Tres actitudes fundamentales de los hombres ante la vida

Regine_Olsen

Regina Olsen

Soren Kierkegaard fue uno de los hombres más geniales de su tiempo. Este excéntrico danés puso las bases de la ética moderna distinguiendo tres posibles actitudes a la hora de afrontar nuestro día a día. La vida de este danés estuvo marcada por una muerte prematura. Pero no es este el dato que más choca de su vida. La anécdota más conocida de su vida fue la que protagonizó con su novia Regina. Kierkegaard estaba enamoradísimo de su novia, le atraía mucho en todos los sentidos. Ambos se querían y se iba a casar. Les esperaba una vida llena de dicha, de largas horas de amor en su oculta y común alcoba, de deleitarse con la sensualidad de las caricias y de los besos. Después, después de las largas noches de amor, irían juntos a pasear por las mañanas, después de haber desayunado juntos. Parecía que Kierkegaard era el hombre más afortunado del mundo: había encontrado una mujer preciosa con la que encajaba en el carácter a la perfección y se habían enamorado mutuamente. Si alguien que esté leyendo esto a experimentado una sola vez en la vida lo que se siente al estar enamorado cuando el enamoramiento es correspondido, tendrá aún más dificultades en entender a Kierkegaard… Es una sensación de euforia inigualable, algo así debió de sentir Napoleón cuando fue coronado como emperador de medio planeta. Pero no hace falta ejércitos para ganar la batalla al desamor… sólo algo de suerte, y terminará apareciendo esa mujer que nos hará durante muchos años, a veces décadas, feliz. Se dice que una buena novia-mujer da una felicidad equivalente a que nos tocasen en la lotería veinticuatro millones de las viejas pesetas al año (unos 170.000 dólares). Kierkegaard tuvo esa suerte, apareció una mujer que le aportaba una felicidad equivalente a millones de euros o dólares… Apareció esta mujer, Kirrkegaard era enormemente feliz… por eso, por que era tan feliz y porque sería muy feliz durante quizás el resto de su vida con su novia-mujer… sería muy feliz… demasiado fácil, por eso, por que iba a se tremendamente feliz, Kierkegaard terminó rechazando a su preciosa novia y después nunca conocer jamás a otra mujer alguna.

Tres formas fundamentales de comportarnos ante la vida

1. El estadio estético. Esta es la primera actitud ante la vida según Kierkegaard. Un hombre en el estadio ético se comportará como un absoluto cretino. En el día a día irá por la calle haciendo lo que le plazca en función exclusiva de sus impulsos: si está en un supermercado y ve la oportunidad de poder llevarse un videojuego sin pagar, lo hará sin dudarlo. Un hombre en el estadio estético es un poco como un niño: los niños no atienden a moral alguna, simplemente hacen aquello que tienen ganas de hacer… Este hombre del estadio estético irá por la vida aprovechando todas las oportunidades que tenga de “prosperar” aunque sea a costa de dañar a los demás. Eso no le preocupa, sólo hace aquello que le gusta, lo demás le da igual. No es que haga el mal aposta, no es que diga “voy a acuchillar a este para hacer el mal”.. simplemente no reflexiona sobre su actividad… para él no hay ni bien ni mal, actúa por impulso, hace lo que tiene ganas de hacer. Pero ya cuando somos niños se va produciendo en nosotros un cambio moral: al principio hacemos lo que tenemos ganas, sin darnos cuenta de si está bien o mal. Pero al transcurrir los primeros años de nuestra vida, empieza a formarse dentro de nosotros una especie de “ley moral”, una división, vemos que algunas cosas no hay que hacerlas aunque nos divirtiese hacerlas, por ejemplo, no hay que robarle ese helado a las niñas… aunque es muy fácil hacerlo y el helado nos daría mucho placer. Pero sabemos que eso está mal, que hay que respetar a las niñas. Así, este hombre del estadio estético va dándose cuenta de que algunas cosas que hace, aunque le de placer, están mal, y no debería de hacerlas. Así este hombre salta al segundo estadio.

2. El estadio ético. En este estadio el hombre ya sabe que hay cosas que no tiene que hacer aunque le de placer. Por ejemplo, no tiene que robar, no tiene que matar, aunque pudiese conseguir beneficio de ello. Y va por la vida con ese firme sentimiento moral. La razón ya se abre paso en el estadio ético: es quien nos dice qué está bien y qué está mal. Razonamos y con ello nos damos cuenta de lo que hay que hacer y de lo que no: hay que trabajar, que estudiar, que respetare a los demás; y no hay que robar, que matar y que aprovecharse de los demás y de este modo perjudicarlos. Un hombre en el estadio ético estaría un poco en plena Ilustración: con la fuerza de su razón, de su luz interior, sacaría todo lo mejor de él mismo por medio de actuaciones que se ajusten a su razón. Nuestra luz interna nos ilumina en el camino de la vida… pero parece que la razón no ve inconveniente en que Kierkegaard tenga una vida feliz junto a su amada novia… es algo que da placer, sí, pero a su vez es algo que no hace mal a nadie, por tanto, es un placer adecuado, legítimo. Kierkegaard dio un salto fuera de el estadio ético, dio un salto fuera de la razón y pasó al tercer estadio.

3. El estadio religioso. Un salto al abismo. Así se puede definir el paso del estadio estético al estadio religioso. En el estadio religioso ya no vale los mundanos razonamientos. Aquí no se actúa ni por capricho como en el primer estadio, ni por lógica, como en el segundo estadio. Ahora dentro de este estadio estamos en una especie de trance. Los motivos para actuar estéticos y éticos son demasiado vulgares, demasiado alejados de Dios. Dios no puede ser tan vulgar como para actuar por capricho, ni tan vulgar como para actuar por la vulgar razón. Hay algo más, una nueva forma de actuar, la más evolucionada de todas: el impulso místico. Este estadio es un poco el típico de los dioses. También es un poco el estadio típico de esos héroes que hemos visto en las películas, por ejemplo, en Braveheart, donde el héroe no se ajusta a criterios ni estéticos ni éticos en su actuación, está poseído por una especie de misión superior, los motivos de actuación mundanos son para los débiles. En este estadio nos acercamos un poco al mundo de los dioses, sacamos lo divino que hay en nosotros. Nos creemos poseídos por una misión: santificar la tierra, santificarnos a nosotros mismos. Es también el típico estadio de los mártires cristianos: no le importaba que fuesen ejecutados con terribles torturas, pues sabían que tenían una misión superior. También es un estadio típico de grandes personalidades que han cambiado el mundo, como Napoleón o Ghandi. En este estadio se le pretende dar una especie de sentido estético a la existencia (estético desde luego en un sentido muy distinto al de el “estadio estético”), vivimos no para ser razonables o para sentir placer, sino por el mero gozo de que nuestra vida se termina por convertir en una especie de obra de arte, en mera pasión.

Kierkegaard saltó al estadio religioso: se arruinó su vida a posta para poder sentir lo que se siente cuando uno se lanza por un precipicio. No ha sido el único, otros le han seguido… por razones que aquellos que no comprendan ahora no podrán comprender nunca. Agraciadamente algunos pudieron sujetarse a las ramas que hay a mitad de caída del precipicio… e intentar volver arriba. Pero ya no serán los mismos. Si Kierkegaard no hubiese tenido la mala suerte de haber muerto prematuramente por causas desconocidas, hubiese vuelto otra vez a lo alto del precipicio por el que se tiró, pero no hubiese sido el mismo, pues abría vuelto habiendo visto a Dios.

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