Novela y depresión

Hace ya casi un mes que terminé de escribir mi primera novela. Lo conseguí a la tercera, después de intentar otros dos proyectos anteriores. Todo esto es largo, y hablaré más de ello. Pero fue mi depresión lo que me hizo desistir de los otros dos proyectos. Los veía muy exigentes, y decidí que no podía. La depresión podía más que yo. Y entonces, ¿Cómo es posible que halla podido terminar una novela con depresión, y más teniendo en cuenta que es una novela de considerable extensión? Es curioso que este blog existe también por lo de mi dichosa depresión. Yo más que nada estaba interesado en el texto artístico, poético, novelesco,… pero como no me veía capaz de empezar con ello debido a mis circunstancias, decidí empezar con este blog. Esta historia ya la he contado, y que iba sobre un tipo con un blog de seducción,… Así que cuando este tipo me rechazó de forma tan humillante, decidí empezar a hacerle la competencia. Después de todo, si no podía escribir novela, escribir poesía, componer música, o intentar diseñar coches más eficientes (me encanta la ingeniería también…), al menos podía hacerle la competencia a ese completo capullo. Eso me motivó, y al fin terminé levantando todo este blog de extensión ya considerable. Me falta añadirle el vídeo-blog, pero es que me da pereza ponerme delante de la cámara… pero lo haré espero que en poco (sigo siendo tímido, por eso me corto más… pero precisamente puede ser una buena forma de seguir siendo cada vez más sociable y tenerle menos miedo a lo que los demás piensen de mí):

Y decía, ¿Cómo es que pude terminar esa novela que tengo por ahí, esperando respuesta de editoriales? Pues fácil: me obligué a hacerlo. Es cierto que con lo de la depresión lo tenía difícil, pues una novela es un texto muy exigente, y por eso mismo yo decía “jo, no puedo, si no me tengo de pies, entonces ¿Como pienso en escribir una novela?” Pero podía aunque creía que no podía. Me obligué, o mejor dicho… el plazo para de un concurso de novela me obligó a terminarla (las otras dos novelas las dejé nada más empezar pues me sentía agotado, pero en esta otra la motivación del plazo del concurso me obligó a hacer algo que yo creía que no podía hacer, pero sí podía). La moraleja es clara: aunque creas que no puedes, aunque creas que no estás preparado para hacer algo, aunque crees que “aún no es el momento” y que necesitas más tiempo, a veces puedes. Quiero decir, que es un poco como le pasa a alguien que se ha roto una pierna (yo lo sufrí con un esguince). Cuando llevas meses con muletas, tienes miedo a apoyar el pie en el suelo, y dices “jo, no puedo” o “todavía no, es peligroso”. Pero cuando ha llegado tu momento, tienes que ser valiente, porque aunque te duela la pierna al dejar las muletas y apoyar la pierna rota en el suelo, eso no significa que no halla llegado el momento.Novela y depresión A veces, en el ejemplo que pongo de la pierna rota, los médicos obligan a sus pacientes a apoyar el pie en el suelo, pues estos no quieren, pues creen que la pierna aún dolorida se va a volver a “chascar” cuando pongas el pié en el suelo. Pero a veces es cierto que no ha llegado el momento, como le pasa al pobre campesino de “los santos inocentes”, que se “troncha” de nuevo la pierna por que su amo le obligó a apoyarla demasiado pronto. Basta de metáforas.

Al final he podido completar mi primera novela. Lo cierto es que pasé de pensar “no puedo escribir porque tengo depresión” a pensar “escribir es mi terapia contra la depresión”. La novela que he escrito está presentada a un importante concurso literario, me da igual lo que piense el jurado de ella: a mi me encanta, yo sólo escribo para que me guste a mí mismo, y yo a mí me gusto, sobre todo como novelista, como artista,… pero en general yo tengo la autoestima alta, la depresión no consiguió arruinar el amor hacia mí mismo (sin convertir ese amor en lo que comúnmente se suele convertir: una manifestación de egoísmo extremo).

Por supuesto, de momento no puedo decir el nombre de la novela. De cualquier forma, si no consigo publicarla por editorial, la autopublicaré y la venderé por aquí. No la regalo porque pretendo “vivir del cuento”, y es un poco difícil vivir de la literatura si regalas tu obra. Pero ya digo: yo escribo lo que a mi me gusta; y escribo para que me guste a mí. Me da igual lo que piense el respetable jurado del concurso, y los lectores profesionales de la editorial, pues estos segundos en el fondo son los que eligen cual es la obra que debe de ser finalista, primero, y ganadora, después. El jurado no suele tener un papel decisivo, están ahí para ser testigos de que se premia a la mejor, son eso, simplemente jurado. Pero reconozco que no estoy completamente seguro de eso…

En fin, como tengo por ahí un trocito de la primera novela que intenté comenzar, pero que no pude acabar por la depresión, la publicaré en dos trozos, dos artículos que serán artículos-relatos más bien…  Trata sobre uno de mis personajes principales, Evaristo García, personaje que aparecerá en mi segunda novela, junto con mi otro personaje estrella, Alexa Evangelines. Al final he decidido fusionar la historia de estos dos pequeños gigantes. Me da igual lo que piensen los demás de mis escritos, al fin y al cabo yo mismo vomito sobre muchas cosas que leo por ahí (publicadas por editorial), malísimo, sin gracia, sin pasión… A mi nadie nunca podrá echarme en cara que no tengo pasión. Mi nombre es la pasión y toda mi vida he luchado por la bandera de lo sublime. En los dos próximos artículos, el inicio de la que fue mi primer abandono de novela, que será sólo un pequeño adelanto de mi primera novela publicada, además de ser un adelanto de mi segunda novela, aún ni siquiera escrita. A mi me da igual lo que le parezca a la gente, como digo: a mi me encanta, y a mi me encanto. Esa debe de ser una norma fundamental para salir de la depresión: quiérete, perdónate y perdona, aprende a aceptarte como eres. Se moral, pero no tonto; se orgulloso pero no egoísta. Vive por los demás más que por ti; pero aprende que debes de ser grande para que los demás estén dispuestos ha hacer lo propio. Queremos a los demás, pero sólo cuando los demás merecen la pena. Y a nosotros nos quieren los demás, pero sólo cuando nosotros merecemos la pena. Aprende que todo llega, y que el dolor al final acaba. A veces es la muerte el fin del dolor, como creyó Buda; pero a veces el fin del dolor no viene con la insensibilidad de la nada; si no con una nueva oportunidad entre los vivos. Yo sueño demasiado con esa oportunidad, con que al fin terminará todo esto, con que un día se abrirá una puerta que me saque al fin del infierno en el que me perdí. Termino con una frase que sale más o menos en mi primera novela, en los dos próximos artículos, publicaré ese retazo de la que fue mi novela abandonada. No en el nombre de la derrota; si no en el nombre del repliegue táctico. Cuando no podemos vivir porque el mundo está en llamas, corremos hacia profundas cavernas, y ahí esperamos para que algún día, quizás, tengamos de nuevo una nueva oportunidad entre los felices. A veces esto no llega, llevamos demasiado tiempo en la caverna, y cuando pensamos en la muerte entonces nuestro cerebro reacciona con una sensación placentera: si no podemos vivir, al menos que termine ya este tormento. Esta sensación la tuve hace unos días, en otro mal día. Yo sólo quiero vivir para entender a la pasión y mi nombre es la pasión. No me interesan los verduleros, los pragmáticos, los degenerados mentales y los que creen que los hombres deben de ser duros de carácter, deben de evitar mostrar sus sensaciones, deben de cerrar su mundo interior como si descargásemos un montón de cemento sobre el pozo de nuestra alma…¡Vasta! Hasta aquí, en los dos próximos capítulos, dos trocitos de mi mundo.

 

“Cuando hemos pasado tanto tiempo en lo profundo del infierno, ahora no puede nadie pretender que tengamos miedo bajo la luz del sol”.

P.D. Y con todo, fue una buena idea empezar escribiendo este blog antes de mis primeras novelas (blog que ya es más largo que El Señor de los Anillos). Esto me ha dado un oficio que antes no tenía… aunque a su vez yo vomito sobre esos novelistas de “oficio”, que se toman su trabajo como si fuesen cesteros…

Una novela abandonada 1

Una novela abandonada 2

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