Superar la depresión

La depresión es una enfermedad del ánimo. Los enfermos de este cada vez más habitual padecimiento se sienten abatidos, tristes, aburridos… Y es muy importante entender que este abatimiento no tiene por qué corresponder a una situación de pesar, de peligro, de dolor externa. Y esto quiere decir que un enfermo de depresión puede tenerlo todo aparentemente por fuera, pero por dentro se siente destrozado, abatido. De cualquier forma, un muy elevado número de casos de enfermos de depresión han caído en esta enfermedad debido a factores externos: problemas económicos, pérdida de familiares, vacío existencial,… Pero la depresión por si misma no es reducible a estos factores. O sea, por ejemplo, no estamos depresivos por tener problemas económicos: podríamos perfectamente tener problemas económicos sin estar depresivos. Lo que quiere decir todo esto, es que la depresión por encima de todo es un estado de ánimo, en donde nos sentimos aburridos, abatidos, sentimos que no hay futuro. Aunque estos pesares y estos sentimientos pueden perfectamente estar falseados: nuestro cerebro siente dolor, y deja de razonar. Los sentimientos sustituyen a las razones reales: podemos perfectamente tener un futuro espléndido, pero al sentir el dolor de la depresión, este dolor vence a la razón, y convence al enfermo de depresión que el dolor es el verdadero futuro, aunque nuestra razón nos diga que ese dolor pasará, y nos esperan muchos años de felicidad por delante. En este artículo, las claves para superar la depresión.

Las subidas y bajadas de nuestro estado de ánimo

superar la depresión

Sundar

Todos tenemos días malos: no nos arranca el coche; nos despiden de nuestro trabajo; nos deja nuestra novia;… Pero un día malo no es suficiente para caer en depresión: arreglaremos el coche; encontraremos otro trabajo; encontraremos otra novia;… Pero cuando los días malos, por alguna circunstancia, se empiezan a encadenar, se empiezan a suceder uno tras otro, entonces nuestro cerebro empieza a funcionar de forma distinta. Es el inicio de la depresión. Es común que para los enfermos, este inicio pase completamente desapercibido. A la depresión se va entrando poco a poco, cuantos más días malos vamos encadenando, más nos vamos hundiendo en el abismo de la depresión sin casi darnos cuenta. Y es común, que uno de los síntomas de la depresión (no confundir los síntomas con la enfermedad: la enfermedad es, por decirlo de alguna manera, el grueso de la enfermedad, la parte principal; los síntomas son algo así como los “efectos secundarios” de la enfermedad, efectos que delatan la enfermedad, pero no son la enfermedad) sea la preocupación excesiva por cosas que antes nos importaban, pero ahora llega hasta el extremo de obsesionarnos con estas cosas, hasta el punto de creernos que son realmente estas cosas las que nos preocupan. Pero realmente, la depresión está ya haciendo de las suyas, y está empezando a sustituir la antigua estructura racional del mundo, por una nueva estructura echa a base de dolor y de preocupación.

Y como hemos dicho, son los días malos los que nos van haciendo caer en este remolino que es la depresión. Llegará un momento que, aunque paren los días malos, aunque nos deje de afectar ese problema tan grave que nos metió en la depresión (por ejemplo, quizás encontremos trabajo, y terminaron por tanto nuestros problemas económicos), la depresión continuará, a pesar de que hemos acabado con las causas que nos metieron en ella. Por eso, es importante que los enfermos de depresión tengan paciencia: de la depresión se sale, pero se tarda un poco. El cerebro, una vez solucionados nuestros problemas, una vez que ya hemos acabado con esos días malos, necesita un tiempo para volver a su funcionamiento normal. Y esto es muy importante: los enfermos de depresión se curan. Lo tienen peor los inquilinos de otros tipos de enfermedades mentales, de más difícil curación.

Salir de la depresión

Podemos comparar el alma humana a uno de esos molinillos de viento de juguete, que todos conocemos bien de nuestra infancia… Esos molinillos son un juguete, pero también una buena metáfora de nuestra alma. Y es que, los molinillos de viento se mueven más cuanto más viento sopla. Si deja de soplar el viento, el molinillos se va parando poco a poco hasta que al final ya se queda completamente inmóvil. Si el viento vuelve a soplar, el molinillo tardará un poco en volverse a mover, pero al cabo de unos segundos de viento, el molinillo estará otra vez girando a velocidades vertiginosas. Y nuestro alma, nuestro estado de ánimo, es un poco como estos molinillos de juguete: si vienen días malos, el molinillo de nuestro alma se va parando, hasta que casi se queda quieto (depresión); pero si tenemos buenos momentos, si tenemos una vida plena y acorde a la “naturaleza humana”, el molinillo, aunque tarda un poco, vuelve a girar al sentir el viento golpeando en sus aspas de papel. Y por supuesto, aquellos molinillos de juguete de nuestra infancia, no sólo giraban cuando hacía aire: todos conocíamos el truco de soplar sobre ellos para que el molinillos  cogiese velocidad de giro. Y con el molinillo de nuestra alma, podemos hacer algo parecido, podemos soplar sobre el parado molinillo de nuestra alma depresiva o algo triste, para que así, con un poco de tiempo, este empieza a girar otra vez a grandes velocidades. Para “soplar” sobre el molinillo de nuestra alma, nada mejor que aplicar los siguientes puntos.

Consejos para salir de la depresión

1. Ponte unos horarios fijos, ten una rutina diaria, come a la misma hora, vete a la cama a la misma hora, levántate a la misma hora, ten unos horarios diurnos, las personas con horarios nocturnos viven hasta 10 años menos que las personas con horarios diurnos. El hombres es un ser diurno, y vivir de noche puede ser un desencadenante de depresión. También vivir una vida desorganizada, sin horarios de comidas, sin una estructura de tiempo que nos guíe en el día a día.

2. Una vez que ya hemos organizado nuestro día a día, vamos a dedicarle una hora al día a la terapia cognitiva. Y esta básicamente consiste en pensar, en pensar nuestra vida, en pensar nuestros problemas, y sobre todo, en pensar que nuestra situación de depresivos con fuerte dolor en el alma, no es real, no es una situación del mundo. Es sólo que nuestro cerebro nos engaña, y nos quiere convence de que el mundo es dolor. Pero en esta hora diaria de pensar, debemos convencernos nosotros a nuestra alma que el dolor que siente no es real, que pasará, y que podemos volver a ser felices. Piensa en la felicidad que te espera, en lo que te gustaba antes, en los felices momentos pasados, y en los felices momentos que deparará el futuro. En esta misma hora de pensar diaria, también iremos organizando poco a poco nuestra nueva vida, primero en el pensamiento, y después construiremos de nuestro pensamiento nuestro nuevo mundo.

3. En nuestra reconstruida vida, no puede faltar el ejercicio. Tengamos cualquier edad o estemos en cualquier condición. Es recomendable ejercicio diario, una media hora al día sería suficiente. Debemos de buscar un ejercicio que se adapte a nuestras condiciones y a nuestras necesidades. Por supuesto, este ejercicio diario se encardinará también en la nueva estructura de nuestra nueva vida. Por eso, es necesario tener unas rutinas en cuanto a la realización de este ejercicio diario más o menos fijas.

4. Si nos damos cuenta, todos los puntos se van insertando en un eje común: el eje de nuestro molinillo… Y este eje común es la nueva estructura de nuestra vida, ordenada y en donde todas las partes de la misma se relacionan con todas. Por eso, seguimos soplando a nuestro molinillo… ahora con un poco de terapia conductual. Y esta consiste más o menos, en hacer cosas que nos gusten. Esto sube el ánimo. Por ejemplo, podemos quedar una vez a la semana para ir al cine con nuestros amigos. Tener actividades lúdicas y divertidas de forma regular, por ejemplo, ir al cine todos los sábados tarde, es un buen antidepresivo.

5. Y también nos toca por supuesto reconstruir nuestra posiblemente malograda vida social. Y es que, los otros, amigos, familiares, novios-as,… serán una parte fundamental a la hora de terminar definitivamente con nuestra depresión. Por eso, el último punto para soplar sobre nuestro molinillo de juguete, es reconstruir un poco nuestras relaciones sociales, cuidar nuestras amistades, cuidar nuestras relaciones sentimentales,… dedicarle un tiempo a cuidar que los frutos del árbol de la amistad y de la sociabilidad crezcan abundantes y sanos. Por supuesto, esto lo haremos también a base de pensar primero cómo lo vamos a hacer; y segundo, poner estos pensamientos en práctica.

Y sobre todo, es muy importante que nuestro molinillo valla girando cada vez más rápido, hasta que llegue casi al punto que parezca que se va a salir de su eje… Al principio nos costará mover al pesado molinillo, no tendremos ganas de hacer nada… pero con un poco de esfuerzo en seguir nuestros cinco puntos, el molinillo cogerá inercia. A partir de ahí, es cuestión de que no decaiga esa inercia, y si es posible, de seguir aumentando su vertiginoso movimiento. Por eso, tener un día organizado, y llenarlo de actividades, es fundamental. Eso hace que nuestro molinillo coja cada vez más velocidad…

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