ser recomendables. Son sitios en donde el camarero está harto de echar todas las noches a borrachos que no se quieren ir a su casa a ver a su mujer. Huelen raro, son algo sucios y muy oscuros. Casi no tienen decoración pero la que tienen es algo inquietante. Se ven todo tipo de personajes extraños, casi todos los que frecuentamos esos sitios tenemos muchas cosas que callar. Cuando suena la sirena de la policía se vacía el bar de repente, pues todo el mundo que hay dentro sale corriendo, como si todos a la vez se hubiesen dado cuenta que tenían que hacer un recado y se les ha pasado la hora…

7. Tugurios inmundos y antros de mala muerte. Pues estos lugares tampoco son muy recomendados. Estos sitios fueron mi hogar durante mi época de makarra y matón solitario. Aquí la gente te mira raro si vas con otra gente; y si intentas hablar con alguien, este te mirará con cara como de estar en otro mundo. No dejan entrar a nadie que esté recién afeitado o bien vestido. Si entras en estos sitios con corbata, es muy probable que no salgas vivo de ahí. Ponen algo de música, a veces jazz. Siempre hay un cartél con algo relacionado con París. La “ley antitabaco” no ha llegado todavía aquí, y el humo hace de una especie de neblina en donde los hombres antisociales nos hemos refugiado en ciertas etapas de nuestra vida…

Cosas para hacer en los bares.

Escribiendo este artículo me lo estoy pasando como un niño con los bolsillos llenos de caramelos… Es ahora cuando hubiese maldecido haber nacido en Alemania. En los bares se pueden hacer muchas cosas. Frecuentarlos, salvo los de tipo 6 y 7, son siempre una garantía de salud mental. En ellos dejamos muchos complejos, muchos disgustos; y encontramos apoyo, refugio, consuelo por parte de nuestros amigos en esos momentos de rupturas, de sueños incumplidos… Los bares sirven para muchas cosas, entre otras:

1. Sirven para encontrar un refugio improvisado en ese día que hemos discutido con los papás y nos hemos ido de casa. Fuera llueve y dentro un hombre triste se toma una cerveza acompañado del bartman, que lo consuela.

2. Sirven para quedar con esa chica especial que tanto nos gusta. Quizás llevemos ya cinco minutos esperando, con esa sensación de hormigueo en el estómago. Nosotros estamos inquietos sentados en la barra del bar, en un taburete. Y al fin, miramos hacia la cristalera y vemos una preciosa mujer vestida de rojo que se dirige hacia la puerta.

3. Sirven para que los amigos nos consuelen alrededor de unas buenas cervezas cuando hemos roto con la novia. Estamos destrozados, o al menos lo estábamos dos horas antes de quedar ahí con los amigos. Cuando salimos y nos despedimos de los amigos a la puerta, ya estamos mejor, como si hubiésemos ido a terapia.

4. Sirven para reencontrarnos con ese viejo amigo al que llevábamos tanto tiempo sin ver. En la barra charlamos alegremente alrededor de un buen par de cervezas, mientras nos dejamos invadir y atravesar por el ambiente del bar, con su olor a salmuera, con su sonido de las tragaperras de fondo, con su música de Manolo García sonando por el hilo musical.

5. Sirven para relajarnos un rato tomando una cerveza nosotros solos, y pensar quizás en esa disyuntiva tan importante de nuestra vida. Pensamos en nuestras cosas, estamos dentro de nosotros, pero a su vez nos dejamos invadir por la gente de todos los tipos y de todas las condiciones que va de allá para acá, saliendo y entrando: entran un padre y una madre con sus tres hijos, pues van a tomar un café después de la cena; salen agarrados de la mano un hombre y una mujer, con esa típica mirada de enamorados en sus rostros.

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