Los recuerdos de la infancia

Llevo unos días mirando viejos recuerdos de hace mucho tiempo. Son series de la tele, fotos de juguetes que tuve, momentos, lugares, personas… Por un momento me he preocupado: sé de que algunos pájaros que cuando saben que van a morir vuelven volando hasta el lugar del mundo en donde más felices han sido en su vida. Es como una forma de recordar, como si los recuerdos de felicidad llevasen a estos pájaros hacia su verdadera patria, perdida hace mucho tiempo en un recóndito lugar que dejaron atrás. De alguna manera el lugar donde más felices hemos sido muchos hombres es más que un lugar un tiempo: la infancia. Siempre creo que los niños españoles de los 80 hemos tenido la mejor infancia posible: con los Trotamúsicos, con David el Gnomo, con los bolli caos, con los juegos de la peonza, las canicas, el escondite, con los pantalones con rodilleras, con los patios de colegio, con los partidos de fútbol por las tardes, con los Kioscos, con ese amigo que para quedar con él teníamos que encontrárnoslo por la calle y no había Facebook ni ninguna otra forma de poder contactarlo… Adoro esta cultura de la infancia, los infantes de hoy no saben lo que se pierde, están ocupados viendo a “Bob Esponja” y jugando a la Wii… Y como decía, los recuerdos siempre son ambiguos. A veces emulamos a los pájaros y para poder morir intentamos recordar esos momentos que tan felices nos han hecho en nuestra vida, como una forma de despedirnos de un yo nuestro que dejamos atrás. Como si le diésemos un último homenaje a la conciencia terrenal haciendo volver a nuestra alma allí donde fuimos más felices. Se sabe que los suicidas hacen esto: se van despidiendo poco a poco de todo lo que han amado como una forma de que su cerebro afronte su propia aniquilación. También lo hacen las personas que saben que van a morir y que no son suicidas, vuelven a su pueblo de la infancia, o vuelven a ese lugar tan especial en su vida que dejaron atrás. A veces es un lugar, a veces un tiempo. A veces son personas. Pero agraciadamente los recuerdos son mucho más que muerte: son vida, son futuro, son simplemente una forma de encontrarnos a nosotros mismos. Y es que de alguna manera los recuerdos son más que momentos olvidados, que palabras perdidas, que lugares que quedaron atrás: los recuerdos son planes, los recuerdos son adelantos de lo que viviremos, los recuerdos son proyectos que se desenvuelven cuando los propios recuerdos que inspiraron estos proyectos quedaron ya hace mucho tiempo atrás. En este artículo, los recuerdos de la infancia.

Recordar para planificar

Para entender qué queremos decir con eso de que los “recuerdos son proyectos”, podemos ver cómo funcionan la creencia en las naciones y en los “espíritus nacionales”. Por ejemplo, los distintos países al recordar un acontecimiento concreto, como pueda ser la unción de los reinos de España en las Navas de Tolosa para parar la penetración de los almohades y almorávides, lo que en realidad se está reclamando es la unión de todas las gentes de España para trabajar por un futuro común. Por tanto con un recuerdo pasado de alguna manera no estamos haciendo otra cosa más que intentar usar ese recuerdo del pasado para construir algo hoy.

Y por eso yo mismo llevo varios días melancólico, con morriña sobre el pasado. De alguna manera explorando nuestros recuerdos que dejemos atrás lo que hacemos en realidad es intentar encontrarle un sentido a esos momentos que ya quedan atrás como una forma de sacar desde ese sentido creado una especie de mapa que nos guiará en el futuro…

Los recuerdos de la infancia

Imágen de http://www.latenteteca.com/ Sí, yo lo tuve...

Estoy muy melancólico, por eso escribo este artículo. Yo siempre he creído que el hombre rara vez es habitante único del presente: vivimos también en el pasado y en el futuro. El presente sólo sirve para conectar el pasado y el futuro. Y esta conexión es importante que se lleve a cabo correctamente. Si no, es posible que nos pase lo que a Marty McFly en “Regreso al Futuro” y nuestro mismo futuro empiece a estar en peligro… Por eso, los recuerdos del pasado, de nuestra infancia, de nuestra patria, lejos de ser la antesala de la muerte (a veces sí son la antesala de la muerte) pueden usarse a modo de planes, de proyectos, de guía para nuestra vida. Así mucho antes que para morir los recuerdos sirven para vivir y para encontrar nuestro destino en la vida. Todos tenemos grandes recuerdos del pasado que requieren ser interpretados para saber por donde debe de ir nuestra vida a partir de ahora. Teniendo en cuenta que este es uno de los blogs más morbosos de todo Internet es evidente que voy a terminar el artículo contando algunos de mis grandes recuerdos y diciendo lo que yo creo que significan, y el modo en que yo puedo usar esos recuerdos para construir mi futuro. Aconsejo a todo el mundo hacer lo mismo, esa es una buena forma de labrarse un buen futuro.

Mis recuerdos de la infancia.

1. Recuerdo los días de primavera en los cuales yo recorría las verdes praderas bajo el cielo azul de la mano de una niña de la que yo solito me había “apropiado”… Aunque hay que decir que ella no puso especial reparos en acompañarme. Es más, luego ella no me quería soltar la mano… No sé como interpretar esto: ¿acaso significa que seré yo el que empiece haciendo proposiciones sobre amor y relaciones a las mujeres y al final, después del tiempo, serán ellas las que quieran permanecer conmigo y yo quiera escapar para volver a ser libre…? Antes sí hubiese creído esto, yo no estaba preparado para “atarme” a nadie. Pero ahora me gusta la vida en pareja, aunque eso sí, yo sigo necesitando tiempo para mí, para mis pensamientos, para mis escritos, mi música… Por eso creo que esta niña simplemente era de esas mujeres que siempre quieren estar encima del marido y no lo dejan tiempo para él… pero nada más.

2. Recuerdo aquellos días de fiesta, aquellos domingos en los que la villa entera parecía que te sonreía, salías a la calle y hacía sol, con banderines por las paredes, con la gente alegre por las calles, con los bares repletos de familias tomando un aperitivo antes de la hora de comer. Hay un personaje de mi novela “La Reina de los Hielos”, muy especial (es Nunn, un nono que corre a la velocidad del rayo…) que dice una frase algo así como

“yo nunca podré olvidar la belleza del mundo que yo vi al nacer”.

Algo parecido me pasa a mí. Creo que este recuerdo significa mi amor hacia un país vivo, democrático, hacia una comunidad igualitarista sin ser comunista; libre sin ser anarquista; y respetuosa sin ser neoliberal. Significa un poco las ganas de vivir en un país de cultura, y una cultura pop impulsada por la gente, que a su vez es impulsada por la otra cultura de la inteligencia. Aquella villa… los amigos, las peñas, las verbenas, las mañanas de fiesta, los bares, los domingos, los pinchos, los kioskos… Pero “El Corte Inglés” lo arruina todo… arruina esa vida de la ciudad que podemos ver en series como “Cuéntame” (y sin contar que por cada puesto de trabajo que se crea en unos grandes almacenes, se destruyen 4 puestos de trabajo). Yo no pretendo devolver a España al pasado: pretendo trasladarla al futuro, un futuro con tiendas de barrio, con niños por las calles, con el bar El Pirata en donde está Makinavaja tramando alguna de las suyas y ocultándose de la policía… Un mundo con peñas de magos, con banderines por las calles… Esa es mi patria esa es mi casa y no la patrocina Ikea (La patrocina “Ultramarinos La Tía Paca”…). Por supuesto también puede haber lugar para El Corte Inglés… pero no todos los lugares deben de ser El Corte Inglés (que es lo que proponen los modernos, que todo sea igual, moderno… y que la cultura esté muerta).

3. Y recuerdo muchas otras cosas más: los bocadillos de Nocilla; las merienda; cuando me reencontraba con los amigos; cuando iba a la tienda de ultramarinos para comprar alguna cosa,… Y sí, hemos llegado al punto culminante: si hoy tenemos morriña de nuestra infancia; la ironía que es esto que nosotros llamamos la vida hace que sea a día de hoy, justo hoy a principios del verano del 2013, cuando estoy cumpliendo sueños que yo pude soñar en la infancia. Esos sueños no tienen poco que ver con las “niñas”… pero también con los amigos, con un lugar en el mundo, con algo que me llenase de verdad, y con un yo adulto del que pudiese sentirse orgullos un yo de niño. Es ahora cuando veo que la fuerza de los ojos de aquél intrépido aunque tímido niño que fui se clavan en mis ojos actuales, como una forma de indicarme que al fin he llegado a un lugar que yo tenía ya prefijado de alguna manera. Es como si se cerrase el círculo, y después de haber estado perdido en la vida durante lustros enteros, es ahora cuando vuelvo a reconocer en mis ojos los ojos de recuerdos pasados y de sueños que parecían que ya nunca llegarían. De alguna manera cuando va a pasar algo grave, ha veces hay un silencio previo que se nos hace un silencio atronador. Supongo que el haber estado tanto tiempo perdido hace las veces de ese “silencio”. A todos los que creen que su vida es silencio, decepción, desconsuelo, soledad:

recordad que la calma sólo es el espacio de tiempo que queda entre dos borrascas

yo ya pude ver los ojos de niñas con los que yo sólo soñaba cuando era niño

yo ya pude sentir el aliento de aquellas doncellas que yo intuía entre los bosques

yo ya pude aniquilar a muchos de aquellos demonios que me acechaban en las pesadillas de mi infancia

yo pude volver a sentir la fuerza de la verdadera amistad, casi como si fuésemos niños

 

Ojalá que mis lectores más jóvenes puedan saber alguna vez saber lo que es de verdad un domingo.

Lo que es seguro es que con tanto artículo de ligoteo todos los lectores sabrán lo que es un beso…

¿Acaso hemos perdido los domingos pero hemos ganado los besos…?

Yo ahora que sé que existen los besos, quiero poder besar en un domingo…

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