¿Ser racional o ser pasional?

La pregunta con la que abrimos este artículo se puede entender en un doble sentido:

1. Nos estamos preguntando si el hombre es un ser racional o un ser pasional

2. Nos estamos preguntando si debemos de comportarnos de forma racional, o simplemente dejar salir al animal humano que llevamos dentro.

Parece que de alguna manera, la esencia humana tiene algo dualista, como si nuestro yo estuviese compuesto de un procesador de doble núcleo: un núcleo racional; y otro núcleo pasional. Por ejemplo, todos, absolutamente todos, de vez en cuando razonamos sobre determinados asuntos. Por ejemplo, todos argumentamos diciendo cosas como que está mal robar porque así muchos se terminan quedando con cosas de otros, y de este modo la sociedad degenera porque en vez de que cada uno tenga lo que merece, los ladrones terminarán teniendo más de lo que merecen; y los que son robados por los ladrones terminarán teniendo menos de lo que merecen. Eso es un argumento racional que lo puede hacer todo el mundo. El hombre tiene una parte racional inseparable de su ser. Pero, para bien y para mal, todos los hombres y mujeres tenemos también una parte emocional, pasional, animal, instintiva… que nos lleva a hacer cosas que incluso pueden ser contrarias a razón por que simplemente tenemos la necesidad instintiva de hacerlas. Así, mucha de la gente que roba, por ejemplo, podría estar muy de acuerdo con nuestro argumento de que está mal robar. Pero aún así roban, por que aunque esta gente pueda hacer dentro de su cabeza este argumento de que no está bien robar, pues aún así, algo más fuerte dentro de ellos les hace robar por ejemplo cien mil euros que a lo mejor alguien se dejó “olvidados” en un maletín a la puerta del ayuntamiento de nuestra ciudad. Vemos como comúnmente nuestras partes racionales y emocionales chocan, y normalmente la pasión, las emociones, nuestro yo animal, suele salir vencedor. En este artículo, ser racional o ser pasional.

El atractivo de las personas racionales y pasionales

Los filósofos y científicos de la Antigua Grecia creyeron que era esencial a la humanidad su inteligencia y su capacidad de afrontar el mundo de forma racional. Con el tiempo, la figura del intelectualSer racional o ser pasional fue despuntando en Europa: era un hombre que estudiaba la ciencia, la filosofía, la razón… y creía que era fundamental para el correcto gobierno tanto de un hombre como de una nación completa, que las acciones de la gente y de los países se ajustase a parámetros racionales. El intelectual era un hombre pleno, sabio, culto, que se guiaba por principios racionales. Durante toda la Edad Media este prototipo de intelectual se desarrolló bajo la bandera del cristianismo, y había que hacer lo correcto, lo razonable, lo que Dios mandaba en definitiva. Por tanto, así se crea el prototipo actual de hombre intelectual, como esos tíos muy serios y estirados que vemos muchas veces por la tele o por Internet diciendo que hay que actuar de otra forma y que debemos de ser justos y rectos en nuestras acciones… Este hombre intelectual, refinado, racional, que se ajusta a derecho y que somete sus procederes a procesos de elección racional, es muchas veces mostrado como prototipo de hombre perfecto, canónico, nos muestran a estos estirados y racionales hombres como el camino a seguir por los demás… Pero entonces, ¿por qué estos hombres buenos, racionales, con grandes dotes intelectuales y que someten todo a razón… por qué ligan tan poco y no es precisamente el sueño de ninguna mujer (u hombre) terminar emparejado con estas personas tan sensatas y rectas, y que nunca se emborrachan y terminar apuntándose a la marina en el que con el tiempo la propia persona consideraría el peor día de su vida…?

Pues por un motivo muy sencillo: no es racional ser tan racional. Quiero decir, que la verdad es Una y Dios puede ser su guardián. Pero el hombre como hemos dicho, tiene un espíritu un poco dividido entre dos mundos: el mundo de la verdad, la sabiduría, la razón por un lado; y por otro, su propia naturaleza instintiva, pasional y animal que nos lleva a actuar de formas que serían difícil de justificar ante el tribunal de la razón. Si yo por ejemplo me despierto de la siesta en el sofá, y me pongo a estirarme como un galgo de carreras, esa forma de actuar sería considerara completamente fuera de razón, porque la razón diría quizás que hay que ser más fino y corteses, y no parecer un pulpo que puesto en la cazuela boca abajo se pone a estirar todos sus tentáculos como si una holeada de espasmos embadurnasen por completo todos los centímetros de su carne.

Esos hombres estirados, tan correctos, tan racionales, tan objetivos… comúnmente no son vistos por los demás como hombres o mujeres atractivos, por el hecho de que son personas que aunque tienen muy desarrollada su parte racional o divina en ellos mismos; les queda pendiente tener una parte animal más vigorosa, más viva, más pasional, más enérgica… No nos debe de extrañar que en Europa y en todo occidente ahora mismo, las personas que destacan por ser intelectuales de alguna rama del conocimiento, no suelan ser a su vez vistos como “sex simbol”, cuyo papel suele recaer en hombres y mujeres de dudosas capacidades mentales, pero que tienen la virtud de estimular en nosotros ese sentimiento de deseo animal y de deseo al animal sano, pasional y vigoroso de nuestra misma especie y de distinto sexo a nosotros mismos.

Pero a su vez, esas personas muy animales, muy sanas, muy pasionales, vigorosas, que tienen sus instintos alimenticios, sexuales, de buscar cobijo o de estirarse como vulgar galgo cuando se despiertan de la siesta… tampoco por sí mismos se tienen que hacer atractivos. Digamos que vemos sobre todo atractivos a esos hombres y mujeres que saben encontrar su equilibrio entre lo racional y lo pasional, y en cambio, los hombres y mujeres que se van para uno de los lados, o bien la razón o bien la pasión, son vistos como hombres y mujeres con ciertas deficiencias en su atractivo.

Conclusión sobre ser racional o ser pasional

Como vemos, ya tenemos una gran conclusión: hay que ser racional y pasional a la vez. O sea, hay que por un lado argumentar, ser sensato, ser analítico, tener la cabeza bien amueblada y ser objetivo; pero por otro tenemos que de alguna manera usar nuestro atractivo animal, el atractivo de nuestros instintos, nuestra forma de comer, nuestra forma de vivir y desfogarnos en la fiesta, nuestra forma de andar, animal y sensual, para terminar de rematar la faena y ser hombres y mujeres completamente atractivos, tanto a nivel racional; como a nivel pasional.

Por tanto, para ser lo más atractivos posible, se trataría de cultivar un poco nuestro yo racional, sensato, inteligente, culto, con aficiones intelectuales… por un lado; y por otro, se trataría de cultivar nuestro yo animal, aprender a andar de la forma más sensual posible; aprender a comer con gracia (eso enamora, curiosamente se puede uno enamorar de una persona viéndola comer…); aprender a dar salida a esos hervores de carácter que tenemos de vez en cuando, de ira, de felicidad, de angustia, de pasión…

Y así, cultivando nuestro yo racional y nuestro yo pasional e instintivo, parece que llegaríamos a desplegar el máximo atractivo que tiene nuestra propia persona ante los demás… Pero una pregunta ¿no esta demasiado lejos la razón de la pasión? Y entonces ¿cómo podemos ayudar a conectar estos dos tan lejanos mundos que son los mundos de la razón, de la inteligencia, de la sensatez…; con los mundos de la pasión, de los instintos, de la animalidad que llevamos inscrita en nuestros genes?

De alguna manera para hacer esto, es interesante la metáfora del jinete que guía a su caballo mientras cabalga sobre sus lomos. El jinete es la razón, la lógica, el análisis, la sensatez, la objetividad…; y el caballo es la fuerza, la pasión, la vitalidad, la animalidad, lo instintivo… Se trataría de aprender a domar y a guiar al caballo de la pasión con el jinete de la razón. No se trata de intentar conseguir la fusión del caballo y del jinete, pues cada cual siempre será cada cual. Pero sí de que los dos, a base de práctica y de entrenamiento, terminen pareciendo casi uno debido a la alta coordinación que se ha conseguido entre estas dos partes del alma. No se puede aniquilar a la pasión como quieren algunos estirados intelectuales. Tampoco se puede ir por ahí como caballo desbocado sin tener nada en la sesera, como nos intentan convencer desde muchos “publiinformativos” y demás zandajas de la tele. Nuestra esencia es dual y el caballo y el jinete siempre estarán ahí. Por supuesto que las riendas las debe de llevar el jinete; pero el caballo es la fuerza y el impulso animal, por lo que el propio jinete toma la fuerza de su avance de las poderosas patas del caballo.

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  • Comments

    • Leo dice:

      Después de leer ésto, no me quedan dudas de por qué la gente te ayuda cuando uno mismo se encuentra en cualquier tipo de situación desfavorecida, y por qué no te ayudan cuando uno se encuentra en plenitud: Hacerte sentir desdichado y envidia respectivamente.

      • Erik360 Erik360 dice:

        Interesante reflexión Leo, pensar la mente humana nos ayudará a entender mejor a los demás; y de paso a entendernos mejor a nosotros mismos.

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