Los recuerdos, terapia contra las enfermedades mentales

La mente no es la realidad: es el barquito por el que nosotros navegamos por el mar de la realidad. La realidad se compone de átomos, que a día de hoy es un concepto muy amplio, que incluye quarks, electrones, neutrones,… La mente a veces nos traiciona y no se ajusta a la realidad. Si la mayoría de la gente es feliz con muy poco y nosotros no podemos ser felices con bastante, pues es evidente que algo falla. Nuestro barquito está naufragando y ha empezado a entrar el agua. El mar de la realidad acoge nuestra conciencia, pero sin barquito el mar nos ahoga en vez de darnos vida. La vida y la muerte están muy cerca, sólo es cuestión de naufragar. Como Buda, nosotros podemos estar viviendo un sueño falso, y como Buda, nos tocará despertar y mirar algo asustados, que el mundo real es muy distinto al pavoroso sueño que hemos tenido. El que escribe aún está despertando de una depresión de casi diez años… No han sido perdidos porque en ellos me he preparado para despertar; pero tampoco han sido disfrutados, porque en ellos he estado naufragando, como uno de esos marinos que después de hundirse en una tormentosa noche el barco en el que era marinero, se encuentra en una soleada mañana que está tirado al lado de las playas de una arenosa costa, con un sol brillante sobre él, y con las olas golpeándole el costado. Tenemos que aprender a despertar. Estamos aún medio adormilados, estamos con recuerdos vagos y difusos. Es cuestión de aprender a recordar, recordar quiénes éramos antes del naufragio. Nuestro cerebro tiene algo de plastilina, por eso saber quienes éramos antes cuando éramos felices, nos ayuda a moldear el cerebro de nuevo, nos ayuda a superar la depresión, a superar la fobia social, a superar en definitiva, los males mentales que nos azotan en una noche de marejada. En este artículo, los recuerdos, terapia contra las enfermedades mentales.

Recordar para olvidar

Mediante el método de la hipnosis se trata de despertar en el paciente y enfermo, sentimientos en su cerebro positivos, como una forma de darle un resorte extra al cerebro, quizás para poder ayudar a ese paciente a superar su depresión, o a superar sus fobias. Los recuerdos pueden tener un efecto hipnótico. A veces cuando nuestra vida se interrumpe, la tenemos que reiniciar, al modo que cuando se para un ordenador y tenemos que volver a arrancarlo.Los recuerdos, terapia contra las enfermedades mentales Por eso conviene recordar, conviene recordar lo que fuimos antes de naufragar, conviene recordar que fuimos felices y que pudimos amar bajo el sol. Somos hombres que caminan bajo el sol, esa es una gran fuerza que tenemos en nuestras entrañas de fuego de gigantes.

El sol a veces reactiva los recuerdos. Tras el gris y frío invierno a veces salimos a pasear bajo un cielo azul y encima de una tierra verde. El impacto del suave sol sobre nuestra piel nos trae recuerdos de días cálidos, cuando éramos felices. Haber estado mucho tiempo bajo la borrasca nos hace olvidar que existió un día los días de sol y praderas verdes. Nuestro cerebro se amolda a la circunstancia negativas: para nuestro cerebro sólo hay días malos, días de borrasca. Y es hora de recordar a nuestro cerebro que nosotros somos hombres y mujeres que pasean bajo el sol.

Aprender a recordar sin vivir de recuerdos

Podemos recordar un poco todos los días. Esa puede ser una buena forma de ayudar a nuestro cerebro a moldearse de forma correcta. Podemos recordar o bien un ratito todos los días, una media hora; o bien unos breves segundos varias veces al día. Cada uno recuerda como quiere. En el primer caso le metemos a nuestro cerebro un resorte especial de energía, un chorrito de gasolina que le añadimos al fuego; y en el segundo caso lo que hacemos es azuzar la hoguera con unas cuantas chispas que la avivan y que hacen que el fuego sea más fuerte.

Qué recordar

1. Recuerda tu infancia, tu colegio, cuando ibas con los amigos al cole, cuando te encontrabas con ellos por la calle, o en el autobús. Recuerda las sensaciones que te producía todo, desde las sensaciones que te producía la profesora de matemáticas cuando entraba por la puerta; hasta las sensaciones que te producía cuando quedaban cinco minutos para el final de la clase, y luego esperaba por delante un largo y caluroso verano…

2. Recuerda el pueblo de tus padres o de tus abuelos, con sus casas de piedra, con sus leños de madera apilados, con su olor a humo en invierno; y a pólvora de las fiestas del verano. Recuerda las casas, la gente, las calles, la comida, a tu familia. Recuerda las sensaciones que te producía el llegar al pueblo; y las que te producía el partir desde el pueblo.

3. Recuerda tus amigos, recuerda los juegos, las sensaciones que te producían, tanto los juegos como los sitios en donde se jugaban. Recuerda las sensaciones que te producía la personalidad de tus amigos. Recuerda el principio del juego, y el final del juego, cuando estabas exhausto.

4. Recuerda cuando cumpliste tu mayoría de edad, recuerda el instituto, tus compañeros, tus profesores, recuerda tu planes vitales, recuerda ese miedo que tenías al no saber donde estarías sólo en dos años hacia adelante. Recuerda tu primer amor (normalmente no correspondido, quizás yo gustase a mi primer amor, pero era demasiado tímido para decirla nada…), recuerda tu primer beso o al menos, a la primera mujer que te apeteció besar, recuerda tu primera cita, tu primer sargeo, tu primer encuentro…

5. Recuerda que entonces empezó a oscurecerse el cielo. Venía la marejada, y con ella el temporal. Llegaban las olas que empezaban a azuzar el barco, que empezaban a desestabilizarlo, y poco a poco el barco se empezó a inundar. Nosotros creímos quizás que sería cosa de poco, y que en breve la marejada empezaría a amainar. Cogimos nuestro cubo de agua e intentemos echar el agua fuera. Pero las olas eran cada vez más grandes, y nuestro barquito ya se empezaba a hundir.

6. Recuerda cómo te hundiste, recuerda las sensaciones que te produjo, recuerda la siempre omnipresente sensación de esperanza, aún cuando nuestro cuerpo ya tocó el agua del mar por primera vez, y nuestro barquito se hacía trizas contra el azote del oleaje. Recuerda cuanto tiempo estuviste ahí abajo, y recuerda lo que sufriste, lo que pasaste, sólo mantenido cuerdo por una leve vela encendida en el nombre de la esperanza. Con la única luz de esa vela naufragaste en el abismo del dolor durante años.

7. Y ahora recuerda que te toca secarte al sol, que tardarás un poco en volver a recuperar las ilusiones, las esperanzas, el normal funcionamiento de tu cerebro. Recuerda recordar, no sólo los buenos momentos: los malos también nos fortalecen, porque ya pasaron y nosotros demostremos en ellos lo que valemos, y valemos tanto que estamos capacitados para vivir bajo el sol.

Conclusión sobre los recuerdos, terapia contra las enfermedades mentales

Nuestro cerebro genera ciertas sustancias en función de ciertos pensamientos. Cuando nuestros pensamientos son alegres, esas sustancias son beneficiosas: cuando nuestros pensamientos se oscurecen, esas sustancias también se oscurecen. Y además, esas sustancias son acompañadas de cierta modificación del cerebro. En el caso de las enfermedades mentales, estas lo modifican para mal. Pero un día de fiesta, un día de compañía, un día especial… modifica el cerebro para bien. También modifican el cerebro par bien los recuerdos, los bonitos más; pero los amargos quizás también, pues recordamos nuestro valor y nuestra lucha contra las olas profundas.

Y además, las personas que han pasado un gran pesar en su vida son especiales: una vez que pasó la borrasca, la persona ahora ya curada y de vuelta a tierra, puede experimentar con su renovado cerebro unas tasas de felicidad superiores a una persona normal. Es como si la naturaleza nos premiase que somos supervivientes, y nos lo premia haciéndonos capaces de experimentar sensaciones de felicidad como nunca antes hubiésemos creído. Todo el Universo es siempre y en todas sus circunstancias y en todas sus partes lo que quedó después de infinitos naufragios. El Universo entero tuvo que chocar contra sí mismo para ser lo más apoteósico que pudo llegar a ser. Lo sublime es el recuerdo de las guerras que vivimos antaño. Seamos sublimes, pues somos hombres y mujeres no pacíficos, si no victoriosos.

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  • Comments

    • alvaro dice:

      amigo necesito conversar con tigo, necesito de tu ayuda, se que no me dejaras, por favor responderme con un correo que estas dispuesto a conversar con migo.

      • Erik360 Erik360 dice:

        Hola, te he escrito a la dirección que me dices. Repito algo que te he dicho para los demás: la depresión te hace creer cosas como que el mundo se acaba. Pero no es así y un enfermo de depresión debe de respirar profundo y ver que tiene años enteros para solucionar sus problemas y su depresión.

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