Reflexiones sobre el éxito social y el fin de la fobia social

Desde luego el conformismo es uno de los grandes frenos que tenemos los hombres a la hora de prosperar y de avanzar en la vida. La propia historia de la ciencia es un relato de hombres gigantescos que se enfrentaron casi en solitario a tiempos oscuros, conformistas, apalancados, pesimistas… En nuestro blog no creemos en fórmulas mágicas, exceptuando una fórmula mágica que es el trabajo bien hecho. Hoy llega el verano en el Hemisferio Norte (y supongo que el invierno en el Hemisferio Sur). En España es verano, tras la primavera. Las golondrinas hace tiempo que llegaron, ya es verano pero las gaviotas tiemblan. No soy Nostradamus, si lo fuese yo simplemente intentaría averiguar cual es la forma más eficiente de vivir mi vida. Yo sólo averiguo cosas de forma racional.

1. Pues resulta que el otro día iba yo con la bici (ya he dicho que este no es un blog personal y que no voy a contar aquí mi vida… pero sí algunas cosillas…), como de costumbre, por la carretera. Y de repente, a lo lejos, empiezo a oír un zumbido, yo pensé -oh oh… los picoletos…-. Y efectivamente, me adelanta un Guardia Civil con la moto, y yo que iba sin casco y que empiezo a oír cómo la otra moto de la Guardia empieza a parar y a situarse detrás de mí… pensé -multa asegurada-… El Guardia me saludó diciendo buenos días, y me dijo lo que suponía que me iba a decir. Al final me perdonó la multa de 200 euros, pero me dijo que la próxima no me libraba… El guardia aceleró y yo me quedé con el aspecto que más o menos tenía Stallone en la película de Rambo, a punto de darme a la fuga en plan machote para evitar la multa (sin moto ni leches, yo directamente estuve a punto de huir en la bici de una moto de un Guardia de 750 de cilindrada…). Al final no me quedó remedio más que ir a una famosa tienda de deportes a comprar un casco y evitar así un nuevo Vietnam en mi vida.

Reflexiones sobre el éxito social y sobre el fin de la fobia social

Sgarton

Y otro día, cogí el coche y me dirigí a la famosa tienda. Nunca había ido a esta tienda de deportes, según me acercaba a ella, con tanta gente, con tantas personas por todos los lados… me entró un poquito de miedo, recordando quizás la época en donde yo no podía afrontar estas situaciones por lo de mi fobia social. Pero aguanté bien y cuando entré en la tienda, yo aún estaba algo asustado… así que decidí dar una vuelta por la tienda para irme desensibilizando aún más. Y en no muchos segundos, me empecé a encontrar muy cómodo, la fobia social era algo del pasado. Pero esto me demuestra que siempre podemos seguir mejorando porque si no nos estancamos en lo de siempre y no abrimos nuevos horizontes, que sí, duele a veces abrir nuevos horizontes, pero el dolor de que pasen años estancados en el zulo de tus propios miedos es mucho peor.

Y como digo, me empecé a sentir muy cómodo. Yo iba paseando por la tienda de deportes (lo que me recuerda que tengo que meter ahí mi currículum para ver si hay suerte y pillo al fin un curro estable…), había muchos niños, muchas cosas de deporte… Yo miré las cosas con mi característico temple y mi forma de ser observadora pero vitalista a la vez. Después de darme una vuelta por toda la enorme tienda, me dirigí hacia donde estaban los cascos. Y estuve mirándolos, por aquél pasillo no había mucha gente, pero sí había una pareja que parecía también interesada en comprar un casco. Yo me dirigí hacia la chica, y la dije:

-Pues no sé si hay alguien por aquí para preguntar por estos cascos. Esto parece un poco abandonado, no hay nadie para atendernos…

La chica sonrió o se rió (creo que se rió) y me contestó

-Pues por ahí me parece que está el encargado, mira a ver si te pueden ayudar…

Mientras el chico que era su novio, al oírme hablar con la chica, debió de poner todas las alarmas, porque dejó el casco que estaba mirando y se dirigió hacia donde estábamos nosotros dos teniendo esta breve conversación. Ahí acabó la conversación, pero me sentí muy a gusto incluso en esta conversación algo temeraria… Esa capacidad que he adquirido para hablar con cualquiera, sea desconocido, conocido, sea amigo, no amigo, sea enemigo, tenga al novio al lado… es envidiable y te abre muchas oportunidades sociales.

Al final, yo me decidí por un casco, y antes de irme de la tienda, decidí dar otra vuelta por la misma. Y luego, al fin, decidí volver a donde había cogido el casco, y hablé con una de las empleadas del sitio sobre las medidas de mi cabeza, del casco, sobre si me valía… algo que debido de resultar algo confuso porque sacó alguna risa pícara de la empleada…

Y al final, fui hasta la cola… Era enorme, había un montón de gente esperando. Tanto es así que tuve que preguntar a un chico que donde empezaba la cola. Al fin, conseguí incorporarme a la cola. Detrás de mi se incorporaron otras dos chicas, bastante monas y me miraban, pero yo no me interesé por hablar con ellas… En lugar de eso, tuve la oportunidad de hablar en una breve conversación con la cajera del centro comercial, con la que comenté si las bolsas de plástico deberían de ser gratis o debería de pagarlas el consumidor. La cajera era muy mona, de hecho nos estuvimos mirando un poco antes de que me tocase pasar (ella es todo una profesional por supuesto… y eso está por encima de nada). Al hablar con ella me sentí en la misma honda, se notaba que éramos parecidos y por eso pudimos incluso tener una pequeña conversación incluso en el estrés provocado por una cola de unas 100 personas que esperaban ser atendidas.

a. No sé por qué, pero esta sencilla experiencia y esta anécdota tan cotidiana y normal, me ha dado para reflexionar. Una de las cosas que he estado pensando es la extraña reacción que tienen las mujeres cuando las intento hablar por primera vez, a ellas de normal se las escapa la risa floja… se ponen nerviosas, sonríen mientras miran hacia los lados… No sé muy bien qué significa, pero me gusta esta reacción…

b. Otra de las cosas que me ha dado por pensar desde esta sencilla experiencia, es que siempre que me lo propongo soy capaz de conocer a un montón de chicas nuevas. En cuanto me muevo un poco, en cuanto lo intento un poco. Lo ideal es ir a sitios, a actividades, al teatro, a cursos, a conferencias, a eventos de todo tipo… y simplemente intentar hacer amigos y amigas hablando naturalmente con ellos sin miedo a que nos rechacen por ser desconocidos. Internet también ayuda mucho, pero no aconsejo las redes de ligue. En cambio, sí aconsejo las redes sociales de amistad, las página de eventos, de actividades, de cursos…

c. Otra cosas que he pensado desde esta sencilla experiencia, es que la mentalización y el control mental puede ser fundamental en nuestra vida. Yo recuerdo el día en el que me tocó ir a la iglesia yo solo por primera vez. Yo ya había ido antes a la iglesia, pero siempre acompañado de mi madre o de otras personas… pero para tomar la comunión, era esencial asistir al menos un año antes a la iglesia… y mi madre no estaría allí para acompañarme. Así que me tocaría ir solo. Yo tenía muuucho miedo de ir solo… ¿Cómo hice para vencer este miedo? Me acuerdo que yo, a mí corta edad, usé una técnica de mentalización: estuve unos días antes, y sobre todo, la mañana justo antes de ir a la iglesia, pensando en cómo iba a ir, en cómo lo iba a hacer en cómo iba a afrontar mis miedos… Después de media o una hora haciendo este ejercicio, me vi mucho más capacitado de afrontar mis miedos. Ya hablaré más de esta técnica de mentalización que tanto puede ayudar a las personas con miedos, con fobia social, con miedo al rechazo… pero en lo esencial esta técnica tiene dos grandes beneficios: uno, te ayuda a disminuir tus miedos hasta que casi desaparecen, y así puedes afrontar esos momentos difíciles de tu vida que de este modo ya no serán tan difíciles; y dos, te anima a hacer planes, te anima a la acción, a salir más, a conocer a gente, a ir a sitios, a conocer a chicas, a intentar expandirte socialmente hablando…

d. Y la última cosa que me ha echo pensar esta experiencia, tiene que ver también con la timidez y con la fobia social. Quizás durante mucho a tiempo yo sufrí en carnes propias que la sociedad me juzgase porque era tímido. Y ahora que soy un hombre seguro, vitalista, popular… me pregunto ¿era de verdad eso tan importante? Recuerdo que hace un tiempo me encontré con un compañero de trabajo que hacía tiempo que no veía. Me impresionó lo que me dijo:

-Nos acordamos mucho de ti, sin ir más lejos, el otro día estuvimos hablando de ti.

En aquella época yo era socialmente peor… y aún así, conseguí caer bien entre aquellos compañeros de trabajo, y dejar un buen recuerdo entre ellos. Quizás esto pudiese ser algo menor, si no es por el hecho de que yo sólo estuve 3 meses con aquellos compañeros, y que en el momento del encuentro con mi antiguo compañero, llevábamos ya unos cinco años sin vernos.

Supongo que lo de mi antigua timidez y mi fobia social, nunca fue óbice para que yo fuese una persona interesante. Pero creo que a veces la sociedad hace escarnio de los ligeramente diferentes (aunque no sean peores), como una forma de fomentar superficialmente la cohesión de esa sociedad, normalmente necesitada de cohesión por ser una sociedad enferma. A mí a veces me entran ganas de ir al encuentro de alguna de esas personas que se metían conmigo por ser tímido, y decirles algo así como “a ver, qué pasa ahora capullo”, con mi nueva seguridad, y con mi carácter de hombre vitalista. Pero no he caído en esa tentación, supongo que lo mejor es dejarlo pasar e intentar seguir con mi vida.

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