Pelillos a la mar o adiós a los rencores

Seguro que todos hemos tenido alguna riña con seres queridos o amigos. Estas riñas a veces son por cosas insignificantes, pero comúnmente causan prejuicios muy significantes. Hermanos que llevan años sin hablarse, amigos que discutieron por cosas estúpidas, familias enteras que se pelearon por la herencia,… son sólo algunos ejemplos de los perjuicios que pueden tener las riñas en la familia o entre los amigos. A veces después de estas riñas existe la posibilidad de la reconciliación, pero el estúpido orgullo y la cabezonería hacen que muchas veces esa reconciliación no se produzca. Al fin y al cabo, hay gente que puede haber pasado un perjuicio muy fuerte debido a que alguien lo traición… Ya pusimos en otro artículo el ejemplo de una mujer que se reconcilió con una hermana que la había robado a la primera su parte en un boleto de lotería premiado… Las hermanas hicieron las paces a pesar del grave perjuicio. Y es que a pesa de todo, si al perjuicio de que alguien te haga algo malo se le añade el perder a ese alguien entonces ya no es un solo perjuicio si no dos. Por eso en este artículo aprenderemos a reconciliarnos con familiares, amigos, seres queridos,… con los que quizás en el pasado discutimos, tanto por temas sin importancia como por cuestiones más graves. La expresión del castellano “pelillos a la mar” nos viene perfecta para ilustrar lo que proponemos en este artículo. En este artículo, pelillos a la mar y adiós a los rencores.

Los errores de la razón

A veces somos excesivamente racionales. Y entre esos racionamientos “excesivos”, hay algunos que hacen referencia a la temática de nuestro artículo: a veces pensamos y razonamos terminado así por creer que alguien que nos haya hecho un gran peejuicio no se le puede perdonar de ninguna manera…Pelillos a la mar o adiós a los rencores Pero el hombre no actúa tanto por razones, como por sentimientos. Por eso, tras el aparente enfado, seguramente haya algo distinto que tiene que ver con el distanciamiento y la dificultad de volver a acercarse a alguien, y volver a hablar con alguien con el que discutimos hace tiempo. Digamos que ha veces el hábito sí hace al monje, y simplemente el alejamiento y la indiferencia termina por hacernos creer que de verdad hay algo más profundo tras una relación de odio que surgió desde una antigua relación de amor.

De hecho, tendemos a masificar el daño que nos hacen la gente en la que confiábamos. Por ejemplo, a la hermana de nuestro ejemplo de arriba, perjudicada porque la otra hermana se quedó con su parte del premio de la lotería, es muy posible que ese aparente gran daño fuese en realidad un daño mucho más pequeño. Es muy posible que a pesar de perder miles de euros, la hermana que fue estafada por su propia hermana no sufriese tan gran perjuicio como ella cree, seguramente su vida no hubiese cambiado para nada. Por eso, lo primero que tenemos que hacer a la hora de lanzar esos “pelillos a la mar” es razonar un poco menos, y hacer eso que nos apetece. Y si nos apetece reconciliarnos con un antiguo ser querido con el que discutimos, pues simplemente ese es una buena razón para efectivamente hacerlo.

“Perdono pero no olvido”

La frase que encabeza este título es muy repetida entre hermanos que tras una discusión, han hecho las paces y se han vuelto a hablar. Es una frase muy estúpida, de hecho no sé muy bien qué significa… hemos dicho arriba que en toda esta temática tendemos a razonar (y razonar mal) sobre cuestiones que son más sencillas que todo eso: si te apetece hacer algo hazlo y no le des tantas vueltas. Si te apetece olvidar viejos rencores y reconciliarse con ese familiar con el que llevas mucho tiempo sin hablarte, hazlo. No tienes ni que perdonar, ni que no perdonar, ni que olvidar, ni que no olvidar, ni que pollas, ni que leches… Simplemente acuérdate de la expresión tan genial de “pelillos a la mar”, o sea, que pasase lo que pasase tiempo atrás, eso ahora da igual y simplemente es cuestión de no pensar tanto y hacer eso que tantas ganas tenemos de hacer: reconciliarnos con esa persona que perdimos hace tiempo. No hay que darle tantas vueltas, ni pensar tanto en si “es que me hizo mucho daño”; o en que si “es que no me ha pagado lo que me debe”, o en que si “es que yo no podré volver a hablarlo…”. Simplemente todas las viejas riñas, las viejas redecillas y los viejos rencores deben de irse junto con los pelos al mar…

Cómo volver a acercarnos a esos familiares o amigos con los que discutimos

Es difícil a veces volver a acercarse a ese familiar con el que tuvimos una riña hace tiempo. La clave está en ir acercándonos progresivamente a ese familiar, ir hablando cada vez más con él, aunque quizás nos cueste volver a dirigirlo la palabra, luchar contra esa pesadez hasta vencerla. Y sobre todo, se puede ser progresivo: no hace falta que en un solo día se solucione todo y ya estemos reconciliados con ese familiar (aunque puede pasar); nos vale con ir dando pequeños pasos, a lo largo de una serie de días y de encuentros. Y es muy importante también no retroceder en esos pequeños pasos, simplemente ir poquito a poco, acercándonos, hablando con ese familiar con el que tuvimos un conflicto,… hasta que al fin veremos que no era tan difícil retomar la relación con ese familiar; y que no era tan difícil volver a dirigirle la palabra a ese familiar con el que tanto tiempo llevábamos sin hablarnos.

Por supuesto es importante la actitud: hay que positivizarse, positivizar los pensamientos, controlar el pensamiento, si por ejemplo nos viene un pensamiento que diga algo así como “esta cabrona no me daba dinero…” pues es evidente que tenemos que parar ese pensamiento luchando contra nosotros mismos. Si tomamos el control de nuestro propio pensamiento, tendremos mucho hecho. Con el pensamiento no se controla el mundo, como cree la capulla de El Secreto: pero si controlamos el mundo de nuestro propio pensamiento, entonces la felicidad estará más cerca, junto con esas personas que perdimos hace tiempo y hoy recuperamos.

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