Ser valientes para superar la timidez

Hay que ser valiente en esta vida. Los tímidos especialmente tienen que cultiva el valor más que otros. Y es que para un tímido, algo que para los demás es muy fácil de hacer, se convierte en la mente del tímido en un proyecto imposible de llevar a cabo. Por eso mismo, si nosotros somos tímidos, lo primero que tenemos que hacer para que nuestra timidez no nos arruine nuestra vida social, es entender que para los demás esas cosas como llamar a un amigo, como irse a un bar sólo, como irse a ver las profesiones de Semana Santa… son cosas muy fáciles de hacer, incluso divertidas. Pero para un tímido hacer estas cosas sociales es muy difícil. Y al final el dolor que le causa al tímido hacer estas cosas es mayor que el placer que le proporciona, y al final el tímido se queda años encerrado en su propia concha protectora.ser valientes para superar la timidez Para ello nada mejor que cultivar una actitud más intrépida, más valiente, y más arriesgada ante la vida. Esto a veces tiene sus problemas. Cuando “arriesgamos” conduciendo con el coche, pues tenemos muchas posibilidades de tener un accidente. Y ¿qué pasa cuando “arriesgamos” más en el terreno social? Pues para un tímido cosas espantosas, como que una chica te diga que no, o como que un grupo de amigos te rechace con miradas ofensivas… Pero eso para los demás es algo fácil de aceptar. Un tímido tiene que aprender a ser más valiente, más arriesgado, más intrépido en sus interacciones sociales. Y para ello debe de ser un poco más como los demás: si tienes ganas de quedar con un amigo, pues llámalo; si tienes ganas de ir al cine sólo, pues vete; si tienes ganas de irte a un Macdonalds por tu cuenta, pues hazlo; si te apetece apuntarte a ese curso de pintura, pues a qué esperas… Un tímido rechaza estas cosas porque el dolor de la ansiedad que le darían al tímido supera al placer que le provoca realizar estas para los demás sencillas actividades sociales. Por eso tenemos que aprender a ser más valientes, más intrépidos, más activos en nuestra vida social. En este artículo, ser valiente para superar la timidez.

La presión social y la timidez

Pues resulta que vivimos rodeados de una presión social muy fuerte desde que nacemos. Nos dicen desde niños “no hagas eso, no hagas lo otro”… Y nosotros vamos interiorizando la timidez. Es algo increíble, pero yo desde hace un año o así, me vuelvo a sentir un poco como el niño que aunque introvertido, era valiente, arriesgado, decidido, sociable, ligón… (sí, ligaba con 3 años pero irónicamente, no con 20…). ¿Qué me pasó, por qué yo dejé de ser socialmente muy popular en el parvulario; y me convertí en un friki insociable? Pues precisamente tiene que ver con mi temperamento sensible, igual que el de muchos tímidos. Cuando a una persona insensible lo dicen “no hagas eso”, pues esa  persona ni se inmuta y lo hace igual. Pero cuando eran a mí al que le decían “no hagas eso”, pues mi sensibilidad hacía que estas palabras me provocasen daño, y yo al final no hacía eso… Podrían ser cosas como intentar besar a una niña, irme con un niño que no conocía, salir a la calle en bermudas… Total, que al final yo por la presión del medio terminé pasando de ser un introvertido dominante y popular con 3 años; a ser un friki insociable y que caminaba por la calle con la cabeza gacha y el cuerpo curvo. Tanto es así que yo con 18 años o así pensaba que no podría sobrevivir fuera de un monasterio… A día de hoy agraciadamente, me he metido en algún que otro convento, pero para perseguir a alguna que otra chavala alumna de las monjas que me la puso como un palote…

¿Y por qué a mí me afectó la presión social más que a los demás? Ya lo hemos hablado, es debido a mi mayor sensibilidad. La sensibilidad es algo bueno y malo a la vez: es bueno porque te ayuda a ser un psicólogo natural magnífico, y así hasta se liga más; pero es malo porque si te “machacan” la sensibilidad con imposiciones, tu autoestima entera se derrumba.

¿Y los chicos con poca sensibilidad, cómo reaccionan ante las prohibiciones? Pues digamos que cuando a alguien menos sensible le dicen “no beses a esa niña…” pues le entra por un oído y le sale por otro, y no le afecta para nada: ni impide que bese a la niña; ni el fastidia la autoestima por haberle caído encima una reprimenda. ¿Y como podemos los tímidos sensibles recuperar nuestra autoestima y ser tan sociables y valientes como estos chicos que no sufren de falta de autoestima ni de timidez?

Superar la timidez con retos

Pues es simplemente una cuestión de ir poco a poco haciendo cosas que, aunque nos causen cierto dolor por que nos somete a ansiedad social, nos divierten  la vez. Por ejemplo, si a mi me entran ganas de ir a unas conferencias sobre economía en la facultad, pues la primera reacción que yo tendré será de “no voy porque a lo mejor me miran raro o paso vergüenza…”. Hay que luchar contra este miedo a la vergüenza. E irónicamente aceptar que todo el mundo hace el ridículo de vez en cuando es un paso fundamental. Lo que pasa que a la persona no sensible, se la trae floja haber hecho el ridículo en aquella noche que entró a dos amigas en la disco y estas le dijeron eso de

“valla, yo sabía que a las 12 de la noche salían los vampiros de sus ataúdes. Pero no sabía que también salían los gremlins de sus escondites…”

Por eso, los tímidos tenemos que ir siendo cada vez más valientes (no creo que a los de la Real Academia de la Lengua les haga mucha gracia mi sintaxis…). Ponernos retos e ir superándolos. Y además, son retos divertidos: desde pedirla a una amiga que nos presente a sus otras amigas; hasta irnos a esa quedada de amigos anónimos que se organiza por Internet solos; o ir al teatro solos, o ir al cine, o apuntarnos a esa quedada para correr de Internet y conocer de paso a gente muy interesante…

Es cuestión de irnos poniendo retos, retos que aunque nos causen ansiedad, a la vez son divertidos. El tímido irá aprendiendo esto con el tiempo. Aprenderá que el dolor que le causa la ansiedad se compensa con el placer que le causan las interacciones sociales agradables. Y aprenderá a no evitar el dolor de la ansiedad debido a que sabe que este dolor está unido al placer que nos proporcionan las interacciones sociales (a esto lo podemos llamar un poco “condicionamiento invertido”, a diferencia del “condicionamiento operante” de Pavlov, en donde sólo hay placer y no actúa el dolor).

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