Marketing personal y saber venderse uno mismo

A la hora de encontrar pareja, pero también de encontrar trabajo, de encontrar amigos, de encontrar oportunidades sociales de cualquier tipo, es fundamental algo que se suele llamar “saber venderse a uno mismo”. Eso en términos más actuales lo podemos llamar hacer un marketing personal o dar salida al producto que somos nosotros mismos. Quizás el ámbito en el que más se suele emplear este marketing personal o este saber venderse a uno mismo es el ámbito de encontrar posibles candidatos para empezar con ellos una relación de pareja. Porque si nos fijamos bien, en el mundo del comercio y de la economía, para poco sirve tener un producto muy bueno si luego no lo sabes vender. ¿Para qué nos sirve desarrollar un coche muy bueno, con muchas prestaciones, bonito, que tiene un mantenimiento bajo, que tiene mucho estilo y es muy seductor… si luego a la hora de la verdad, no lo sabemos vender? Por eso mismo la economía tradicional distingue dos grandes momentos en cuanto a los productos se refiere:

1. uno de ellos es la fabricación, diseño, concepción, creación… del producto.

2. el otro, es la distribución y venta del producto, el “darle salida”, con publicidad, con estrategias de distribución…

Es evidente que si nosotros somos seductores, somos guapos, somos atractivos, o simplemente buenos trabajadores, o buenos en cualquier otro aspecto de nuestra persona… pero no nos sabemos vender, para poco va a servirnos que seamos tan buenos si a la hora de la verdad nos atascamos a la hora de vendernos, no nos damos salida, no sabemos hacer marketing con ese producto que es bueno y que somos nosotros mismos. Por eso, dentro del mundo de la seducción, como dentro de el mundo de la producción y de la economía, podemos distinguir dos momentos:

1. hacernos más seductores, leyendo, cuidándonos, pensando, adquiriendo habilidades y conocimientos…

2. saber vendernos, ligando con chicas, socializando con gente, dándonos salida ante posibles parejas…

En este artículo, tratamos de este segundo momento, y aprendemos a hacer marketing personal y a vendernos a nosotros mismos.

Ser seductores y saber venderse como cosas distintas y complementarias

La distinción entre la parte de producción y la parte de distribución y ventas que hace la economía clásica es muy aplicable a nosotros. Por un lado, tenemos que aprender cosas, tenemos que refinarnos leyendo, tenemos que aprender a comportarnos, aprender a conversarmarketing personal y saber venderse, tenemos que tener un trabajo, unos estudios, o simplemente una vida interesante que pueda resultarle atractiva a los demás. Tenemos que tener y cultivar una personalidad interesante, madura, comprometida, atractiva y seductora en definitiva… Pero una vez que ya tenemos eso ¿para qué nos sirve si luego no sabemos “vendernos”? ¿Para qué sirve tener un buen producto si luego no sabemos distribuirlo, publicitarlo, darle salida en definitiva? Para poco evidentemente.

La economía tradicional ha visto bien ese problema: hay productos muy buenos que se venden poco por tener malas estrategias de marketing; y otros productos peores se venden bien porque tienen una buena estrategia de marketing. Esto parece injusto, pero es muy habitual. Con las personas pasa lo mismo: algunas personas que no son muy seductoras e interesantes, se venden bien porque son extrovertidas, porque siempre están en reuniones sociales, porque están siempre rodeados de gente…; pero otras personas, que son simpáticas, interesantes cultas, delicadas… luego se venden mal porque suelen ser tímidos y rehúyen las reuniones sociales, rehúyen las salidas con amigos, rehúyen ir a sitios en donde pueden interactuar, conocer , y “venderse” ante un montón de chicas (o chicos) interesantes…

Por esto mismo, en el mundo de la seducción es muy conveniente aprender esta distinción que nos ha legado la economía tradicional, entre por un lado tener algo bueno; y por otro, saber vender bien ese algo bueno. En otros artículos ya hemos aprendido cosas para hacernos a nosotros mismos como un buen producto: hemos aprendido a conversar, hemos aprendido a movernos, hemos aprendido psicología, hemos aprendido a pensar, hemos aprendido a curtir nuestra personalidad, hemos aprendido a ser unos maestros en el arte de la convivencia… Pero todo eso sólo sirve para hacer de nosotros algo bueno como producto. Luego viene otra parte, que es el saber “vendernos” o distribuirnos, el darnos salida, el ponernos ante la vista de candidatos a “comprarnos”, para que nos elijan a nosotros en vez de a alguien de la “competencia”. Por eso, para terminar el artículo damos unos consejos fundamentales para aprender a vendernos y hacer marketing de nosotros mismos. Porque para poco nos sirve tener un buen producto si luego no lo sabemos vender (de hecho, los extrovertidos puros suelen ser personas a veces poco seductoras… pero que como se venden estupendamente bien, siempre tienen a una buena pareja dispuesta a comprarlos y a quedarse con algo regular como producto pero que se ha sabido vender).

Cinco consejos para aprender a venderse y hacer marketing de nosotros

1. La presentación del producto es fundamental. Tenemos que ponernos guapos, con nuestro mejor humor, con una buena colonia, con una buena higiene… y así luciremos más que sin todo eso… Luego se trata de elegir un buen “escaparate”, salir a sitios en donde podamos conocer a posibles compradoras nuestras (o compradores). Aconsejo las reuniones de amigos, los cursos, las conferencias, o simplemente hablar con nuestras vecinas, o ir al bar y hablar con las chicas… así ya empezamos a abrirnos ante una posible clientela…

2. Es importante tomar la iniciativa si somos chicos. Si somos chicas, podemos ser un poco más pasivas pero sin pasarse de pasividad, en el arte de la seducción ellas también son activas, aunque menos que los chicos, que son los que llevan en mayor grado la iniciativa. Por eso tenemos que iniciar las relaciones públicas (no haré el chiste fácil de decir “relaciones púbicas”…) sobre todo si somos chicos, y eso consiste en conocer gente, ganarnos su confianza, irnos metiendo cada vez más en su vida, hacer amigas, hablar con chicas allí donde estén, hacer más amigas, ir ampliando nuestro potencial rango de compradoras, irlas haciendo ver de forma indirecta las bondades de nosotros como producto…

3. La estrategia de marketing también es muy importante. Tenemos que trazar planes y luego cumplirlos, analizar mercados, estudiar estrategias de ventas… Por ejemplo, sería mala estrategia de ventas irnos a misa todos los días y presentarnos ante un montón de viejecitas que salen de misa… Ese no es nuestro público. Tenemos que trazar estrategias de venta, hacer estudios de mercado… Por ejemplo, ¿dónde pudo yo encontrar a posibles clientas? Supongamos que a mi me gusta el arte… por tanto, unas tertulias literarias que se celebren en mi ciudad pueden ser un lugar muy bueno en donde yo pueda encontrar posibles compradoras de mí como producto.

4. Una vez que ya tenemos más o menos el producto puesto ante los ojos de posibles compradoras, ahora se trata de ir estrechando el círculo ante una posible compradora concreta: se trata de intentar acercarnos a ella, intentar vendernos pero sin que se note, intentar hacer que esa posible compradora se sienta muy a gusto a nuestro lado, para que inconscientemente su cerebro empiece a pensar que nosotros mismos somos un producto muy interesante que ella podría comprar debido a que compensa la inversión que ella hará en nosotros.

5. Y al final solo se trata de cerrar la venta, de “lanzarse”, una vez que ella ve que nosotros somos buen producto, pues se trata de hacerla directamente, o bien con palabras; o con gestos, miradas, acercamientos, abrazos… la oferta de que nos compre y de que se quede con nosotros. El trato se cierra con un formidable beso en los labios, que es una especie de rúbrica de que el negocio está hecho y de que al final le hemos dado salida al producto amoroso que somos nosotros mismos. Luego se trata de que la compradora quede contenta con su adquisición y no pida que la devuelvan el dinero a cambio de devolver ella el producto…

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