Tres historias para crecer espiritualmente

Todos hemos oído mil historias: en el cine, en las series de la tele, en los libros, en los videojuegos, las historias que contaba nuestro abuelo a la luz de una hoguera en una fría y lúgubre atardecer del invierno… Las historias no solo tienen como fin el entretenernos y el hacernos pasar un buen rato: también tienen como fin el hacernos pensar, y el transformarnos mediante esos pensamientos. Es como si el escuchar una buena historia nos transformase al hacernos vivir experiencias internas que nos marcan a fuego y luego somos hombres algo distintos y algo mejores que antes, y hemos crecido espiritualmente. El crecimiento espiritual puede ser parte del atractivo de hombres y mujeres. Se dice que las parejas amorosas que son casi eternas, sus dos miembros tienen una compenetración emocional y espiritual que raya el éxtasis místico. De cualquier forma, las historias, vengan de donde vengan, nos hacen pensar, porque son símbolos que nosotros interpretamos y descubrimos, y al hacer eso, nosotros construimos dentro de nuestra propia biología un sentido de nuestro yo inserto en el mundo. Una historia es una metáfora, por ejemplo, la historia del “hijo pródigo” que vuelve al padre, es la metáfora de un hombre que después de haber perdido la fe y entregarse a los placeres mundanos, se arrepiente y vuelve a Dios en un acto de redención. O como la película Matrix, que es una metáfora de la lucha contra el sometimiento actual del hombre por el hombre con ayuda de la máquina y la tecnología de todo tipo (burocracia, ingeniería, medicina, manipulación mediática…). El propio cuento de Caperucita Roja estaba lejos de ser literal: era también una metáfora que pretendía ejemplificar con las jóvenes doncellas europeas que iban a los bosques del continente para tener encuentros casuales y sexuales con hombres que eran representados en el cuento por el peligroso y depredador lobo. Una historia sirve para hacernos pensar y de este modo, para transformarnos espiritualmente. Por eso, en este artículo contamos tres pequeñas historias que nos harán pensar y que nos transformarán, y que nos ayudarán en esas vicisitudes vitales que todos atravesamos.

Primera historia: la soledad del Conde de Montecristo

Esta es una historia que ayudará a personas que pasan por soledad, por depresión, por incapacidad de sociabilizar, por timidez extrema y similares. Es la historia del camino hacia los demás y del final de la soledad.

Edmond Dantés fue encerrado de forma injusta en el Castillo de If, un enorme recinto situado en una pequeña isla en mitad del Mediterráneo. Su encierro no sería unas alegres vacaciones en una soleada isla al este de Francia: más que eso, su encierro sería un suplicio en vida, encerrado en una recóndita mazmorra, entre las ratas, en la casi absoluta oscuridad, entre la humedad de la cueva, y sobre todo, en medio de la más espantosa de la soledad y de la desesperación. ¿Nos imaginamos lo que puede ser que nos arresten de forma injusta, y poco menos que nos tiren a un agujero cavado en la tierra en donde estamos a oscuras, solos, y sin poder realizar ninguna actividad? Dantés sobrevivió en esas condiciones durante un tiempo. Comía la bazofia que le daban los presidiarios, que era la única escasa compañía que Dantés tenía de vez en cuando. No tenía higiene posible, ni entretenimiento, apenas podía andar siquiera en la estrecha mazmorra. Y así Dantés pasó muchos años, hasta contar diez. Y un día, Dantés decidió al fin poner remedio a su sufrimiento, de la única forma que él podía acabar con aquél suplicio en vida: decidió suicidarse a base de dejar de ingerir el escaso y vomitivo alimento que le daban. Diez años llevaba Dantés aguantando aquél infierno. Y cuando Dantés ya estaba cerca de su último suspiro, cuando al final el efecto de su falta de ingestión de alimento iba a dar el resultado previsto… Dantés oyó algo, el sonido de la esperanza, que fue como un rayo de luz penetrando directamente en sus apesadumbrados ojos acostumbrados a la más cruel oscuridad y a la más cruel soledad. Esa esperanza no sacó a Dantés de la cárcel, pero lo mantuvo cuerdo y vivo durante cuatro años más, hasta que ahora sí, el destino quiso mostrar la luz al final del túnel, y Dantés corrió hacia esa luz que era su escapatoria definitiva del Infierno de If, tras 14 años en los abismos.

Segunda historia: la desesperación amorosa de Erlandiros Armarot

Esta historia nos puede demostrar que el amor, aunque se nos escape momentáneamente, nos llegará tarde o temprano.

Erlandiros Armarot es uno de los protagonistas de mi primera (y única) novela “La Reina de los Hielos“. Armarot era un misterioso hombre que se vio atrapado en el conflicto sucesorio que acaeció cuando el rey Aronfal el Firme murió en extrañas circunstancias, quedando el trono del reino de Armán Silván en manos de Esbilo, el débil, inepto e infantil único hijo del Gran Rey. Intentado dirimir el destino de los derechos dinásticos del reino de Armán Silván,Tres historias para crecer espiritualmente Erlandiros pactó una reunión en la que se trataría de aclarara si era de verdad el infantil Esbilo el legítimo heredero del trono. Pero esa reunión era peligrosa, porque se iba a celebrar cerca de una abandonada cabaña perdida en medio de ningún sitio. Erlandiros sabía que le podían tender una trampa, porque tenía mucho que ocultar. Pero no le quedaba otro remedio más que aventurarse a asistir a tan arriesgada reunión, pues si no el destino de todo el Gran Reino de Arman Silván sería tan oscuro como los oscuros consejeros que parecían dominar a Esbilo a su antojo. Para más colmo, su amor, su bella mujer, su cielo en la tierra, Irin Belis, decidió asistir con él pues ella sabía que esa reunión era peligrosa, y ella había decidido que si Erlandiros Armarot era emboscado en una trampa en la perdida cabaña, ella correría el mismo destino que él. Y al final, las sospechas se hicieron realidad, y Armarot e Irin Belis fueron rodeados por las corruptas tropas enviadas por el ilegítimo gobierno de Esbilo, y quedaron atrapados en la pequeña cabaña sin tener apenas posibilidades de escapar. Pero Armarot tenía un as en la manga: su caballo Eslípnir, que se encontraba en una cuadra dentro de la cabaña. Armarot salió de la cabaña cabalgando a Eslípnir, junto a su bella doncella, y a pesar de que estaba rodeado por miles de soldados que los esperaban para darlos muerte, Armarot, que guiaba al poderosos Eslípnir, fue esquivando a todos los obstáculos que se le cruzaban en el camino, hasta que al final de forma sorprendente, logró escapar de los ejércitos oscuros, a pesar de estar rodeado por miles de soldados. Desgraciadamente algo fue mal: cuando Armarot ya había perdido a todos los soldados que lo persiguieron durante millas, se dio cuenta de que su amada Irin Belis parecía extrañamente calmada. En no mucho tiempo se pudo ver una flecha que atravesaba la espalda de Irin Belis a al altura del corazón. Armarot se revolvió de desesperación. Y cuando se pudo recuperar un poco, cabalgó sobre las poderosas patas de su caballo Eslípnir hacia un páramo helado que había al norte, con su amada cabalgando con él, inerte y cada vez más blanquecina. Y allí depositó a su amada, para que el frío conservase su cuerpo en espera de encontrar algún remedio que le pudiese devolver la vida a su angelical mujer.

Tercera historia: el águila y la serpiente

Esta es una historia que puede ayudar a las personas que pasan por problemas de sociabilidad… pero también a las personas que pasan por todo tipo de problemas y vicisitudes vitales.

Soy tonto. Ya no hay dudas. Soy tonto… Ayer, el día de las fiestas del pueblo, salí por ahí a la verbena, como todos, con un amigo que es la única persona con la que yo suelo ir. Y resulta que este amigo se encontró con otro amigo, y el amigo de mi amigo, nos invitó a ambos a la peña suya para que tomásemos algo. Hasta ahí iba todo bien. Yo soy muy cortado y tengo fama de raro, pero en este día de fiesta todo parece olvidarse en medio de la mágica noche de agosto. Al final, lleguemos a la peña del amigo de mi amigo, y él nos preguntó que qué queríamos tomar. Yo le dije que Coca Cola, y mi amigo pidió algo para él. El amigo de mi amigo me dijo que cómo voy a tomar Coca Cola sola, que allí lo más flojo que ponían era aguardiente con gasolina… Yo no supe que decir así que acepté tomar algo de alcohol. Y por allí había dos chicas que a su vez parecían amigas del amigo mi amigo. El amigo de mi amigo intentó presentarnos a sus dos amigas. Le presentó primero a mi amigo, y luego intentó presentarme a mí… Pero las chicas se dieron cuenta de que yo estaba muy cortado, y debieron de tomarme por tonto. Así que ellas se zafaron de las manos del amigo de mi amigo que las quería arrimar a mí, y se retiraron como asqueadas de mi presencia. Yo una vez más me sentí humillado. Al día siguiente, aún recordando estos triste sucesos que me hacían comprender que yo jamás podría ser una persona normal, decidí, en ese otro nuevo día de fiesta, salir al campo para dar una vuelta con la bicicleta. Como siempre, abandoné la carretera y me interné por uno de los intrincados caminos del pueblo. Yo seguí así un rato, y ninguna novedad respecto a otros días parecía avecinarse sobre el horizonte. Pero de repente, vi algo, algo en el cielo, algo que parecía bajar hasta el camino, dirigiéndose en picado cerca de la posición donde yo estaba. Parecía un águila, pero había algo raro en él. Bajaba del cielo a una velocidad pasmosa. Al final ya no lo dudé: era un águila. Cuando estaba cerca del suelo lo vi mejor. Sin dudas había algo raro en ese águila. Al final, el águila se posó en el camino, muy cerca de donde yo estaba. Y yo lo pude ver ahora de más cerca: efectivamente era un águila, pero en no mucho tiempo, pude ver qué era eso tan extraño que yo había visto en el águila. Y es que, el águila no venía sola, una especie de serpiente parecía que había acompañado en el viaje por los cielos al propio águila. La serpiente venía enroscada en el águila, y cuando llegó al suelo se desenroscó y pude ver al final, el águila por un lado; y la serpiente por el otro. No entendía nada de aquello, en los documentales de la tele nunca jamás había visto algo similar. Pensé en preguntarle cuando empezase el nuevo curso a mi profesor de biología cómo era aquello posible. El águila, que había permanecido con la mirada ausente, de repente, pareció acercarse unos pasos hacia mí. Y me miró con sus poderosos ojos que dejaban entre medias a su poderoso pico. Luego la serpiente hizo lo propio, y reptando un trecho se dirigió hacia mí, con lo que yo me asusté. Al final la serpiente y el águila pararon, y por unos segundos ambos parecieron que me miraban. Y yo estaba paralizado. En no mucho tiempo más, la serpiente se dirigió de nuevo hacia el águila, se subió a ella, se enroscó de forma espectacular de nuevo a la criatura alada, y el águila, tras unos segundos, empezó a batir sus alas despertando una inmensa polvareda y casi un huracán, y subió de nuevo a los cielos, con la serpiente enroscada en ella. En dos meses empezaron de nuevo las clases. Yo le conté a mi profesor de biología lo que había visto, y él no dio crédito y casi me toma por loco. Pero no sé cómo, esta conversación llegó a mi profesor de filosofía. Y al final de una de las clases de filosofía, el profesor me dijo que me quedase cuando mis compañeros ya iban para el recreo. Se puso muy serio, y me recordó esta increíble historia que yo mismo había vivido:

-¿Conoces a Friedrich Nietzsche, verdad?

-Si -dije yo-. Claro, es un filósofo.

-Pues bien, es curioso, pero la inverosímil escena que tú presenciasteis, la describió este famoso filósofo en uno de sus libros. La serpiente que iba enroscada al águila. A lo mejor lo que vistes ha sido un mensaje enviado por el destino para ti. ¿Sabes qué significa el águila y la serpiente?

-No -contesté yo incrédulo.

-El águila es la bravura, la valentía, la gallardía, la fuerza, las ganas de luchar… Y la serpiente es la inteligencia, la sabiduría, la razón, el conocimiento, el pensamiento… Nietzsche creía que el hombre completo se hacía entre el águila y la serpiente, entre la fuerza y la inteligencia. Sin una de las dos, el hombre era incompleto. A lo mejor, querido alumno, todo fue un mensaje, un mensaje para ti, para que comprendieses que para superar tus problemas con los demás, y tus problemas en general, debes de seguir tanto al águila, a la fuerza, al valor, a las agallas; como a la serpiente, a la inteligencia, a la sabiduría, al conocimiento…

Como ayuda para iniciar ese camino de valor e inteligencia que se requiere iniciar para mejorar nuestros problemas de sociabilidad, recomendamos nuestro e-book Los pilares de la Seducción.

 

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