Renunciar a la perfección para no amargarse la vida y ser feliz

Una de las características psicológicas más típicas de las personas tímidas, insociables y con fobia social, es que tienen esa capacidad de, como se suele decir por aquí, se “ahogan en un vaso de agua”. O sea, hacen muy difícil cosas que son mucho más fáciles. Normalmente las personas tímidas e insociables suelen ser muy meticulosas, muy perfeccionistas, no hacen algo si no les va a quedar perfecto… Estas personalidades insociables se suelen asentar sobre un temperamento sobre todo de tipo melancólico (personas tranquilas pero emocionales; aparentemente frías pero por dentro esconden una enorme hoguera de sentimientos reprimidos).Renunciar a la perfección para no amargarse la vida y ser feliz Platón de alguna manera era un temperamento melancólico. Y fue Platón el que tuvo la idea de desvalorizar este mundo terrestre, sólo por el mero hecho de que no era perfecto según sus cánones matemáticos. A cambio, el otro lado, el mundo de las ideas, el “más allá”, sería lo importante a partir de aquél momento. El resultado de esta mala idea de Platón ya lo conocemos: 1.700 años de catolicismo sobre occidente, donde no importaba ser feliz pues al fin y al cabo en este mundo imperfecto no merecía la pena luchar por ser felices; a cambio, la verdadera felicidad nos aguardaría a los hombres después de la muerte. A día de hoy, todos, cristianos, católicos incluidos, creen que el sentido del mundo tiene que estar en este lado. Hemos nacido para ser felices en este mundo, y no para ser felices después de pasar al “otro lado”. Hasta los cristianos más convencidos sostiene esta versión, a riesgo si no de que los demás los acusasen de hipócritas, pues si tan bueno es ese otro lado al que vamos al morir, no se explica por qué ellos mismos hacen tanto por garantizar su vida, su seguridad y sus bienes en este otro lado. En definitiva, que hemos nacido para ser felices en este lado del espejo. Ese es el sentido de la vida. Y ¿de verdad necesitamos como Platón que el mundo sea perfecto para que nosotros podamos ser felices? En absoluto, comúnmente la gente más imperfecta y con una vida más imperfecta son mucho más felices que esa gente tan “perfecta”, con vidas medidas al milímetro, con éxito económico, guapos de cara y de carácter, con dinero, con una hermosa mujer… Me entran ganas de suicidarme (con lo que debo de leer el artículo de ayer…) cuando pienso en una vida tan perfecta. Platón no tenía razón: no somos más felices por “ser perfectos”. Personas con todos los tipos de imperfecciones y con todas las faltas de virtudes posibles, son muy felices. Y viceversa: personas que lo tienen aparentemente todo no son nada felices. ¿Y los tímidos melancólicos, por qué entonces le exigen al mundo que este sea perfecto para que ellos puedan ser felices? En este artículo, renunciar a la perfección para no amargarse la vida y ser feliz.

Cosas que no hacemos porque no nos saldrían perfectas

De alguna manera, yo me puedo poner en la piel de estos melancólicos insociables tan perfeccionistas. Yo me diría a mí mismo:

pero si algo está bien siendo imperfecto… ¿no estará mejor siendo perfecto?

Y a partir de que pienso esto voy a ajustar toda mi vida a estos parámetros de perfección. ¿Será mejor mi vida? Veamos cosas que podrían haber hecho de forma imperfecta pero las dejé para “más adelante” porque en ese momento concreto estas cosas no las podía yo realizar de forma perfecta:

1. Pues como no sé exactamente quienes van a esa fiesta, ni a que hora es, ni si estoy invitado… pues no voy a la fiesta. Ya iré a la próxima fiesta cuando tenga todo “atado y bien atado”… (podría haber sido menos perfeccionista, no exigirme saber tanto y haberme aventurado a ir a la fiesta). El resultado, me perdí la fiesta por ser perfeccionista.

2. Pues como si salgo a la calle la gente pensará de mí que soy un ignorante porque no tengo título universitario, pues no salgo a la calle hasta que consiga el título así la gente no pensará mal de mí.

3. Pues como no soy rico no le pido a esa chica que me gusta que si sale conmigo: ya tendré tiempo de pedírselo cuando sea rico.

4. Pues como no soy famoso pues no tendré autoestima cuando esté con mis amigos. Mejor, no tendré ni amigos porque yo no soy de momento nadie. Ya tendré tiempo de triunfar y de salir con amigos.

5. Pues como no sé si mis amigos quieren salir mañana de fiesta conmigo, pues no les propongo quedar, porque a lo mejor no quieren, o al menos yo no tengo datos de que ellos puedan querer salir mañana.

6. Pues como soy bajito, feo y viejo, no intento hacer nada con mujeres ni ligar ni ir a conocer mujeres. No creo que crezca así que es mejor que esto se quede así. No soy perfecto como para que me pueda querer una mujer.

7. Pues como soy insociable no intento iniciar conversaciones con los demás, pues ya tendré tiempo de iniciar conversaciones con los demás cuando sea más sociable… (¿Y cómo será este pobre desgraciado más sociable si no interactúa con los demás…? Es la serpiente que se muerde la cola).

8. Pues como no soy perfecto ni mi vida es perfecta, pues no hago cosas como salir por ahí al bar a tomar algo; pararme en el parque para tomar un helado mientras hablo con las chicas del parque; ir a la discoteca a bailar y a hablar con gente; ir a esa excursión donde sólo va gente guay y “perfecta”…

El fin de la perfección y el principio de la felicidad

Los pensamientos reflejados en el apartado anterior son aunque parezca mentira muy comunes entre los melancólicos insociables. Ellos se creen que no podrán ser felices ni hacer nada salvo que todo en su vida pueda ser catalogado de “perfecto”. Si no prefieren quedarse en casa esperando a no sé sabe qué… Hay que luchar contra este pensamiento, darnos cuenta de que aquí en este mundo imperfecto nadie es perfecto. Debemos de luchar contra este pensamiento de perfección y darnos cuenta al final que, a pesar de estar rodeados de tantas imperfecciones, podemos ser muy felices en este mundo, en contra de lo que creyó ese melancólico insociable llamado Platón.

Por eso, frente a ese “pensamiento perfeccionista” del melancólico, aconsejo cultivar una actitud ante la vida más despreocupada y atrevida. ¿Tienes ganas de ir a ver ese bar de la esquina tú sólo? ¿Quieres quedar con los amigos pero no te atreves a proponer nada? ¿Quieres hablar con esa vecina tuya con la que te cruzas todos los días cuando venís ambos de comprar el pan? ¿Quieres proponerle un negocio a un hermano pero no sabes si este aceptará? ¿Quieres pedir prestado tal cosa… o proponer realizar a alguien tal actividad? ¿Quieres ir al ayuntamiento a preguntar por si te corresponde tal subvención…? Hazlo sin dudas, aprende a despreocuparte un poco del resultado de tus imperfectas acciones. Los demás no son perfectos, y ellos lo saben. Y son felices. Nosotros podemos ser como los demás: podemos ser felices sin exigirnos previamente algo que nunca llegará: el ser perfectos, el que todo esté calculado y medido, el que sepamos con total seguridad el resultado de nuestras acciones… Por supuesto con lo de “vida despreocupada” no animo a ser pasotas ya no preocuparse por el futuro: podemos labrarnos un futuro mejor a base de trabajar hoy, pero a su vez es completamente obligatorio disfrutar del imperfecto presente. 

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