¿Se puede aprender a ligar?

No me quito de la cabeza una de las principales críticas que se le hacen al mundo de la seducción:

no está bien intentar cambiar a las personas. Cada uno es como es y ser de otra forma es traicionarnos

Yo mismo critico mucho al mundo de la seducción, pero no es por este motivo, si no por el motivo de que en España, el geta, el trepa, (fauna hispánica por excelencia) ha hecho negocio y ha prosperado a base de arrasar con todo lo que se le pone por delante. El geta también ha llegado al mundo de la seducción, son por lo general personas con escaso interés por nada más que por intentar ganar dinero. Y ellos pretenden hacer negocio a base de lo que sea, incluso a base de enseñar a los demás a ligar sin tener ellos una mínima formación y una mínima idea de cómo hacer eso. Pero el arte de la seducción, si es desarrollado por personas preparadas y con talento, tiene unas posibilidades enormes. Y tiene unas posibilidades enormes porque nadie aprende naciendo a ligar. Nadie es “él mismo”. Todos aprendemos a ligar, a comportarnos, a sociabilizar, a tratar con hombres o con mujeres, con amigos o con la familia. El principal argumento en contra del mundo de la seducción es que es como intentar forzar el ser otra persona distinta a nosotros mismos. Pero eso ya lo hacen todas las culturas del mundo: la cultura nos moldea, moldea la materia viva de la que estamos constituidos y la da formas culturales. Si extendemos el argumento en contra de la seducción, este argumento que dice que “tenemos que ser nosotros mismos”, entonces no podríamos tener cultura, no podríamos aprender a tocar el piano, no podríamos aprender un idioma, no podríamos aprender a tratar con los demás, no tendríamos medicina, no tendríamos organización social, no tendríamos costumbres, no tendríamos normas… Todo eso se aprende, y si hay que ser “natural”, no aprenderíamos nada de eso. Seríamos como un toro de lidia, que cuando tiene sed bebe; que cuando tiene ganas de montar a una vaca, la monta; que cuando tiene hambre pasta… Este argumento tan idiota desarrollado sobre todo desde entornos feministas (o lo que queda del feminismo, sólo las ruinas, por haber sido comúnmente cultivado por mujeres mediocres), no es nuevo en absoluto: ya Freud creyó que la cultura era en parte negativa porque coaccionaba nuestra forma de ser “natural”. Y Freud concluyó que la cultura era malestar porque cortaba nuestros impulsos más primigenios, los reprimía y los moldeaba a base del doloroso proceso de cambiar nuestros impulsos por normas culturales. Pero Freud se equivocaba: la cultura no coacciona nuestros impulsos. Más que eso los da forma, de igual manera que el alfarero le da forma con sus manos a la masa informe de la arcilla en la rueda (aunque es cierto que la época de Freud era tremendamente represiva, por lo que Freud tenía parte de razón, pero la cultura no tiene por que ser siempre represiva como el propio Freud vio también muy bien).

Todos aprendemos a hacer cosas como ligar, como tratar con los demás, como aprender el sencillo proceso de entrar a un bar a pedir un café. Todo eso se aprende. Todo el mundo o casi todo al mundo en la cultura española, por ejemplo, aprende a hacer estas cosas. Las aprendemos por imitación. En gran parte somos simios, y todos los simios aprenden su “cultura” por imitación. En nuestro cerebro hay unas neuronas que se llaman “neuronas espejo”, que están precisamente especializadas en observar y copiar el comportamiento de los demás. Todos hemos visto a un niño imitando lo que hacen los adultos, imitando a su padre en su forma de andar, imitando a su hermano a la hora de cortejar a una niña, yo empecé a fumar con 9 años porque se lo vi hacer a esos hombres adultos tan guais que yo admiraba tanto… Menos mal que dejé el tabaco con 10 años… Todos aprendemos unas formas de comportamiento que nos serán fundamentales en nuestra vida de adulto, y lo aprendemos sobre todo por imitación.

Y esta imitación se aprende sobre todo dentro de un ambiente cultural determinado. El hombre norteamericano es muy distinto en su forma de comportarse al hombre europeo. Las mujeres norteamericanas a veces se quedan flipadas cuando vienen a Europa, y se encuentran con esos hombres refinados, sutiles, delicados, detallistas… El hombre americano medio es más masculino. A lo mejor, pongamos que John, un chico americano medio, joven, fuerte, bien formado, quiere invitar a salir a su amiga Karen. John actuará de forma muy masculina, moverá sus brazos con mucha seguridad, no la mirará a los ojos, se moverá mucho, hará ese gesto de “sacudir los hombros” que es tan masculino, y al final la dirá a Karen

“Oye tía, que me molas mogollón, yo estaba pensando que a lo mejor te apetecía ir esta semana al cine, y luego nos vamos al burguer y nos comemos unas patatas fritas. ¿Qué me dices, tía?” (y todo esto dicho sin mirarla a los ojos y moviéndose de forma espasmódica, sobre todo los brazos y la cabeza).

Quizás este tópico americano está más extendido entre la población negra de dicho país. Es ese hombre muy masculino, poco delicado, que se mueve mucho como si le diesen espasmos, que no te mira a los ojos. Los hombres americanos se quejan de que los europeos parecemos muy femeninos, o bien algo agresivos, con nuestra manía de mirar a los ojos. Para ellos son las mujeres las que miran a los ojos. Los hombres no miran tanto a los ojos, si acaso un vistazo muy discreto para ver que sigues ahí.

El europeo en cambio es más delicado, más femenino, más sutil, menos directo. Se comporta de forma más tranquila, mira a los ojos al hablar, intenta conectar emocionalmente más con la mujer que el superficial y masculino John. Las mujeres americanas a veces terminan prefiriendo a uno de esos refinados y delicados hombres europeos que a los excesivamente masculinos hombres americanos. Las mujeres japonesas abiertamente dicen preferir a un europeo como pareja que a un hombre japonés. Las españolas… cerca del 90% de las españolas dicen que no empezarán una relación sentimental con alguien de nacionalidad distinta. Vemos que la cosa cambia completamente. ¿Por qué las españolas prefieren ante todo una pareja de su misma nacionalidad? Pues por motivos prácticos: tendrá a su pareja cerca, a la familia de su pareja cerca, además los hombres españoles son cultos, delicados, tienen más o menos buenas formas de cuerpo, son más o menos guapos pero lo compensan con unos modales refinados, generosos, detallistas. Son más o menos simpáticos, más o menos entienden la sensibilidad de la mujer y la respetan. En cambio, si una mujer española optase por un hombre de otra nacionalidad, eso en sí mismo serán casi todo desventajas: una persona de otra cultura, que tiene otros gustos, que tiene otra forma de comportarse, a lo mejor demasiado varonil, a lo mejor demasiado poco delicado… El propio hecho de pertenecer a una misma cultura se hace ya muy atractivo de por sí, porque tenemos el mismo horizonte vital, a lo mejor nuestra pareja también veía de pequeño “Los mundos de Yupie”, a lo mejor también recuerda como nosotros aquellos primeros días de escuela entre las hojas de otoño, a lo mejor recuerda ese típico bocadillo de Nocilla que nos hacía nuestra abuela por las tardes cuando salíamos del colegio… Tener un mismo horizonte cultural es una unión muy poderosa. Pero aún así, las japonesas y algunas americanas se impresionan por la forma delicada de ser de los hombres europeos, y deciden que a pesar de eso a ellas las gustan más los europeos que los hombres patrios. Esto es una buena forma de ver que el molde que nos da la cultura es muy poderoso.

Entonces, ¿todos aprendemos a ligar, a comportarnos, a movernos… dentro de una cultura determinada? Más o menos sí. Y entonces ¿para qué sirve aprender dos veces a hacer estas cosas? ¿Si nosotros mismos por imitación ya aprendemos a ligar exactamente igual que yo por imitación aprehendí a fumar, emulando los mismos gestos que hacía el adulto con el cigarrillo, para qué sirve la seducción, o sea, el reaprender de nuevo a ligar y a comportarnos ante los demás?

Lo cierto es que este proceso de imitación a veces se trunca. Por ejemplo, yo que tuve fobia social y que estuve alejado de la gente más o menos la mitad de mi vida, no aprendí por imitación muchas cosas, no aprendí a comportarme ante los demás, no aprendí a tratar con mujeres, no aprendí siquiera a pedir un café en un bar. Como no estaba con gente, yo no pude aprender a hacer estas cosas. Fue luego cuando yo aprendí a hacer estas cosas. Y para ello usé un poco… ¿la seducción? No exactamente. Usé cosas de filosofía, de arte, de psicología… luego descubrí el mundo de la seducción. Me gustó lo justo. Y yo simplemente me propuse usar la filosofía, el arte, la ciencia… para mejorar la teoría de la seducción y hacer de la teoría de la seducción algo a la altura de las circunstancias. Por supuesto, en este reaprendimiento forzado, la imitación ha seguido siendo fundamental: yo hago artículos de seducción por ejemplo, intentando descubrir los secretos de esos grandes seductores y conquistadores sociales. Son por lo general personas anónimas, yo las estudié, me estudié a mí mismo (yo mismo tenía mis cosas buenas a pesar de mi fobia social), lo proyecté todo eso sobre alta filosofía, sobre la ciencia, sobre la psicología experimental… y surgió mi propia teoría de la seducción, que yo siempre empecé por aplicar en mi vida y por poner en práctica en mí mismo. Las enseñanzas de los artículos están probadas por mí, a veces las cosa que escribo las pruebo el día antes; a veces el día después de escribirlas. Por lo general esto funciona poco a poco, vamos aprendiendo poco a poco. En mi caso ha sido casi la mitad de mi vida sin vida social, yo no pude llegar un día a la gente y pretender ser seductor de un día para otro. A mí me ha hecho falta dos años que van ya, y uno de transición. Y yo sigo aprendiendo, pero el resultado ya es increíble. De toda esta experiencia, el mejor consejo que puedo dar para ligar, el mejor consejo que puedo dar para seducir a los demás, y en general, el mejor consejo que puedo dar en mi vida, es uno:

aprende de los mejores

Ya lo dijo Newton

Caminamos sobre los hombros de gigantes

Por eso, desde estos gigantes, mediante la “imitación” (que ya no es tan directa, pues ahora esta imitación está mediada por la teoría de los libros y artículos de este blog o de otro buen blog de seducción), nos hacemos un poco como esos gigantes. Nadie nace sabiendo a hacer muchas cosas. Sólo nacemos sabiendo respirar, sabiendo comer… poco más. Todo lo demás lo aprendemos. Por eso, no es que se pueda aprender a ligar: es que se aprende a ligar. Si no no sabremos ligar. Los que lo aprendimos mal tenemos que reaprender a ligar. Además, nuestra propia cultura actual está degenerada, y por sí misma no nos puede enseñar correctamente todo ese complejo arte que es el arte de vivir, nuestro manual para saber como funcionamos, nuestras formas de ligar y de tratar con los demás. Y además de eso, el complejo mundo social actual nos exige aprender un poco más de sociabilidad que las lecciones que nos enseñan desde pequeños. En el colegio no nos enseñan precisamente a tratar con los demás o a entender las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres. Por esto mismo el mundo de la seducción puede ayudar también a personas normales que no tuvieron fobia social y que simplemente se sienten limitados en sus conocimientos y habilidades a la hora de tratar con los demás. Y por eso mismo es perfectamente posible aprender a ligar, exactamente igual que es perfectamente posible aprender a tocar el piano. Todos nos moldeamos con cultura, tanto con C mayúscula (Cultura, alta cultura, literatura, ciencia, arte), como con c minúscula (cultura, baja cultura, saber ir de bares, saber saludar a los compañeros al llegar al trabajo, saber comportarnos en una reunión de familia…). En este blog vamos desde la C a la c. Vamos de lo culto a lo vulgar. Vamos desde la biblioteca a los bares. Vamos desde lo sagrado a lo profano. Todo eso es necesario, es la dualidad característica de occidente, desde que el Padre Platón nos la legase. La biología nos pone un estrato que está ahí. Pero ese estrato se puede modificar con Cultura y con cultura. Por eso se puede y se debe de aprender a ligar, a seducir, a tratar con los demás… Se trata de evolucionar, de recorrer nuestro camino y darle a nuestra forma de ser esos hervores que tanto necesita, para de esto modo nuestra vida sea lo más plena y feliz posible al mejorar de este modo no sólo nuestra vida social; si no que además nos sentiremos mejor con nosotros mismos.

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  • Comments

    • Ariel dice:

      Erik,

      Este artículo es maravilloso, la visión que tienes y demuestras ayuda a todas las personas que no creen esto posible. Yo también llegué a creer que uno nace así, tendrá esa forma de ser y esas actitudes, pero hay que ir de a poco, evolucionando y mejorando día a día. ¡Te felicito!

      • Erik360 Erik360 dice:

        Efectivamente Ariel, digamos que todos nosotros estamos compuestos por dos partes: la biología; y la cultura. Con cultura podemos modificar incluso nuestra biología, hasta el punto de hacer de nosotros, no un hombre nuevo: si no la mejor versión de nosotros mismos posible (o una nueva versión de nosotros mismos más adecuada y más sociable). ¡Gracias Ariel!

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