Pasar los momentos de crisis de nuestra vida

Supongo que todos nosotros estamos nadando en el puro vómito del cinismo que nos rodea, vómito que viene siempre procedente desde la misma dirección: esos medios controlados por personas que tuvieron su primer yate con siete años. No voy a hablar de crisis económica en este artículo, los ricos están imponiendo sus soluciones de “largo plazo”, al fin y al cabo a ellos no les corre prisa encontrar un trabajo o llegar a fin de mes. Voy a hablar de nuestras propias crisis vitales y personales. Todos hemos pasado por malos momentos en nuestra vida. Son nuestros particulares momentos de crisis: ese año en el que perdimos a un padre; la temporada en donde entremos en depresión porque cortemos con nuestra novia; esa época en la que estamos parados y no le encontramos ningún sentido al mundo; los momentos en donde nuestro cerebro no consigue más que generar en nosotros dolor y los momentos de placer sólo se ven en el horizonte como un espejismo de tiempos ya demasiado lejanos… Es curioso, pero muchas personas van salteando por estos momentos de crisis, hasta el punto de que apenas han sumado un puñado de días tristes y de incertidumbre en toda su vida; mientras otras personas parecen ir de crisis en crisis, y llegan a los 70 años hastiados de la vida y cuando cuentan los días en los que han sido felices no pueden contar más de 10 o 20. En nuestro propio temperamento ya está marcado el si somos más pesimistas, más amargados, con más tendencia a caer en pozo tras pozo; o en cambio somos más optimistas, más alegres y nuestras miradas escapan siempre de la visión del lado malo del mundo. Por tanto, hay personas pesimistas y personas optimistas. Los segundos con mucho son más felices, y tienen una asombrosa facilidad para escapar de los momentos de crisis y de dolor. Quizás es el momento de que los primeros aprendan de estos segundos, de que los pesimistas aprendan de los optimistas. En este artículo, pasar los momentos de crisis de nuestra vida.

Cambios en nuestra vida

En todas las culturas existen los tiempos de crisis, los tiempos de cambio, de transformación. Cambiar y transformarse a veces puede ser muy doloroso, sobre todo cuando este cambio y esta transformación se produce en poco tiempo. Por ejemplo, estos cambios dolorosos se producen cuando dejamos de vivir con los padres y nos vamos a vivir por nuestra cuenta. Sí, algunos esto se lo toman como una fiesta; pero para otros es más duro, es difícil acostumbrarse. Otros de estos cortos y dolorosos cambios pueden ser cuando rompemos con nuestra pareja, aunque el cambio fue tajante, pasan muchos meses hasta que nos hacemos a la idea de no seguir viviendo nuestra vida al lado de esa persona que ha sido tan importante en ella.

Pero aún así, los peores cambios y las peores transformaciones, las que mas duelen y las que cuyo dolor más se enquistan, son esos momentos-cambios en los que nos quedamos atascados en una zona particular de nuestra vida, y así pueden pasar años enteros sin saber qué hacer, sin saber a donde ir o sin saber cómo vamos a salir de este cambio tan largo y doloroso.

No es malo tener heridas en nuestro cuerpo. Eso es normal, todo nuestro cuerpo se hace y se deshace constantemente. Lo malo es que la espada que nos hirió no termine de irse de nuestras carnes, para que así esa herida pasada empiece a cerrar y cicatrizar.

Se trata de afrontar nuestra situación, de ser valientes, de trazar un plan, y de ir poquito a poco, mejorando cada día un poco más, sin prisa pero sin pausa. Las heridas enquistadas de larga duración parece que cierran mejor poco a poco. Aunque dicen que

“a grandes males grandes remedios”

a veces tenemos grandes males en nuestra vida y en nuestra alma, y a veces no tenemos esos grandes remedios que nos demanda el refrán. Pero incluso con pequeños remedios, poquito a poco, al modo de ese ratoncito que roe día tras día una enorme pared de piedra hasta que al final consigue derribar por completo esta pared, así nosotros con nuestros pequeños remedíos, a base de echarle tiempo, podemos hacer frente a nuestras crisis vitales y a esos periodos en donde parece que estamos atascados en nuestra vida.

No es malo ser un juguete roto: lo malo es no ser un juguete redimido y cosido después. No importa que un muñeco de trapo tenga muchas puntadas. Precisamente esas puntadas pueden ser tan resistentes que ese muñeco de trapo ya casi sea irrompible de tanta fortificación que tiene encima  a base de remiendos.

Todos pasaremos crisis en nuestras vidas. Esos momentos pasarán y cuando en el futuro miremos atrás, veremos que el dolor pasado a veces es necesario para madurar y para conseguir la felicidad futura. Hay hasta algún psicólogo que ha realizado una teoría matemática de la felicidad, en la cual se sostiene que todos los hombres sin excepción tienen la misma felicidad en su vida cuando mueren: simplemente cuando sufres, el futuro te lo compensará dándote mayores posibilidades para ser feliz.

Como decimos, estas crisis se pueden pasar de forma rápida o de forma lenta. Pero siempre se trata de afrontar nuestro destino, de echarle agallas y hacer lo que tenemos que hacer. Si es verdad eso de que “sin política no hay esperanza”, entonces nosotros mismos nos deberíamos desesperar porque el geta y el trepa siguen acaparando todos las sillas desde donde se gobierna el mundo. Pero yo creo que con fuerza y voluntad siempre hay esperanza. Por eso terminamos el artículo con una serie de momentos de nuestro inspirador arte, en forma de cine, de libros… en donde los personajes de estas obras decidieron ponerle voluntad, echarle un par de cojones y afrontar el final de sus crisis particulares.

“Tan cerca está la luz, y tan cortas son las cadenas”

Grandes formas de afrontar una crisis vital

1. Película Braveheart. Es mítico el momento en donde William Wallace, después del asesinato de su mujer a manos de los ingleses, decide decir “basta”, coge su espada, su caballo, y baja hasta el poblado en donde están los ingleses para empezar su propia guerra de liberación personal, en forma de venganza contra los que mataron a su mujer; y de paso iniciar la rebelión que terminaría con la libertad de un pueblo entero.

2. Gladiator. El protagonista, Máximo Décimo Meridio, después de uno de los espectaculares combates en el Coliseo, decide decir basta, y contradiciendo todas las normas le da la espalda al emperador, harto ya de humillarse ante el poderoso, harto de las injusticias, de la cobardía de los que mandan… y recordando también el asesinato de su mujer y de su hijo, le da la espalda al hombre más poderoso de La Tierra, como diciendo “eres tan poco hombre que un esclavo cualquiera te puede desafiar en tu propio terreno de juego”.

3. Matrix. Es famoso el pastillero momento en donde Neo decide romper con su alegre pero falsa realidad; y a cambo decide ingresar en un mundo mucho más terrible, pero a su vez un mundo real. Ahora el objetivo de Neo será que coincidan belleza y realidad, con lucha contra las máquinas, que se extienden en campos de cientos de millones de kilómetros, que son los seres más terribles que ha habido nunca sobre La Tierra, que dominan a la humanidad que permanece dormida y esclavizada formando enormes campos humanos, en donde las máquinas les chupan a estos la sangre a cambio de darles a las débiles almas humanas una falsa realidad en donde la felicidad también puede ser sólo falsa.

4. Novela La Reina de los Hielos. Hay muchos momentos interesantes en esta mi primera novela. Quizás me gusta especialmente el momento en donde dos pequeños fugitivos, le echan agallas, y deciden intentar la fuga de su horrible prisión, en un palacio oscuro, en el oscuro País de Varia, en donde sólo se extienden cenizas y ejércitos de orcos. Estos dos enternecedores pequeños estaban rodeados por todos los lados de cenizas, de muerte, de oscuridad, de desesperanzas, de ejércitos diabólicos… pero aún así, decidieron afrontar su destino e intentar escapar. Al final, un salto al abismo los precipitó casi de cabeza hacia su final cuando estaban a punto de ser masacrados por los jinetes orcos y por sus lobos de dientes desgarradores. En el fondo de este abismo encontraron su destino y su escapatoria, sea escapatoria en vida o en muerte. Cuando estamos en crisis y decidimos saltar a un ciego abismo, nunca se sabe lo que nos podemos encontrar al final del abismo. Si estamos encerrados y rodeados de oscuridad, no hay duda de que la luz de nuestros corazones nos empujará y nos iluminará para escapar de nuestra oscuridad.

5. Novela Los Miserables, de Víctor Hugo (que era casi tan buen escritor como yo…). En esta novela de envergadura, hay un momento que llenó mi corazón con el más puro gozo de la esperanza y de la épica más sencilla y primigenia. Cosette, la niña adoptada por el malvado Thénardier y por su mujer, caminaba en la oscuridad de una noche desapacible entre tinieblas. No recuerdo de quien escapaba, pero escapaba, creo que de sus malvados padrastros. La oscuridad era total, la niña si no recuerdo mal había decidido huir de su casa aunque eso supusiese pasarse el resto de su vida viviendo en la calle, como una huérfana más. Con el tiempo, la esperaba la pobreza, seguramente la prostitución, la mala vida, un destino poco apetecible. Esa oscuridad por la que caminaba Cosette en esa noche inquieta, era un poco la metáfora de ese mal destino que la esperaba a la niña. Pero de repente, ella, que caminaba asustada en medio de la oscuridad, con miedo, con un gran horror a que algo pudiese surgir de la oscuridad para devorarla completamente y al fin por todos los tiempos de la faz de una tierra en la que ella fue una desheredada de su dulce y muerta madre Fantine, ella siente (lo recuerdo aproximadamente, hace años que leí esta novela), siente cómo algo la agarra la mano, a ella, que caminaba asustada entre tinieblas. Ella se asusta, pero en no mucho tiempo, una linterna que llevaba el ser que la agarró la mano se ilumina. Y Cosette se ve a sí misma y a el extraño hombre que la acaba de agarrar la mano, caminando juntos por medio del campo, en la noche, iluminados por una linterna. El hombre no hace más muecas, simplemente camina de una mano llevando la linterna, y de otra mano llevando a Cosette. Cosette se siente tranquila: sabe que ese hombre ha ido a rescatarla de la oscuridad, a rescatarla de una vida arruinada, y llevarla a un porvenir que antes no tenía, cuando caminaba a oscuras en la noche hasta que en el medio de la desesperanza un rayo de luz vino a rescatarla. Preciosa metáfora del renacimiento de Europa desde su propia oscura superstición, esperemos que Jean Valjean, el símbolo del liberalismo, de la inteligencia, de la prosperidad y de las luces de la decadente Europa, nos venga a salvar en esta noche oscura, en donde escritores mediocres como Boris Izaguirre o como Lucía Echeverría se dedican a ser encumbrados por la mafia editorial, para luego salir en insustanciales programas del corazón diciendo unas tonterías casi del calibre de las tonterías que escriben, atontando de este modo aún mas a la gente que ve esos programas del corazón, hacen retroceder a Europa de vuelta hasta sus tinieblas, inundando todo de nuevo en el sopor de esta noche de crisis en esta década de crisis.

Los que queden vivos que busquen la luz

Los que odian la luz que recen

Los que aman la luz que piensen

Los grandes vivos que murieron añorando la luz, que descansen en su merecido pero injusto escapar de la oscuridad

Los grandes vivos que sigan vivos que no recen por los grandes muertos que se fueron. A cambio, que piensen, y que piensen no por ellos; si no por ellos; y que piensen no por ellos, si no en ellos

En el recuerdo llevamos grandes nombres. Esos hombres que como Victor Hugo aún viven en nuestros recuerdos, porque nosotros los seguimos amando

Así, amemos y pensemos en esas grandes personas que estuvieron en vida a nuestro lado, y que ya se fueron al otro lado

No hay oscuridad más que en vida. La muerte sólo es el librarse de todas las oscuridades posibles

No hay más funeral que la falta de luz. Que nuestros ojos vuelvan a ver la luz antes de que los ojos de los demás vean nuestro funeral

Con luz o sin luz, estamos orgullosos de haber sido nosotros mismos. Y estamos orgullosos de haber conocido a tantas personas dignas de ser amadas y de ser recordadas. Nosotros creemos que también nos hemos hecho merecedores de ser amados y de ser recordados

En el peor de los casos siempre habrá un final. A lo mejor ese final no consiste en volver a ver la luz. Pero al menos ya perderemos para toda la eternidad de vista a nuestra tormentosa oscuridad.

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