Seducir consciente e inconscientemente

¿Cómo se produce el proceso en que nosotros, seamos hombres o mujeres, empezamos a gustar a los demás, los empezamos a parecer interesantes, atractivos… en definitiva, los empezamos a seducir? Me estoy hartando a criticar a los “gúrus” de la seducción porque ellos pretenden que liguemos con chicas desconocidas apenas nos acabamos de presentar. Con mi propia experiencia personal, me he dado cuenta de que eso no funciona, y he concluido que los “gúrús” cuyos nombres principales (dos o tres) todos conocemos, no tienen ni idea de mujeres, ni de ligar, ni de seducir… Para ligar con una mujer o un hombre, o mejor dicho, para seducirlo, hay que empezar por conocer a alguien. Precisamente es en este proceso en que conocemos a la otra parte, al chico o a la chica, es en ese proceso en el que seducimos a ese chico o a esa chica. Y es que ligar no puede convertirse en algo extrínseco que es indiferente de nuestra propia personalidad. Más que eso las personas que ligan mucho son personas que son seductoras de por sí mismo. Y es que tenemos que distinguir:

-Ligar es el ámbito inmediato por el que nos llevamos a nuestro lado a un chico o chica que nos gusta

-Y seducir es simplemente el proceso por el que gustamos a los demás, porque tenemos una conversación interesante, porque tenemos un físico bonito o un carisma destacado…

Ligar y seducir son cosas distintas. Pero nadie puede tener fácil el ligar si no es de por sí una persona seductora, interesante, atractiva de alguna manera. Las técnicas mágicas para ligar que pretenden hacer ligar hasta a hombres que de por sí no son atractivos ni seductores, no funcionan. Por eso sólo funciona hacernos a nosotros mismos verdaderamente seductores, contar con algún tipo de atractivo ante el sexo contrario. Luego sí, es cuestión de “ligar”, de echarle valor, de ir a por ella o a por él. Un torero se tiene que preparar durante muchos meses para ser un buen torero. Pero al final llegará la hora de la verdad, se abrirán las puertas de los toriles por donde sale el toro, y tendrá que echarle valor y ponerse delante del toro. Ligar es el echarle valor y ponerse delante del toro. Pero aplicando el pensamiento positivo que usan los gurús de la seducción del tipo de

“tú puedes, aunque no tengas entrenamiento, tú puedes torear a esa bestia, sólo es que tú creas que puedes y podrás…”

el torero se va a llevar unas buenas cornadas en esa aciaga tarde… No vale con querer. Todo no es posible. Dejemos de hacer caso a esos mantras de estafadores que no tienen ni idea de nada. Se puede ligar, y se puede torear bien. Pero más nos vale no quedarnos sólo con el momento clave, y ser previamente a ese momento en el que nos lanzamos al ruedo buenos toreros; o buenos seductores… Y se seduce de dos grandes formas: a nivel consiente; y a nivel inconsciente. En este artículo, cómo seducir consciente e inconscientemente.

Diferencias entre seducir y ligar

Hemos empezado preguntándonos cómo y por qué gustamos o no gustamos a los demás. El “gustar” es un poco lo mismo que yo entiendo por seducir. Cuando gustamos a los demás, siempre tenemos más posibilidades de ligar con personas del sexo contrario que nos gustan a su vez a nosotros. Por supuesto, para encontrar candidatos o candidatas al amor no vale con gustar: hay que echarle huevos e ir a por nuestro objetivo. Mucha gente poco seductora liga mucho porque lo intenta mucho; y otros muy seductores no ligan porque apenas lo intentan. Pero aún así, el porcentaje de nuestros intentos de ligue que tendrán éxito está marcado por lo que gustamos y seducimos a los demás: cuanto más gustamos, más porcentaje de intentos de ligue concluirán con éxito.

Si por ejemplo, yo intento ligar dos veces al año y lo consigo una, eso es un porcentaje de éxito de un 50%.

Pero si yo intento ligar 18 veces al año y lo consigo 3, eso es un porcentaje de sólo un 17%.

Por tanto, tenemos un chico que sólo intenta ligar 2 veces al año y consigue el éxito el 50% de las veces.

Y otro chico que intenta ligar 18 veces al año y sólo tiene un éxito de un 17%.

Es evidente que este último chico es mucho más patán y menos seductor. Pero como lo intenta más, pues liga más. El otro chico a lo mejor con su porcentaje de un 50% de éxitos, lo intenta poco porque a lo mejor es tímido y demás… Pero cuando lo intenta lo hace muy bien.

Moraleja de la historia: joder, esas personas que no tienen miedo a que les pille la vaquilla siempre torean más y consiguen más éxitos aunque toreen mal. El chico seductor que torea tan poco con mujeres debe de aprender a perderle el miedo a que lo “empitonen”, porque a lo mejor es muy seductor, pero ser tan cobarde es algo que lo quita muchas posibilidades, y que de alguna manera lo hace menos seductor…

Y además, este chico tan seductor que consigue ligar el 50% de las veces que lo intenta… seduce y gusta a los demás, y por eso tiene un porcentaje de éxito tan alto. ¿Cual es la clave de este gustar de este chico tan seductor pero tan poco ligón (porque lo intenta poco)?

Gustar y seducir a nivel consciente e inconsciente

De alguna manera cuando gustamos (o sea, cuando seducimos) a los demás, los gustamos a dos niveles distintos:

-A nivel consciente

-A nivel inconsciente

Y es que para seducir y gustar a los demás, tenemos que llegar a sus sistemas cognitivos y de procesamiento de la información de alguna manera. Y el cerebro humano tiene dos grandes formas de procesar la información: una forma consciente, en donde procesamos cosas de las que nos damos cuenta claramente: y un sistema inconsciente, en donde procesamos datos los cuales nuestra consciencia no detecta claramente.

Puede parecer que en realidad cuando alguien nos gusta o nos seduce, lo hace porque ese alguien tiene una serie de características en su forma de ser, en su físico… que son muy claras y que nosotros captamos de forma consciente. Pero la mayoría de la gente capta de los demás muchísima información inconsciente, tanto es así que esta información inconsciente es responsable en alto porcentaje de que alguien nos guste o no nos guste. De hecho, a veces cuando alguien nos pregunta por qué nos gusta ese chico o esa chica tan especial… apenas sabemos qué contestar: nos gusta y estamos enamorados de ella o de él, pero no sabemos muy bien por qué. Decimos que tiene un “carisma”, un aura extraño y especial, que no vemos en el resto de personas. Este carisma es de alguna manera esa atracción inconsciente que las personas que nos gustan generan en nosotros. Por supuesto, también nos gustan cosas de los demás que captamos más claramente, como una conversación interesante, un físico bonito… Y de cualquier forma, no hay nadie más seductor que aquellos que seducen tanto a nuestra parte consciente; como a nuestra parte inconsciente. Por eso, para terminar el artículo, hacemos dos pequeñas listas: una de cosas conscientes con las que seducimos a los demás; y otra de cosas inconscientes con las que seducimos a los demás. Así repasaremos nuestra grandes armas de seducción y nos ayudaremos a hacernos con un arsenal muy poderoso para seducir y para gustar a los demás.

Nuestro atractivo a nivel consciente

1. Seduce una buena conversación, estructurada, bonita, con una entonación adecuada, con un ritmo adecuado, con un volumen de voz que se adapte a las circunstancias. Enamoran esas personas que tienen amplios temas de conversación, que saben escuchar y comprender, que saben interesarse por los temas de conversación que interesan a los demás…

2. Seduce una persona hermosa, con un buen físico, cuidado, ni demasiado flacas ni demasiado gordas. Enamoran esos cuerpos grandes pero sin pasarse, cuerpos atractivos y con esas típicas formas o masculinas o femeninas. Enamoran las caras vivas, alegres, simpáticas, además de con una piel cuidada, con unos ojos bonitos, una nariz y un boca bonita.

3. Seduce una forma de ser alegre, activa, equilibrada. Nos enamoran esas personas que son simpáticas pero que también tienen muchas cosas en su cabeza y en su alma además de simpatía. Nos enamoran las personas con buen trato, corteses, agradables… Pero también las personas que luchan por lo que quieren, que tienen intereses y aficiones, en definitiva, nos enamoran esas personas que siendo simpáticas y alegres, compensan la superficialidad de esa simpatía con algo más profundo, como con aficiones interesantes, una personalidad profunda, una capacidad de captar los matices psicológicos de otras mentes y por tanto, de empatizar con ellas…

Nuestro atractivo a nivel inconsciente

1. Seduce una forma de hablar profunda, con matices en el volumen, en el tono, en el ritmo… con temas bien estructurados, y con saltos entre temas armónicos. Enamora las personas que se interesan por lo que gusta a los demás en la conversación, y que escuchan a los demás con interés y los hacen sentir a los demás escuchados y comprendidos.

2. Seducen las personas que cuidan su físico y su estilo. Seducen las personas que tienen una forma de vestir con estilo propio, o mejor: con estilos propios, con estilos que la persona va cambiando de vez en cuando para no caer en la rutina de “siempre lo mismo”. Seducen las personas que impregnan su vestuario con el simbolismo de su vida, por ejemplo, si queremos ir por ahí con los amigos a bares, podemos usar un estilo roquero que tiene un simbolismo algo así como “estoy vivo y alegre, y tengo ganas de disfrutar y de pasármelo bien”. Los cuerpos cuidados también seducen casi sin darnos cuenta…

3. Seduce una personalidad luchadora y simpática a la vez. Nos tendemos a enamorar a nivel inconsciente de esas personas que son por un lado tranquilas, de buen trato simpáticas; pero por otro son personas luchadores, con capacidad para pelear por lo que quieren. Con amor por la vida, personas leales pero justas, personas delicadas apero guerreras…

Conclusión sobre seducir consciente e inconscientemente

Si nos damos cuenta, nuestros tres puntos de atraer a nivel consciente son muy parecidos a nuestros tres puntos de atraer a nivel inconsciente. Esto es porque comúnmente lo consciente y lo inconsciente se entrecruzan. Digamos que por ejemplo, cuando alguien tiene una conversación bonita, atractiva, que sabe escuchar… todos nos damos cuenta de que esa persona es atractiva por su conversación. Pero a veces no nos damos cuenta de que ciertos elementos de su conversación se hacen atractivos de forma inconsciente. Por ejemplo, a lo mejor no nos hemos dado cuenta que nuestro amigo Luis nos cae tan bien porque él siempre tiende a sacar los temas de conversación que nos gustan a nosotros. O a lo mejor es que nuestro amigo Luis tiene un ritmo en sus palabras, una cadencia, un volumen, una finura a la hora de conversar… que casi sin darnos cuenta se nos hace muy atractivo. Puede que nos demos cuenta de que Luis tiene una conversación atractiva; pero no sepamos exactamente por qué su conversación es tan atractiva. Por eso mismo el atractivo consciente e consciente se entrecruza para conseguir la atracción total. Lo que sí es seguro es que si aprendemos a atraer al sexo contrario tanto a nivel consciente; como a nivel inconsciente… nadie será tan seductor como nosotros. Luego es sólo cuestión de salir al ruedo a ligar… (jo, sí que le estoy yo dando últimamente a las metáforas taurinas…).

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