¿Podemos cambiar como personas?

Hace unos días leí un interesante artículo sobre la depresión. En el mismo, se comparaba la depresión con la adicción a determinadas sustancias. Tenemos como prototipo de “adicción” al doloroso mundo de la drogadicción: una persona se acostumbra a ingerir heroína, y ya no puede pasar sin ella. Su cerebro se ha acostumbrado a esa sustancia. Pero según este artículo, nuestro cerebro se acostumbra a sustancias que son naturales, producidas por el cerebro mismo. Y según este punto de vista, buena parte de nuestros comportamientos no sólo que serían aprendidos, si no que podrían ser reinvertidos y modificados… pero por supuesto, con mucho esfuerzo. Y es que, para que nuestro heroinómano se desacostrumbre de la heroína, para que su cerebro le deje de pedir heroína, y funciona correctamente sin heroína, sin causar síndrome de abstinencia, nuestro drogadicto tendrá que hacer un esfuerzo considerable… La metáfora del drogadicto es muy buena: somos adictos a determinados comportamientos que nos hacen mucho daño. Y para modificar estos determinados comportamientos, es necesario un doloroso proceso de purificación de nuestros hábitos, incluidos nuestros hábitos mentales. En este artículo, explicamos, que, sí, se puede cambiar como personas. Pero cuesta un poco…

Desprendernos de los hábitos perjudiciales

Como hemos dicho, el proceso para acabar con esas partes de nuestra personalidad que no nos gustan, es similar a desacostumbrarnos a ingerir ciertas sustancias. Y es que, por ejemplo, si nos hemos acostumbrado a realizar algún rito antes de afrontar una situación difícil (desde rezar, hasta santiguarnos, pasando por tocar madera, o hacer un extraño ritual con los brazos, o un extraño paso de baile…), tendremos una tremenda inercia a seguir realizando estas manías, muy perjudiciales, y que nos afectan a un porcentaje amplio de la población. Si hay ciertos ritos que no son perjudiciales… al estilo de ponernos colonia antes de salir de casa; o mirarnos al espejo antes de ir de fiesta… Pero por lo general, tenemos en nuestra vida un montón de hábitos completamente contraproducentes y perjudiciales: no atrevernos a salir con pantalones cortos a la calle porque somos tímidos; no atrevernos a salir solos al bar a tomar algo; no atrevernos a hablar con todo el mundo, entre este “mundo”, un montón de chicas; ser demasiado violentos con los demás; o ser demasiado pacíficos y dejarnos pegar… Incluso los enfermos de depresión caen en el círculo vicioso de las adicciones, en el caso de estos enfermos, son adictos a pensar de forma negativa… Y el pensar de forma negativa, trae a su vez más pesares, más dolor, y más pensamientos negativos, que desencadenan en nuestro cerebro (o inhiben) la producción de ciertas sustancias, que son las causantes en nuestro organismo de la depresión y del sentimiento de desesperanza. Por eso, nada mejor que cambiar nuestros hábitos. Podemos cambiar, igual que el drogadicto de nuestra metáfora puede dejar de ser drogadicto… Pero esto CUESTA UN HUEVO…

podemos cambiar como personasSi es cierto que la adicción a ciertos comportamientos (y por ende, la realización de otros comportamientos más adecuados) es comparable a la adicción a ciertas sustancias (o sea, yo hago algo aunque se que me perjudica, porque el cerebro se ha acostumbrado a las sustancias que genera cuando realizo estas actividades perjudiciales), por ejemplo, me siento triste en la depresión, y tiendo a perpetuar este estado, porque el estado de tristeza, hace que genere mi cerbero ciertas sustancias, que a su vez genera más tristeza… y así en un círculo vicioso que parece infinito… Pues eso, si nuestros comportamientos perjudiciales y la realización de otros comportamientos más adaptables son comparables a la adicción en el cerebro del drogadicto a ciertas sustancias… es evidente que podemos “desintoxicarnos” de estas sustancias, y por tanto, de estos comportamientos perjudiciales para nuestra vida (desde tenerle miedo a las chicas; tener fobia social; tener miedo a las entrevistas de trabajo; tener miedo a exhibir nuestro cuerpo en las piscinas; realizar esas manías perjudiciales de las que hemos hablado antes de afrontar situaciones difíciles; ser muy agresivos; no hablarse con un familiar; ser demasiado bonachones… y un casi infinito etcétera…)

Cómo desintoxicarse de los comportamientos perjudiciales, y generar otros comportamientos más adecuados

Pues como decimos, si hay una comparación que es más que una metáfora entre un drogadicto que quiere liberarse de su dependencia de las drogas; y nosotros que queremos liberarnos de nuestros comportamientos poco adecuados, dolorosos, como el sentimiento de tristeza que nos causa la depresión, pues es evidente que nos toca hacer un esfuerzo considerable. Bien es sabido el infierno que ha veces tienen que pasar los drogadictos para liberarse de la adicción a las sustancias que están enganchados: pasar terrible semanas con un gran dolor psíquico, y a veces, hasta físico, una vez se le han retirado las sustancias a las que estaba enganchado, y se le ha ido administrado un sustituto que le ayuda a desengancharse de las sustancias poco a poco… El drogadicto pasa un infierno antes de estar completamente desenganchado de las sustancias perjudiciales… Y nosotros, tendremos que tener bien claro, que si queremos liberarnos de nuestros hábitos perjudiciales… nos tocará luchar y sufrir, casi tanto como ese drogadicto que quiere curarse de su adicción.

Al que “algo quiere, algo le cuesta” Y si nosotros querremos liberarnos de nuestros hábitos negativos, desde tener fobia social, a tener miedo a entrarle a las tías por la calle… tenemos que aplicarnos nuestra peculiar terapia antidrogas… Para ello, nos aplicaremos estos 3 únicos puntos:

1. Elige bien eso que quieres cambiar de ti. No dudes incluso en poner por escrito lo que quieres cambiar, y en que te quieres convertir. Después, haz un plan de choque, en donde estará claro nuestro deseo de liberarnos de esos hábitos negativos, y adquirir a cambio otros hábitos más adaptables. Por ejemplo, si yo quiero liberarme de mi timidez, lo dejaré claro en un escrito. “Voy a acabar con mi timidez”. Si quiero liberarme de mis sentimientos de dolor que causa la depresión, lo mismo… Que quede claro lo que queremos y en que queremos convertirnos.

2. Luego, realizaremos un plan, que tendremos que seguir para acabar con nuestras malas costumbres y adquirir mejores hábitos. El plan debe de ser seguido a rajatabla. Por ejemplo, en nuestro ejemplo de superar la timidez. Podemos poneros una serie de ejercicio de exposición para superar la timidez: cada semana hablaremos un total de una hora con completos desconocidos… Si queremos superar el miedo a hablar con chicas desconocidas… lo mismo: nos pondremos el objetivo de entrar a 3 chicas a la semana…

3. Y sobre todo, lo más importante, es la perseverancia. En nuestro plan para cambiar los malos hábitos y sustituirlos por otros mejores, es fundamental ser perseverantes. El drogadicto de nuestro ejemplo lo tendrá muy difícil para cambiar… Algunos no lo consiguen y mueren por su adicción. Eso ya nos da una pista de lo difícil que es cambiar… ¡pero es posible! Y esa es una gran noticia.

A partir de ahora, sabemos que sí se puede cambiar. Pero cuesta un huevo… Por eso, la gente de normal no cambia, igual que nuestro drogadicto, de normal, estará en su adicción mucho tiempo… Y es que nos hacemos adictos a ciertas sustancias que genera nuestro cerebro… y esas sustancias nos las causa ciertos compartimentos, que son perjudiciales, pero estamos “enganchados” a ellos… No es fácil acabar con estas adicciones a comportamientos perjudiciales… Requiere mucho esfuerzo, algo de tiempo, muchos intentos, y muchos cojones… Pero merece la pena. Por tanto, si antes has intentado cambiar y terminaste por decir eso de “ no puedo”. Ahora sabes que sí se puede, lo que pasa es que cuesta mucho… Inténtalo, una y otra vez y de forma sistemática (con un plan establecido, en donde analizamos lo que queremos cambiar, le ponemos una terapia para cambiar esos malos hábitos, y luego, seguimos esa terapia a raja tabla)… Al final, nos liberaremos de nuestros malos hábitos, y lograremos alcanzar una mejor versión de nosotros mismos.

Y sobre todo, lo más importante para cambiar es 1. perseverar y 2. tener una gran fuerza de voluntad.

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