Personas agradables y personas desagradables

Personas agradables y personas desagradablesAlguna vez en nuestros artículos hemos contado una pequeña mentira piadosa. En esta mentira hemos dicho que el atractivo de hombres y mujeres es relativo, y que el hombre o mujer que gusta a uno no tiene por qué gustar a otro. Digamos que sería como el diseño de los coches: unos diseños gustan a unos; otros diseños gustan a otros… pero no hay un diseño único que guste mucho a todo el mundo por igual. Hay algo de verdad en esta pequeña mentira piadosa: lo que nos conviene y la gente y las personas que nos convienen no tienen por qué coincidir. A algunos les puede convenir estar con personas tranquilas; otros con personas más alocadas y aventureras; a otros les pueden gustar las personas más artísticas e intelectuales; y a otros les pueden gustar las personas pragmáticas, que se divierten con cosas sencillas… Parece que en la variedad está el gusto. Pero esto no es del todo así. Y es que, en mis observaciones sociales, me he dado cuenta de un fenómeno curioso. Este fenómeno tiene que ver con el atractivo que despiertan tanto hombres o mujeres entre el resto de personas, y sobre todo, entre las personas del sexo contrario. Si fuese verdad nuestra mentira piadosa, que dice que cada uno puede ser atractivo ante los ojos adecuados, entonces yo no abría vislumbrado este fenómeno. Y este fenómeno hace referencia a que siempre, en un grupo de amigos, hay algún chico o alguna chica (uno de cada diez o dos de cada diez del total de personas) que destaca especialmente por su carácter agradable, por su buen trato, por su carisma social, por su atractivo ante el sexo contrario… ¡incluso ante el mismo sexo! Como digo, el porcentaje de estos chicos y chicas que suelen destacar por su personalidad agradable y por su atractivo está entre 1 de cada 10 o 2 de cada 10. Suelen ser los ligones y las ligonas, esos chicos y chicas que siempre tienen encima de ellos un montón de miradas de interés amoroso y sexual por parte de los demás. Pero ¿y qué pasa con los otros 8 de cada 10 o los otros 9 de cada 10? ¿No son atractivos acaso? Digamos que en la variedad está el gusto, por eso estos no tendrán tampoco problemas en encontrar pareja y en gustar a la persona adecuada… Pero aún así, sigo creyendo que las personas, tanto chicos como chicas, que son más atractivas para los demás, se dan sólo en porcentajes de un 10% o un 20% como mucho (o sea, 1 de cada 10 o 2 de cada 10). Esto es consecuencia de la “curvatura de Gauss”, que nos dice que los rasgos en una determinada población se destruyen en forma de campana, siendo esta campana más abultada por el centro y más estrecha para los lados. Por ejemplo, el rasgo “ser agradable” se distribuiría en la población en mayor cantidad sobre todo hacia los extremos de la campana de Gauss, en donde la campana ya sólo es un hilito fino que engloba a un pequeño porcentaje de la población. Entender los rasgos de estas personas tan agradables y aprender a intentar cultivarlos en nosotros, puede ser una estrategia muy interesante a la hora de mejorar nuestro atractivo sobre el sexo contrario. Por eso, en este artículo, hablamos de personas agradables y personas desagradables.

Personas agradables versus personas desagradables

Lo cierto es que de la existencia de estas personas agradables con tanto éxito entre los demás me he dado cuenta hace poco. Quizás yo también estaba ciego con las mentiras de los medios de comunicación, que sobrevalora la importancia del físico sobre la del carácter. Pero lo cierto es que estas personas agradables de las que hablamos, suelen destacar sobre todo por tener una forma de ser carismática, con fuerza, con estilo, con un buen carácter, con una forma agradable y a veces algo picarona de tratar con los demás. A veces también tienen unos físicos de impresión, son guapos, tienen buenos cuerpos… Pero eso no es lo definitorio para catalogar a estas personas de atractivas. Desde luego no hay duda de que si estas personas de carácter tan agradable, además tienen alguna que otra virtud a nivel físico, entonces estamos ante todos unos rompecorazones y ante unos seductores de escándalo. El físico tampoco se puede minusvalorar. Pero sigo creyendo que es el carácter el gran responsable de que cataloguemos a una persona como atractiva o no (de hecho, a veces parece que el carácter se quiere reflejar sobre el físico, como si el físico fuese un mapa que adelanta el territorio del carácter).

Aún así, siempre quedará un abundante espacio para el subjetivismo y para los gustos peculiares de cada uno. Pero sí es cierto que creo haber detectado a un tipo de hombre o de mujer que parece gustar a casi todo el mundo… por su carácter, por su trato agradable pero que puede ser un poco picante, por su buena conversación, por su forma de moverse atractiva, por su semblante positivo pero sincero a la vez… Y a su vez, este tipo de hombre o mujer agradable se contrapondría a la típica persona desagradable, con los típicos defectos desagradables. Para saber cuanto hay de nosotros de agradables o de desagradables para los demás, terminamos el artículo con una lista en donde damos las virtudes que hacen a estas personas agradables tan agradables, y a su vez las contraponemos a los defectos que hacen a las personas desagradables tan desagradables.

Cuatro puntos para ser agradables o desagradables

1. Inteligencia emocional versus falta de sensibilidad. Las personas agradables suelen ser personas inteligentes. Pero hay personas con sosas inteligencias matemáticas, lógicas, y pragmáticas que no se hacen agradables, Por eso, aquí por inteligencia nos referimos a saber usar la inteligencia aplicada al ámbito social y al ámbito de las emociones. Las personas agradables suelen ser delicados a la vez que voluntariosos y fuertes. No suelen herir las sensibilidades ajenas, salvo que ellos busquen ese objetivo (quizás para vengar una afrenta, ser agradable no es dejarse intimidar por nadie). Suelen ser comprensivos, se saben poner en el punto de vista del otro, y ellos usan esa capacidad para estar en el punto de vista del otro como una forma de saber cómo agradar al otro… si merece ser agradado (que por defecto, para las personas agradables los demás merecen ser agradados). Las personas desagradables suelen actuar al revés: sólo miran por ellos mismos, no son capaces de ponerse en el punto de vista del otro, de entenderlos, de comprenderlos… Así es muy difícil caer bien a la gente.

2. Adaptabilidad social versus falta de adaptabilidad. Las personas agradables suelen ser personas muy adaptables. Eso quiere decir que saben tener roles distintos adaptados a cada situación. Por ejemplo, una persona agradable se comporta de forma un poco distinta en el trabajo que en una reunión familiar, que en una quedada con amigos o que en una cita romántica con una chica. Las personas agradables se adaptan muy bien a las circunstancias, y también a las personas distintas. Son como plastilina, y se adaptan a todos muy bien… pero eso sí, mantienen una esencia intocada y fuerte dentro de su corazón voluntarioso, que los hace mantener su identidad a pesar de ser tan adaptables. Las personas desagradables son rígidas de carácter, se comportan en distintas situaciones de forma muy parecida, son toscos, no saben adaptare ni a entornos distintos ni a personas distintas.

3. Conversación interesante versus conversación escasa o verborréica. Las personas agradables se caracterizan por ser grandes conversadores. Saben un poco de todo, leen constantemente y aprenden constantemente, con lo que siempre tienen sus cerebros llenos conocimiento interesante con el que poder darle resorte a sus conversaciones. Aún así, ellos no hablan de física, de filosofía, de política… Hablan de cosas sencillas y cotidianas, lo que pasa es que ellos usan el conocimiento como un colchón que ponen debajo de su conversación. Digamos que una persona agradable a lo mejor se lee un libro de política, pero luego no hablará de política. Más que eso usa lo que aprendido en ese libro como una forma de mejorar su conversación y sus temas de conversación, que siempre serán de temas cotidianas, saltando de vez en cuando a temas algo más especializados en determinados momentos y con personas muy concretas que dominan y les interesa más o menos esos temas. Hablan de lo que interesa a los demás, y lo hacen como si la conversación fuese un arte, con sus ritmos cambiantes, con sus temas cambiantes, con sus silencios… Las personas desagradables suelen o bien tener verborrea insustancial, hablan mucho y mal; o bien suelen ser demasiado callados quizá porque les faltan en sus cabezas intereses que le den potencia a su conversación.

4. Fuerza vital versus locura y desinterés. Las personas agradables tienen una fuerza vital que envuelve todo su ser, incluso a veces envuelve y cautiva a los demás con su voluntad y con su fuerza vital. No hay que confundir la fuerza vital con la hiperactividad o la actividad excesiva. La fuerza vital puede ser sutil y delicada, no hay que confundirla con la “fuerza” de una persona inquieta y que se mueve mucho y que es muy loca e intranquila. La fuerza vital se diferencia de la intranquilidad en que la primera es sutil, delicada, bien estructurada, agradable para los demás… Las personas locas pueden ser muy desagradables porque no se están quietos, y así pueden resultar molestos como una mosca que no deja de pasearse por tu cara poniéndote de los nervios y quitándote la tranquilidad. Las personas agradables tienen esa fuerza vital que los hace activos, pero una actividad bien entendida a diferencia de la actividad de la persona intranquila y loca: hacen cosas, planifican, salen de fiesta, van a trabajar… Y todo eso lo hacen con una elegancia y con una finura que contrasta con la fuerza que ponen en hacer eso mismo. Fuerza y sensibilidad es un oxímoron muy fuerte que se da en la persona agradable. La persona desagradable por contra, o bien puede ser un poco loca como hemos ilustrado ya; o bien puede ser aburrida, sin ningún tipo de fuerza vital ni de vida interesante en absoluto.

Conclusión sobre personas agradables versus personas desagradables

En estos cuatro puntos podemos resumir las claves de por qué las personas agradables son agradables; y por qué las personas desagradables son desagradables. Ahora sólo es cuestión de ver donde estamos como personas que buscan superarse a sí mismos. Y luego es cuestión de intentar pulir nuestro yo en lo referente a las cuatro claves de las personas agradables y atractivas.

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