Relaciones sexuales con amigas 2, (relatos eróticos +18)

Relaciones sexuales con amigas 2 relatos eróticos

Continuación de Relaciones sexuales con amigas 1 (relatos eróticos +18)

-Seguro que estoy preparada para ir hasta el final contigo –dije yo mirando tiernamente a Arthur. Él se ruborizó y sólo dijo:

-Actividad número 5

5. Besarse la cara sin tocarse los labios durante un minuto.

Ambos nos dirigimos hacia el tablero de pagar las deudas, nuestra vieja sábana tirada en el suelo del salón. Cuando lleguemos allí nos abracemos y nos dimos como si estuviésemos poseídos, todo tipo de besos por la cara, por la frente, en la nariz. El me besó barias veces en la mejilla, pero yo le pedía más, le pedía los labios… Así terminó el minuto.

-Bien, te toca tirar, Arthur –dije yo. Arthur cogió los dados y los lanzó de nuevo, ante de nuevo una gran expectación. Al final salió un 1 y un 2.

-Actividad número 6 –dijo Arthur mirando su libreta.

6. Besarse en los labios un minuto-. Yo me estremecí al oírlo.

Nos levantemos de nuevo y nos dirigimos hacia nuestro lugar de pagar las deudas. Al llegar allí nos miremos, nos abracemos y como si tuviésemos prisa, nos besemos encolerizados en los labios, como queriendo apropiarnos cada uno de la boca del otro. Él parecía querer hacerse con hasta el más mínimo rastro de saliva de mi boca, buscaba en mi boca con su lengua, con la premura que los buscadores de oro buscan granos dorados entre el fango. Así acabó el minuto, con nosotros cada vez más calientes.

Y entonces me tocaba tirar a mí. La combinación de “freno”, los dos números impares, parecía que no iba a salir nunca. Así que seguimos, cogí los dados, y los lancé, rezando en ese momento para que no saliese el “freno”. Salió un 5 y un 6.

-Actividad número 7 –dijo Arthur.

7. Desnudarnos de cintura para arriba excepto sujetadores.

-Bien, para mi es una suerte, pero supongo que tú preferirías quitarte también el sujetador –dije yo con ironía. Nos dirigimos hacia la zona de pagar las deudas. Y poco a poco, con movimientos muy lentos empecemos a desnudarnos de cintura para arriba. Yo me quité el jersey de lana, y me empecé a desabrochar la blusa lentamente. El hizo lo mismo, en poco tiempo estuvo en camiseta, y de un tirón, quitó la camiseta que le cubría su pecho y quedó con su pecho completamente desnudo. Yo aún no me había quietado la blusa. Mis pechos cogidos en el sujetador ya acechaban entre botones y bordes de camisa. Al fin, tiré de la blusa, y salió esta plenamente de mi cuerpo, quedando yo en sujetador. Después le tocaba tirar a Arthur.

-Bien, me toca tirar –dijo Arthur mientras cogía los dados, los metía en el cubilete y los lanzaba sobre la mesa. Al fin, salió primero un 1, y tras dar varias vuelas, el otro dado dio un 2. El juego seguía.

-Número 8 –dijo Arthur-. Te aviso que esto se pone calentito.

-Venga, dime cual es el número 8 de tu libreta… ¡rápido!

8. La mujer se quita el sujetador y el hombre le toca y le besa los pechos y los pezones un minuto.

Yo me quedé casi de piedra y temblando. Nos dirigimos hasta la zona de pagar las deudas. Al llegar allí yo, esperé a Arthur, descamisado y con el pecho enrojecido, completamente a punto de deshacerme de la tensión sexual. Al llegar a mí, él me abrazó y luego dirigió sus manos al broche del sujetador, detrás de mi espalda. Tras unos segundos, pude sentir que la presión del sujetador cedía. Arthur tiró del sujetador hacia adelante con cuidado, y mis pechos quedaron completamente al descubierto. Este dejó el sujetador en el suelo, y luego llevó sus manos hasta mis pechos, primero las mantuvo ahí unos segundos, y luego empezó a acariciarme los pechos. Cuando casi acababa el minuto, Arthur se agachó y besó con gran cuidado con un único pico en cada uno mis pezones.

-Bien, seguimos, me toca tirar –dije yo. Cogí los dados y los lancé. Tras unos segundos de gran incertidumbre, salió un 3 y un 2. El juego continuaba-. Parece que hoy la suerte está de mi parte-. Dije yo. Ambos nos dirigimos hacia la manta en el suelo de pagar las deudas, mientras Arthur decía.

9. Quedarnos en bragas y calzoncillos y mirarnos el uno al otro durante un minuto.

Nos dirigimos hacia la zona de pagar las deudas. Al llegar allí, ninguno de los dos nos atrevíamos a ser los primeros en llevar nuestras manos a nuestros respectivos pantalones, ambos de tipo baquero. Al fin, viendo que Arthur dudaba, yo me decidí a desprenderme en primer lugar del calzado. Me agaché hasta mis zapatillas, desabroché los cordones, y me quité los calcetines. Cuando me levanté de nuevo, vi que Arthur estaba haciendo lo mismo. Yo me decidí a desabrocharme también el pantalón antes de que Arthur se levantase una vez ya hubiese desabrochado sus zapatos. Cuando él se levantó, justo en ese momento me miró, y yo dejé caer los pantalones sobre mis pies, quedándome sólo con mis braguitas blancas de encaje. El me miró y se decidió a desabrocharse también los pantalones, dejándolos caer al final, y quedándose en calzoncillos negros. Ambos agradecimos en esos momentos la idea de la manta tirada en el suelo: no sólo delimitaba el “área de pagar las deudas”; si no que también nos protegía contra la frialdad del suelo. Nos estuvimos mirando durante todo el minuto hasta que al fin, llegó a su fin.

-Bien, te toca tirar –dije yo. Arthur cogió los dados, los metió en el cubilete, y los lanzó. Ante la gran expectación de ambos, salió primero un 1, y luego un 4. Por tanto el juego continuaba.

10. Abrazarse tocándonos todo el cuerpo durante un minuto.

Nos dirigimos de nuevo, ahora en bragas y calzoncillos, hasta la zona de pagar las deudas. Al llegar allí nos miramos. Al fin, nos abalancemos el uno sobre el otro. Yo estaba tan caliente que casi me quería fundir con él, me frotaba contra su cuerpo como si fuese una gata que se arrasca contra la pata de una silla. Él mientras tanto, me abrazaba, primero pasaba sus manos por la espalda; y la segunda parte del minuto llevó sus manos hasta mi culo, y ya no quiso apartar sus manos de ahí, sin dejar de restregar sus manos contra mi culo. El minuto terminó y volvimos al juego.

Ya casi no podíamos hablar. Estábamos tan calientes que las palabras no nos salían. Simplemente cogí los dados y los tiré… y salió un 1 y un 3.

-Bueno, me parece que se ha movido la mesa, volveré a tirar –dije yo-. Y ahora sí, salió un 5 y un 2. El juego seguía.

11. En postura del perrito la mujer, y el hombre le retirará las bragas.

Yo me dirigí como si estuviese en celo hasta la zona de pagar las deudas. Casi con un acto de puro instinto me puse a cuatro patas, quedando Arthur justo por detrás de mí. Yo levanté el culo hasta que casi no podía levantar más mis caderas, dejando al alcance de las hábiles manos de Arthur mis bragas y mi trasero. Este se agachó, llevó sus manos hasta mi culo, me acaricio, y al final, agarró las bragas y las fue retirando lentamente, hasta que las quitó del todo,, quedando estas colgando por mis rodillas. Estuvimos así unos segundos, él me miraba y me acariciaba, y yo me deshacía por dentro y la excitación era tal que no hubiese podido hablar aunque quisiera. Ya sólo quería que me follasen, me importaba muy poco los dados. Pero él se levantó, y se dirigió hacia la mesa de juego. Yo me di la vuelta, me quité las bragas del todo, y quedé desnuda mirando a Arthur, que había sido capaz a pesar de su calentón de volver a la mesa para seguir tirando los dados.

-¿Qué haces Arthur?

-El juego no ha acabado.

-¡El juego acaba cuando me folles… ¡ ¡Fóllame! ¡Fóllame! -Dije yo, mientras empezaba a emitir gemidos escandalosos y mostraba hacia los atónitos ojos de Arthur mis genitales, abriendo las piernas lo más que podía-. ¡Fóllame, fóllame, fóllame,…!. -Empecé a gemir como una perra en celo, como si nada en el mundo me importase, sólo quería gemir y que me follasen. Mientras yo lloraba y gemía, Arthur tiró los dados.

-Dime que ha salido que te toca follarme –dije yo llorando de pura excitación.

-Bueno,…

12. El hombre se quita los calzoncillos y la mujer le acaricia sus genitales.

Mientras decía esto, se levantó de la silla. Yo durante todo este tiempo habías seguido llorando, gimiendo y retozándome contra el suelo como si quisiera que el mismo suelo me montase. Él llegó hasta la zona de pagar las deudas, y se quitó los calzoncillos dejando su pollón al descubierto. Yo me abalancé sobre su pene, y lo introduje en mi boca, a lo que Arthur añadió.

-Me parece que se trata de acariciar, pero como no hay árbitro, podemos hacer trampas.

Yo chupaba su pene como si ahí pensase encontrar algo de lo que dependía completamente mi placer. Al final, me relajé un poco tras mi premio merecido. Y le dije.

-Corre, tira los dados por mí, yo no puedo levantarme de aquí, ni cerrarme de piernas… Al menos no hasta que me folles ¡fóllame! ¡fóllame!. -Entonces empecé a gemir con un sonido tan escandaloso que se debió de oír en toda la manzana. Al poco, el gemido intermitente se convirtió en un lloro continuado. No podía más, en ese momento no pensaba en el mundo más que en que me follasen.

13. La mujer se pone a cuatro aptas y el hombre practica o bien un cunilingus; o bien un beso negro.

-¡Si! ¡Al fin! Ahora ya no me moverán de mi posición de cuatro patas hasta que me follen ¡fóllame! –dije yo mientras me daba la vuelta, me ponía a cuatro patas levantando el culo todo lo que podía. En no muchos segundos ya sentí las calientes manos de Arthur sobre mi culo. Ese se agachó, se metió por debajo de mi culo, y me chupó los labios mayores primero, luego introdujo su lengua en mi vagina, y al fin me besó todas mis partes, como si pretendiese morrearse contra mis partes pudientes. Al final, se levantó de esa posición. Yo no quería moverme de mi posición. En no muchos segundos, sentí que Arthur chupaba ahora mi culo. El primero chupó lentamente alrededor de mi culo; pero después parecía que algo se había apoderado de él, chupando cada vez más rápidamente, hasta que terminó por introducir su lengua en mi culo.

-Bien, tiro los dados… Arthur lanzó los dados.

-¿Qué ha salido? –pregunté yo que seguía tirada retozando sobre la manta en el suelo, completamente desnuda.

-Bueno, digamos que

14. Mujer hace felación al hombre.

-Me parece que eso ya lo hemos hecho –dijo Arthur.

-No me importa repetir el postre –dije yo mientras me ponía de rodillas ante sus genitales. Introduje su pene en mi boca, y le acaricié suavemente con mis labios su pene. Hasta que al fin acabó el minuto.

-Bien, última tirada dije Arthur dirigiéndose a la mesa.

-Pero ¿para qué vas a tirar, si nunca salen los dos impares…? –dije yo.

-Bueno, en ese caso… -dijo Arthur.

15. Coito definitivo.

Arthur se abalanzó sobre mi, que seguía retozando contra el suelo como si pretendiese arrascarme contra el mismo. Me besó en los labio una vez estuvo encima de mí. Me tocó y me abrazó, mientras yo retozaba como una gacela salvaje en la improvisada cama en medio del salón. Nos abracemos, y nos besemos en aquella tan incómoda cama. Al final, Arthur miró hacia abajo, y yo sabía lo que significaba eso… Yo abrí las piernas, y él dirigió su mano hacia su pene. Cogió su pene y lo dirigió hacia mi vagina. Al fin, puso su pene a la entrada de mi vagina, y entonces empujó todo su cuerpo hacia arriba. Yo gemía como no había gemido nadie en el mundo, sobre todo cuando sentí que todo su pene entraba en mi. Así, una vez el hubo introducido su pene en mi, quedemos los dos relajados durante unos segundos, uno encima del otro. En no muchos segundos más, Arthur apoyó sus manos sobre el suelo, y empezó a mover sus caderas, adelante y atrás, haciendo de este modo rozar su pene sobre mi vagina. Yo gemía y lloraba a más no poder.

 

Hoy, el día siguiente después de lo acontecido… no puedo por menos de estar avergonzada de lo que hice ayer… No, no me arrepiento de haberme acostado con Arthur… Pero es que, las conversaciones entre los vecinos estaban demasiado interesantes… Al parecer no había habido tele durante todo el día anterior. De hecho, hoy he hablado con Herminia, la vecina de arriba, del tema, cuando me encontré con ella en las escaleras.

-Bien, ya ha vuelto la tele –me dijo Herminia-. Ha estado el técnico arreglando la antena, parece que se había roto no se que pieza del descodificador.

-Pues es una suerte –dije yo-. Ayer nos aburrimos muchísimo sin tele, no sabíamos que hacer y nos tiremos toda la tarde-noche jugando a los dados.

-Si querida –dijo Herminia-. Manolo y yo también jugábamos a eso antes. Los dados siempre son un juego entretenido

-Si –dije yo.

-Claro –dijo Herminia-. Pero la verdad es que tanto Manolo como yo hemos preferido siempre el Streap Póquer.

Yo me ruboricé.

-¿De qué habla, Herminia? –pregunté yo.

-Por Dios, María dijo Herminia-. Le tuvimos que decir a nuestros hijos que como no teníais antena, os habíais puesto una película porno a todo volumen para entreteneros… Quizás os dejemos mal ante nuestros hijos, pero creo que mejor que decirles lo que en realidad estabais haciendo… Querida, se te oyó en ocho manzanas a la redonda… y todo el edificio habla de ello en esta mañana.

Sin sexo la vida sería un error…

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