Perfeccionarnos como hombres y mujeres: crecimiento personal

Tengo que decirlo: creo que un porcentaje muy alto de los universitarios con tanto títulos no tienen media cabeza… Ellos van por ahí presumiendo de títulos, de masters, de formación… Pero ¿de verdad destacan como hombres, no será que presumen de que tienen un master porque no pueden presumir de que destacan como hombres o mujeres? Contaba uno de mis maestros, el Ibérico José Saramago, que la persona más sabia que había conocido en su vida no sabía ni leer ni escribir. Era su abuelo. Y ya para acabar para siempre con ese mito: estudiar está muy bien, pero con el modelo de educación actual, estudiar no te hace mejor como persona. De echo, el principal factor que hace que nosotros hayamos estudiado en la Universidad o no, no tiene que ver con nuestra inteligencia, sino con el estatus de nuestros padres: siendo un pueblo de campesinos analfabetos, por ejemplo, sólo se tiene un 10% de posibilidades de tener estudios universitarios; pero si eres hijo de médicos, tienes un 90%. Y sobre todo, como digo, memorizar datos no sirve para perfeccionarse como hombre o como mujer. En este artículo, el secreto para perfeccionarnos como hombres o como mujeres.

Lo antiguo y el mundo moderno

Estamos un poco entre dos mundos: el viejo mundo patriarcal, en donde todo giraba en torno al modelo de familia tradicional, con valores “cristianos”; estructura piramidal, Dios arriba, el padre le sigue, y luego, sometidos a ellos, la mujer y los hijos. Por supuesto, la estructura política de este sistema patriarcal se ajusta también a este esquema: el presidente gobierna despóticamente, y los demás obedecen sin rechistar.

Y por otro lado, tenemos el nuevo mundo moderno: no hay familia, no hay amigos fijos, no hay nada fino, no hay orden, nadie manda, cada uno hace lo que le de la gana, el individuo se aísla en su mundo, y ya nadie manda sobre él, aunque a cambio, se encuentra solo y un tanto desocializado. Eso sí, la estructura política apenas cambia, y sigue siendo eminentemente patriarcal.

Y es que a mi no me gustan ninguno de estos dos mundos… Detecto cosas buenas y malas en ambos… Sería cuestión de coger lo mejor de ambos y rehacer la malograda cultura española. Y por supuesto, la nueva cultura española sólo podría girar en torno a la noción de hombre virtuoso, de hombre que se crea a sí mismo un poco como el artista crea a una obra de arte. Por tanto, la clave de nuestra propia superación personal tiene que estar un tanto en ese plan artístico que tenemos para nosotros. Se trata de ser hombres, pero hombres mejores: estéticos, refinados, educados, elegantes, seductores, respetuosos con la diferencia, a la vez que guerreros en defensa de la comunidad.

El orgullo de la casta

Y por supuesto, en este nuevo mundo a medio camino entre lo antiguo y lo moderno, volveremos un poco a destacar como hombres o como corderos… Los antiguos romanos sabían bien lo que era enorgullecerse por pertenecer a una familia determinada, por ser nobles, por ser ciudadanos respetables. Con el tiempo, esta idea terminó degenerando en la idea de que unos tipos deben de ser respetados por tener el título de “Noble”, aunque se comportase como un auténtico cretino. Pero como se suele decir, “de casta le viene al galgo”, y todos sabemos bien que hay familias de mejores castas que otras, y dentro de estas familias, hay individuos que destacan por ser más orgullosos, por ser más valerosos, por ser más valientes, por saber comprometerse, por ser, en definitiva, verdaderos hombres o mujeres.

Esto antes se premiaba, era virtud, el ser noble (y no de título). Los tiempos modernos nos han convencido de esa falsa idea de que si nos comportamos como cretinos en vez de cómo personas de casta, tendremos más fácil el alcanzar el éxito en la vida: podremos robar, hacer pillaje… y así nos será más fácil alcanzar una buena posición. Nada más falso. Que nadie nos engañe: por cada Julián Muñoz que tiene éxito, hay un millón como él que son tan miserables, que en su vida apenas podrían siquiera pasar por un cadáver andante.

Y este es nuestro sino: hacer caso a los modernos y comportarnos como cretinos; o ser nobles, elegantes, educados, con ideales, no discriminar al que no se lo merece, y atacar al que se lo merece. Los romanos podrían parecernos crueles, pero antes de ser degenerados por los Papas eran ciudadanos nobles, se enorgullecían de su casta, parecían brutales con sus salvajes guerras… pero no lo eran tanto. Sabían perdonar, sabían reconocer el valor, sabían reconocer la nobleza, independientemente de la renta de la familia de las personas, algo que nosotros todavía no somos capaces de hacer. Ahí tenemos la película “Gladiator”, un hombres, un solo hombre, desafía a todo el poder de un imperio, con su valor, con su casta, con su nobleza, con el amor devoto a su familia, con su inteligencia, con su fortaleza… en definitiva, con sus cojones.

Las virtudes de los hombres y mujeres

Para terminar, podemos analizar las 4 virtudes cardinales de los griegos y romanos. Siguen siendo muy aplicables a nuestra sociedad, y prefiero escribir sobre esto antes que sobre amnésicas técnicas de PNL…

1. Sabiduría. Hay que saber que nuestro cosmos cambia constantemente, y nosotros no podemos menos de cambiar con él… Pero aun así, es precisamente el intelecto humano una de las partes que más permanece fija en toda nuestra vida: envejecemos, pero la inteligencia, nuestro alma, puede ser joven por toda nuestra larga vida.perfeccionarnos como hombres y mujeres Y desde luego, tenemos que ser sabios para saber a quien condenar, para saber a quien ayudar, para saber quienes son nuestros enemigos y quienes nuestros enemigos. La sabiduría nos orienta en nuestra vida, hace de un imprescindible mapa para orientarnos en nuestras relaciones con los demás, en nuestros proyectos, en nuestros sueños…

2. Justicia. Muy ligado a la sabiduría. Si nos sabes a quien tienes que castigar, pues no podrás ser justo. Y por lo demás, hay que atacar a lo fuerte malvado, y defender a lo débil justo. O sea, al revés de lo que está de moda… Recordemos otra película de romanos Espartaco, en donde, en uno de los combates entre Espartaco y un gigantesco esclavo negro, el esclavo negro tuvo el cuello de Espartaco contra su lanza… Y lo perdonó la vida, porque sabía que era inocente… En cambio, hizo un desesperado intento de acabar con la vida del innoble patricio que fomentaba la injustita del espectáculo de gladiadores… lo que, como era previsible, le costó la vida.

3. Fortaleza. Ser fuertes física y mentalmente. Aguantar las adversidades, aguantar lo que nos venga encima… Pero también ser fuerte mentalmente. No cambiar de opinión así como así… Y es que, yo respeto a los que no piensan como yo… Y cuando digo esto, digo que yo respeto hasta cierto punto a los franquistas, a los conservadores… En definitiva, debemos de aceptar la existencia de nuestros enemigos. No es de hombres querer aniquilar para siempre a todos nuestros enemigos. En el fondo, nuestros enemigos son el imprescindible complemente de nuestro propio yo, de nuestra casta y de nuestra estirpe. Lo que no admitimos, son enemigos innobles, de esos que, por ejemplo, se posicionan un día contigo, y al día siguiente contra ti. Eso es lo que es intolerable. Por supuesto, podemos combatir a nuestros enemigos a la vez que los respetamos… pero seremos generosos en la victoria, a la vez que esperamos de ellos que sean generosos con nosotros en nuestra derrota. Debemos de ser fuertes defendiendo nuestros ideales, tolerando lo tolerable, y combatiendo lo intolerable.

4. Templanza. Quiere decir actuar moderadamente, no ser un salvaje rabioso que se pone nervioso y arrasa con todo lo que ve… Si tenemos que acabar con algo, por ejemplo, miremos a ese algo con nuestros ojos sin ningún tipo de rabia en ellos. Si tenemos que por ejemplo, que matar, pues hagámoslo, pero sin ningún tipo de rabia… porque seríamos injustos. (los etarras mataban injustamente porque mataban con rabia y sin tener razón; el país vasco nunca ha sido conquistado por España, simplemente a sido España) Ser templados es eso, analizar la situación fríamente, ponerse en el lugar del otro… dejar nuestros sentimientos a un lado, y a cambio, advenir en el reino de la justicia y de la equidad…

Yo apliqué esta última virtud romana con una codorniz de pequeño… la sostenía mientras el verdugo afilaba el cuchillo para dar muerte a un ser tan ínfimo a cambio de un poco de carne… pero yo fue templado, y pensé: “¿de verdad es justo matar a una criatura tan pequeña para tan poca carne…?”. Recuerdo los ojos de la codorniz… Sabía volar perfectamente, porque había estado en una jaula muy grande… Así que abrí mis manos, y aunque a trancas y barrancas, salió medio volando medio reptando… hasta que se perdió en el horizonte. El castigo que se me impuso por tal acto, también lo aguanté con una buena dosis de templanza…

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