Optimistas contra pesimistas

Estamos en plena crisis económica. En España tenemos dos crisis: una de ellas producida por la falta de crédito como consecuencia del colapso del mercado financiero; y otra producida por el estallido de la burbuja inmobiliaria (burbuja que Alemania evitó, por cierto, y que nosotros busquemos). En España hemos pasado del 10% de paro al 26%.La mitad del aumento de este paro la produce la crisis financiera; y la otra mitad la crisis del ladrillo. Y es que hay gente que ha asociado el colapso del mercado financiero a la existencia el libros de pensamiento positivo tipo “El Secreto” (nuestra particular Biblia del anticristo, por ser un libro escrito por preescolares para personas sin media neurona sana en su rematado cerebro…). ¿Es por tanto malo ser optimista? ¿Es mejor ser pesimista para ponernos en lo peor, y así conseguir que el toro no nos pille por sorpresa? (mira que estoy yo refranero últimamente…). El debate entre los optimistas y los pesimitas es tan interesante, que se merecería un libro enterito sólo para él… (un libro de verdad, no un panfleto como es “El Secreto“). Y es que, ironías de la vida, en este debate está el secreto de por qué hemos entrado en la crisis; y el secreto de cómo vamos a salir de ella… En este interesante artículo para todos esos que se preocupan de cuestiones económicas, pero también de cuestiones de éxito en su más amplio significado, analizamos la temática de los optimistas contra los pesimistas.

El optimismo y la crisis financiera

El mercado de las “hipotecas basura” de los Estados Unidos ha sido el gran responsable de la crisis financiera (no confundir con la crisis ética, de valores y económica que en España propició la burbuja inmobiliaria). Básicamente las hipotecas basuras yankies prosperaron en un ambiente de algo así como “que cada uno haga lo que le de la gana”, que propició el descontrol de las entidades bancarias, que aprovecharon este descontrol para vender hipotecas hasta a las personas “sin techo” que es evidente que no podrían “pagar” esas hipotecas. Así, en USA todo el mundo se compró una casa. Para ello pidieron hipotecas. Como la economía de USA era tan fuerte, pues nadie se estaba dando cuenta que se le estaban vendiendo hipotecas a personas que no podían siquiera ni pagar la comida que ingerirían en ese día. Total, que al final todo se derrumbó, como un castillo de naipes que llevaba mucho tiempo creciendo y “meneándose”, hasta que al final se vino abajo. Al final los bancos pasaron de dar hipotecas hasta a los “sin techo”; a no dar hipotecas a nadie. Y como el dinero no circulaba pues la economía internacional se estancó.

Hay importantes sociólogos que creen que el mercado irresponsable de las “hipotecas basuras” yankies se ha debido a la dejadez y al “optimismo” que nos han vendido desde libros como El Secreto:

“Usted no se preocupe, sea feliz. Si quiere hacer algo, pues hágalo. Usted es el centro del mundo y el Universo conspirará siempre a su favor. Así que no se ponga en lo peor: póngase en lo mejor porque lo mejor es lo que sucederá. Si tiene que pedir usted una hipoteca y tiene miedo de que a lo mejor no pueda seguir pagándola, pues no piense eso y pídala. No se preocupe ni se complique. Usted solo sea “positivo”. El mundo es un lugar maravilloso para que los mamones prosperen, así que sea usted todo lo irresponsable que pueda y al final, de forma mágica, los problemas que su irresponsabilidad causen a la macroeconomía se solucionarán como por arte de magia…”.

No nos debe de extrañar que ahora se hable de “optimismo inteligente“, visto que este tipo de optimismo es para personas de unas capacidades cognitivas muy cuestionables… Este tipo de optimismo es absurdo y sólo será acepado por personas medio idiotas. Puedo adelantar un “secreto”: las personas más inteligentes son optimistas y pesimistas a la vez.

Personas optimistas y personas pesimistas

Podemos poner un ejemplo muy gráfico que ilustre el debate, y los puntos a favor de los optimistas y de los pesimistas:

Una empresa cuenta con dos grandes ingenieros de aviones. Ambos ingenieros diseñan aviones muy buenos. Pero ambos ingenieros diseñan aviones distintos, debido que sus respectivas personalidades, aunque en ambos casos brillantes, son muy distintas entre sí. Y resulta que uno de los ingenieros tiene una brillante personalidad optimista, creativa, siempre cree que las cosas saldrán bien y se suele poner en lo mejor: cree en el poder de lo creativo por encima de lo destructivo. A la personalidad brillante del ingeniero optimista se contrapone la no menos brillante personalidad del ingeniero pesimista: este en cambio cree que el Universo en sí mismo es más destructivo que creativo: nosotros mismos somos el resultado del estallido de enormes estrellas, somos cenizas de la grandeza ajena. Por tanto este ingeniero pesimista se pone en lo peor a la hora de crear aviones: siempre potencia mucho los elementos de seguridad, busca soluciones para los casos de averías en aviones, y al final diseña sus aviones creyendo que el mal puede aparecer al doblar cada esquina.

Y ahora pensemos que ambos ingenieros, tanto el optimista como el pesimista diseñan un avión. El optimista sigue si filosofía creativa, se pone en lo mejor, cree que en el lado bueno del mundo; en cambio el pesimista sigue su filosofía destructiva, se pone en lo peor, cree que siempre tenemos que estar preparados para lo peor… ¿En cual de estos aviones nos subiríamos si tuviésemos que volar al otro extremo del mundo?

Optimismo inteligente

Nuestro ingeniero optimista no es un capullo que se ha creído las tonterías de el libro “El Secreto”. Es un hombre brillante. No maneja el optimismo estúpido del pensamiento positivo; más que eso, él cree en un optimismo inteligente. Descartando el optimismo estúpido de El Secreto, como un optimismo creado por y para ricos que han tenido todo en la vida ya desde la mismísima cuna: ¿qué es mejor, el optimismo inteligente; o el pesimismo… también inteligente? Y es que parece que ponernos en lo peor puede ser una inteligente forma de conseguir lo mejor: si nosotros diseñamos un avión para lo peor, pues es evidente que si ocurre por ejemplo una avería a bordo, la seguridad del avión sería superior a la de un avión diseñado como si este no pudiese averiarse.

La crisis económica y el optimismo

Ironías de la vida yo mismo me he dado cuenta que el optimismo estúpido ha sido el gran responsable de la crisis. Y el optimismo, en este caso, inteligente, puede ser la gran salida de la crisis. En España hasta hace poco todo el mundo quería una vida fácil, un buen trabajo asalariado, sin complicaciones… Pero con la crisis la gente se está espabilando, se está haciendo más creativa, más trabajadora, con más iniciativa. Ya no buscamos lo fácil: ahora buscamos lo que funciona. Y funciona el trabajo, no el trabajo automático; si no el trabajo inteligente y creativo. Una de las grandes teorías de las crisis económicas sostiene que la gente en periodos de bonanza se vuelve demasiado pasota, vaga, poco creativa y trabajadora (trabajo creativo, en España se ha trabajado mucho en la construcción y otros oficios de dudoso provecho para el país). Además, esta misma gente empieza a tener una estúpida e infundada confianza de que, como las cosas son fáciles ahora, será así para siempre. Así la gente se empieza a leer el libro “El Secreto” y termina por confirmar sus absurdas creencias…. Pero al final llega la crisis, y la gente por más que repite “quiero trabajo, quiero dinero, quiero un chalet” al Universo, pues este no les concede ninguna de estas cosas… y al final, la gente tiene que ir abandonando su estúpido optimismo, su vagancia, su ineptitud, su pasotismo… y volverse más creativa, más inteligente, más activa… en esta transformación le va a la sociedad el lograr sobrevivir. Las necesidades económicas “escarmientan” a la gente, y esta por meras necesidades de supervivencia tiene que sacar toda la neurona y toda la creatividad que tiene dentro. Las épocas en donde más genios hay comúnmente son épocas de crisis (recuérdese esa terrible etapa de la historia de la humanidad llamada “El Renacimiento”).

Así, la gente se vuelve “optimista inteligente” a su vez que “pesimista inteligente”. Por ejemplo, una persona que está montando un negocio, por ejemplo, de fabricación de paraguas, será a al vez optimista inteligente y pesimista inteligente.

-El optimismo inteligente le ayudará a este paragüero a poner en marcha una producción abundante, en la esperanza de que en el otoño siguiente llueva mucho y así sus ventas se disparen.

- Pero a su vez este paragüero usará el pesimismo inteligente, que le hará ponerse en lo peor, como que en el otoño siguiente llueva poco, y así estará preparado para este caso de “avería” y, aunque dañado, logrará salir vivo de este percance porque fue previsor y a lo mejor creó los paraguas con una técnica mediante la que se podía con pocos ajustes transformar a estos paraguas en sombrillas…

Pesimismo no inteligente

Por supuesto hay también un pesimismo estúpido que nos puede llevar por ejemplo, a dejar de buscar trabajo sólo porque nos ponemos tan en lo peor que simplemente creemos que ya nunca vamos a encontrar trabajo en la vida… Lo mismo pasa a la hora de buscar novia, de superar nuestros problemas, de conseguir nuestros sueños… Si siempre nos ponemos en lo peor, pues es evidente que lo peor ocurrirá porque simplemente no le damos la oportunidad a lo mejor de ocurrir. hay que ser a su vez optimistas inteligentes y pesimistas inteligentes. El éxito en todos los órdenes de la vida consiste en ser a la vez optimista inteligente y pesimista inteligente, evitando tanto el optimismo estúpido como el pesimismo estúpido (yo tiro al pesimismo estúpido a veces… algo que me ha costado muchas oportunidades).

Conclusión sobre optimismo contra pesimismo

Pero ¿en cual de los dos aviones nos montaríamos al final, en el avión diseñado por el optimista inteligente; o en el avión diseñado por el pesimista inteligente? Digamos que ambos aviones podrían ser igual de buenos, pues el optimista inteligente le ha dado a su avión sus características: es arriesgado, creativo, orgulloso en su limpio transitar por los cielos; y el pesimista inteligente le ha dado a su avión sus características: es cuidadoso, no tan soberbio pero seguro, transita con no tanta elegancia por los cielos, pero a su vez si pasa algo malo estará más preparado… Aunque el avión del pesimista inteligente está más preparado para si pasa algo malo, a su vez tiene más posibilidades de que le pase algo malo. Digamos que lo ideal hubiese sido un avión realizado por una persona que es a su vez optimista inteligente, y pesimista inteligente. Así hubiese tenido las virtudes de cada lado escapando a su vez de los defectos de cada lado.

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