Sufrir por amor

Muchos sufren por amor. De alguna manera como especie hemos evolucionado a través de millones de años para ser seres sociales, y para unirnos a otros semejantes mediante ese poderoso sistema de emociones que es el amor. Esto tiene muchas ventajas y complicaciones: como ventajas tenemos que los demás nos dan apoyo, nos divierten, nos consuelan, nos hacen sentir sensaciones que ni las drogas pueden producir… pero también tiene complicaciones, que se refieren sobre todo a cuando perdemos a esa persona querida, cuando por algún motivo esa persona que amábamos se va y ya no podrá estar con nosotros nunca más. A esto hay que añadirle el hecho de que hay muchos tipos de amor: no es lo mismo el amor a los amigos, que el amor a los compañeros de trabajo, que el amor a la familia, que el amor romántico entre hombres y mujeres… El amor puede hacer referencia a todos esos vínculos que nos atan a las personas, sean nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros amantes…Sufrir por amor Pero es que incluso se puede desarrollar amor a otras cosas: amor a un deporte, amor a una ciudad, amor a un país, amor a una disciplina de conocimiento, amor a un trabajo…

Yo recuerdo el gran sentimiento de pena que se apoderó de mi por ejemplo cuando dejé mi trabajo en el campo de golf de Villamayor, en Salamanca. Pasé ahí unos buenos meses, y cuando lo tuve que dejar, los días siguientes sentía ese mismo sentimiento de duelo y de sufrimiento que se siente cuando has perdido a una persona… Vale que no es equiparable el grado de dolor. Pero sí sentí que una parte de mi vida se quedaba atrás y que dejaba atrás a algunos amigos que yo sabía que a lo mejor no volvería a ver nunca. Como vemos hay muchos tipos de amor, y también se puede amar a muchas cosas distintas. Se suele decir eso de que

“no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”

Por eso a veces cuando tenemos esa cosa o persona amada no sabemos lo que podemos llegar a sufrir cuando de un día para otro ya no está ahí ese objeto de nuestro amor. Yo he amado muchas cosas: al arte, a la ciencia, a mi pueblo, a mi ciudad Salamanca, a mi tierra, a mis lugares, al conocimiento… Lo de amar a personas lo dejé para más adelante… al menos amor referido a amor romántico.

Pero siempre es lo mismo: tienes algo que quieres pero que está tan asociado a ti que tú ni le das importancia al hecho de tenerlo. Pero un día lo pierdes, tienes que abandonar tu pueblo, tienes que abandonar tu ciudad… o peor, rompes vínculos con personas que estaban en tu vida y que tú amabas, para quizás no volver a verlos nunca más, o simplemente a veces es la propia muerte la que pone tierra y cielo de por medio con esas tus personas amadas… Incluso se puede llegar a sufrir un poco por perder a tu viejo coche… Tú nunca hubieses creído que se pudiese llegar a sufrir un poquito cuando tu coche de 30 años se lo lleva la grúa… pero es cierto. Aunque es precisamente en el amor a personas y en la pérdida de personas que ya no estarán quizás nunca más a tu lado cuando más se sufre por amor. En este artículo, sufrir por amor.

El dolor de la pérdida de lo que amamos

Quizás lo más tremendo de lo de sufrir por amor es el hecho de que tú cuando poseías a la cosa, persona, sitio… amado, tú nunca hubieses creído que el perderlo te hubiese hecho sufrir tanto. Eso, sea persona, cosa, sitio… estaba ahí y tú no le dabas importancia. A veces ni siquiera eras consciente de que lo amabas. Pero cuando te das cuenta que vas a perder esa cosa, persona, relación, sitio, lugar, incluso tiempo, y sobre todo, cuando llega el terrible y exacto momento de la separación, es entonces cuando te das cuenta de lo que tenías, esa persona o cosa amada y tú quizás ni siquiera te habías enterado de que lo amabas tanto. Es entonces cuando piensas que tenías que haber aprovechado más el tiempo en disfrutar de esa persona o cosa, que tenías que haber compartido más momentos con esa persona, que tenías que haber hecho todo lo posible porque esa persona no hubiese salido de tu vida.

Todo esto puede parecer terrible. Pero esto no es nada: imaginad que hay casos de madres que mandaron a sus hijos a hacer algún recado con el coche. Y el hijo, por desgracia, sufrió en ese tránsito un accidente, y falleció. Estas desgraciadas madres, incluso años y décadas después, todavía se repiten, se machacan y se requeterrepiten en sus cabezas algo así como
“y si no le hubiese mandado ese recado a mi hijo y hubiese ido yo como solía hacer siempre…”.

Con la pérdida en el amor romántico nos pasa algo parecido, siempre le damos más y más vueltas en la cabeza, y pensamos

“es que yo podía haber hecho más por mantener a esa persona a mi lado…”

o

“es que actué tarde y mal, tenía que haber actuado antes…”

Todos esos pensamientos ya no sirven de nada, y hay que intentar expulsarlos de nuestra cabeza, como si fuesen una pelota de béisbol y nosotros la golpeásemos y la mandásemos lejos casi tan pronto como ha llegado a nosotros.

Sin miedo a amar, pero yendo con cuidado

Como digo, muchas veces no somos conscientes de lo que tenemos, lo infravaloramos porque está ahí y ni siquiera somos capaces de ver que lo amamos. Quizás por eso, es un buen ejercicio para aprender a valorar lo que tenemos hacer una escapada, lejos de eso que amamos, y estar un tiempo, aunque sean unas horas, alejados de eso que amamos, sea persona, lugar… Es desde la angustia del exilio desde donde nos damos cuenta de que siempre amemos a nuestro país aunque nunca fuésemos consciente de ello. Con el amor romántico y a personas pasa lo mismo: a veces no somos conscientes de lo que amábamos a esa persona especial hasta que la perdemos, y entonces suplicamos y requetesuplicamos que vuelva, haciéndonos a nosotros mismos la promesa de que si vuelve vamos a aprender a valorar a esa persona como realmente se merece.

Desgraciadamente no es una expresión contradictoria lo de “sufrir por amor”. Si nos dan algo y luego nos lo quitan, seguramente el sufrimiento de la retirada de lo que se nos dio supere al placer del momento en el que nos lo dieron. Por eso el amor es un arma de doble filo: es compañía, cariño, diversión, comprensión, sensaciones increíbles…; pero cuando algo sale mal es dolor, es ruptura, es desolación, es sentimiento de pena y de duelo. Supongo que la vida tiene altibajos, cuando amamos vamos hacia arriba; y cuando se rompen los vínculos con lo amado vamos hacia abajo. Pero hay personas que permanecen arriba durante buena parte de toda su vida. Son personas que superaron muy bien los duelos por las pérdidas; y que supieron muy bien atarse y crear lazos con sitios, con objetos, con personas… que eran especiales y dignas de ser amadas.

Y con esto último nos quedamos: no hay que tener miedo a amar aunque se sufra un huevo cuando la cosa sale mal. Podemos controlar los duelos; a la vez que intentamos forjar nuevos vínculos con lugares, con personas… que nos hagan la vida más feliz. Por que sí, lo que os han contado los gurús de la seducción es completamente falso: el más fracasado de todos los hombres es precisamente el ligón, el seductor; o la mujer deseada, la “rompecorazones”, porque ellos entre ligue y ligue siempre están solos, no se atan a nadie, pasan tan poco tiempo con cada persona que no da tiempo para que se creen vínculos especiales. Cuando yo me dí cuenta de eso, abandoné el sargeo tipo “lígatela en la discoteca y fóllatela en esa misma noche…”, por algo distinto: la búsqueda del amor y la forja de verdaderos lazos afectos y sentimentales con persona del sexo contrario… pero también con amigos, con vecinos, con compañeros, con lugares, con objetos con animales… Todo eso es lo que nos hace felices. Y perder todo eso es lo que nos hace infelices. Maduré supongo, y yo me doy cuenta que antes de esta maduración yo era un completo inmaduro… Ahora sé que la vida es atarse, es cuestión de encontrar buenos lugares a donde atarse. La mayor esclavitud que existe es estar en tu velero en medio de un mar enorme sin rumbo, divagando y vagando por aquí y por allí sin ninguna orilla a la que regresar. Por eso, y aunque esté siempre presente el riesgo de sufrir por amor y por la ruptura, no nos queda más remedio que buscar una cala tranquila e interesante, en donde atar a nuestro barquito para poder pasar allí muchos felices años. 

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