Un secreto de mi madre para ligar y conocer gente

Ayer (jueves pasado) estuve a la pequeña ciudad (menos de 7.000 habientes) de Peñaranda de Bracamonte. Estuve con mi madre, como de costumbre. Estuvimos en el mercadillo de Peñaranda, estaba lleno de tenderetes y tiendas, esa forma de venta se ha mantenido en España desde la Edad Media. La gente circulaba entre la pequeña ciudad que se había montado en medio de esa plaza de Peñaranda, mirando aquí y allí algo que les pudiese interesar. Lo cierto es que ver tanta ropa, complementos, vestuario… junta, me hizo reflexionar sobre mis ideas de estética y de vestir. Y de lo primero que me di cuenta es que hay una forma muy barata, rentable y eficaz de tener un vestuario molón, completo… y barato: comprar en mercadillos. La ropa de los mercadillos suele tener un precio irrisorio al lado de la ropa de tienda. A veces la ropa de mercadillo es de mala calidad… pero eso pasa también con la ropa de tiendas. Y además, por el precio que en una tienda del centro de la ciudad te compras una prenda; en el mercadillo puedes adquirir un vestuario completo, con calzado, con pantalones, con jersey y a veces, hasta con chaqueta. La diferencia de precio es abismal, yo me  compré unos pantalones de deporte térmicos y una cartera por 15 euros… esos mismos pantalones en una tienda del centro de Salamanca, podrían haber costado más de 50 euros. Pero como digo, yo iba como de costumbre con mi madre. Mi madre es casi la mujer más popular que conozco… todo el mundo siempre ha dicho que yo era muy tímido para tener una madre así… No todo es bueno por que alguien diga de ti que eres popular y sociable; el tópico de que las persona sociables y populares seducen más es eso, un tópico… (si ligan más es por que lo intentan más; no porque sean necesariamente más seductores. Por lo que vemos que es casi más importante intentarlo que el hecho de ser seductor o no). No voy a especular aquí sobre lo que podría haber o no ligado mi madre… Pero sí estoy seguro que en caso de que mi madre fuese más joven y fuese un hombre (mucha especulación, hay que echarle imaginación…) hubiese ligado un montón. Y todo por su forma de estar entre desconocidos. Si nos damos cuenta, en una ciudad todo el mundo va a lo suyo, nadie suele hablar con nadie, la gente actúa como si fuesen invisibles… esto choca con el comportamiento típico de la gente en un pueblo (en Peñaranda de Bracamonte la gente actúa como en la ciudad, de forma completamente impersonal). En los pueblos la gente habla todo el mundo con todo el mundo. A veces incluso podemos hablar con un desconocido, o nos saludamos con alguien con el que nos encontramos por la calle aunque no lo conozcamos. Lo que me choca de mi madre, es que ella sigue comportándose con la gente igual que si estuviésemos en el pueblo, aunque estemos en Peñaranda, aunque estemos en Salamanca, incluso en Madrid… Ella no actúa como los demás, no los ve invisibles: ella como no quiere la cosa, habla con ellos, les comenta algo como que no quiere la cosa. Los demás al principio se extrañan (¿pero de verdad no ve que yo soy invisible…?). Pero muchos de ellos entran en su juego, la dan bola y se ponen a hablar con ella, a veces en conversaciones fugaces. Pero otras veces la conversación parece que no va a terminar, como si se conociesen de toda la vida… En este artículo, un secreto de mi madre para ligar y conocer gente.

Socializar y ligar

Y es que, viendo a mi madre socializar, yo tengo la sensación de que los demás están socialmente reprimidos: es como si mi propia madre fuese la única persona del mundo que realmente le da rienda suelta a sus instintitos sociales, a sus instintos de dirigirse hacia los demás. Parece mentira con los tiempos impersonales que corren, pero estamos “programados” evolutivamente para sentirnos atraídos por los demás. Cuando somos niños, de forma instintiva tendemos a dirigirnos hacia los otros niños, como si ellos fuesen un imán y nosotros nos sintiésemos atraídos por su fuerza magnética. Son sobre todo los niños los que nos causan esta atracción, porque con ellos podemos jugar, podemos divertirnos, podemos aprender cosas… Cuando crecemos, seguimos de alguna manera teniendo un instinto de dirigirnos hacia esas personas que nos pueden parecer interesantes por algún motivo. Yo recuerdo que una de las primeras veces que yo salí por ahí solo, cuando intentaba abrirme camino de nuevo en mi vida social, vi a un grupo de chicos que parecían todos muy guais y roqueros… y que estaban parados en la calle, hablando entre ellos. Yo recuerdo que tuve el instinto de dirigirme hacia ellos y decirles algo así como “¿puedo irme con vosotros?”. Parecían todos tan guais y tan parecidos a mí… el insociable, el que no tenía amigos.

Pero ese “instinto” de aproximarse a los demás, es especialmente fuerte cuando vemos a alguien que nos gusta. ¿Qué pasa cuando salimos a dar un paseo por la calle y vemos a una chica que nos gusta; y a la que nosotros gustamos? Pues que nos ponemos a mirarnos, y a coquetear con la mirada. Ambos desearíamos dirigirnos el uno hacia el otro, y hablar un poco… El problema es que la mujer suele tener tanto deseo hacia el hombre como miedo hacia el mismo, por eso aunque nosotros nos armásemos de valor y nos dirigiésemos hacia ella, ella seguramente cambiaría su deseo por miedo, e intentaría escapar de nosotros, sintiéndose además culpable por habernos atraído con su mirada y con su deseo hacia nosotros. Esto es algo de lo que yo me di cuenta al principio de empezar con el “sargeo duro”. Con el tiempo yo cambien el sargeo duro por el sargeo blando, que consisten en ser más como mi madre… más natural en las “aproximaciones”, no forzar encuentros al estilo de los “gurús” de seducción, que proponen poco menos que asaltar a chicas por la calle para ligárselas después. Mi madre nunca ha hecho eso… ella es más natural, no fuerza encuentros, deja que las cosas fluyan con mayor naturalidad y sin ningún tipo de violencia.

El gran secreto para conocer gente en cualquier circunstancia

Como digo, mi madre es especialista en iniciar conversaciones con desconocidos y en mantenerlas… pero para ello no “entra” a la gente; más que eso, deja que la situación la lleve hasta estar cerca de esa gente. Por ejemplo, el otro día en el mercadillo de Peñaranda, ella estaba mirando una cazadora de buen precio en un tenderete, y había por allí otra mujer mirando también. Y ella, una vez la situación ya era propicia para empezar una conversación, simplemente como que no quiere la cosa, le comentó algo a la otra mujer, algo así como

-No sé de que talla son estas chaquetas, a ver si lo pone por aquí…

Y la otra mujer, al principio la miraba como extrañada, como diciendo “¿me hablará a mí?”. A mí me sorprende siempre la cara que ponen los demás, porque por un lado ellos están como diciendo “si no me conoce”; pero por otro, se les ve deseando poder socializar y poder empezar una conversación con una persona que parece interesante. En no mucho tiempo, una vez pasado su vergüenza inicial, la otra persona coge algo de confianza, y decide que mi madre es una persona muy simpática con la que puede ser divertido tener aunque sea una ligera conversación, y al final se abre y empieza a contestar a mi madre más allá que con monosílabos, típicos de las personas inseguras ante situaciones inseguras.

-Tienen muy buen precio, pero no sé si serán de calidad…

A lo mejor agrega al final la otra persona, después de quizás unos segundos de duda por que en la ciudad parece que es norma actuar como si fuésemos invisibles uno para el otro

Y a partir de ahí, mi madre lanza más misiles

-Pues yo voy a mirar esta, y voy a probármela. Hace buen día hoy ¿verdad? Ayer hacía un día de perros, no parece tiempo para chaquetas, pero el invierno se nos hecha encima enseguida…

Y ahí, ella empieza a hablar más y más, siempre “pica” a la otra persona, que cae irremediablemente en la tela de araña de su conversación. Yo me doy cuenta que las demás personas se sienten muy a gusto por haberse encontrado a una persona sociable y con tanta seguridad en sí misma. Hablar con alguien, aunque sea en una breve conversación, es un poco como tomar una excitante droga, te diviertes, te llenas de emoción por estar en una conversación con una persona que ni conoces… es excitante y divertido. Y la gente siempre está deseando que los demás le pongan picante a sus normalmente aburridas vida. Por eso mismo mi madre tiene tanto éxito social, es el picante de la vida de los demás, los demás se abren mucho ante personas decididas y que parecen simpáticas e interesantes. Aunque al principio parezcan que tienen algo de vergüenza, enseguida se abren y responden por lo general, muy bien (no siempre, pero mi madre ni se entera de los rechazos las pocas veces que los sufre). Ella simplemente habla con los demás por que la divierte, pero si fuese hombre y más joven… eso sería una estrategia magnífica para poder empezar conversaciones con chicas (o chicos, también pueden usar esta estrategia las chicas) y así conocer gente del sexo contrario con la que a lo mejor surge una amistad. Y tener amigas es la primera parte de tener novias o amantes…

Como digo, el gran secreto de mi madre es no “forzar” encuentros al estilo de los gurús que asaltan a chicas por la calle. Más que nada deja que la situación la lleve cerca de una persona con la que puede interactuar. A lo mejor está en la misma tienda; o a lo mejor pregunta por una calle y luego hace una observación que da lugar a una conversación; a lo mejor le dice a una persona parada en al calle que hace frío, ella ni se da cuenta de que está usando una estrategia que tiene un enorme potencial para conocer gente, simplemente hace lo que la pide sus instintos sociales: habla con los demás porque eso la divierte, sin importarla las consecuencias o que alguien pueda pensar mal de ella por hablar con desconocidos (mi madre no tiene sentido del ridículo ni de la vergüenza porque es 100% extrovertida). Simplemente ella comenta algo a la otra persona, hace una observación. Y como la persona que es hablada se suele quedar algo confundida, pues suele contestar con un monosílabo o poco más. Pero luego mi madre hace otra observación u otra pregunta, y la persona ya se da por aludida, efectivamente la están hablando a ella y efectivamente alguien quiere hablar con ella.. y ahí sí empieza ya a sentirse más libre para hablar, al fin y al cabo tiene enfrente a alguien que parece simpático y que la puede dar algo de excitante a su vida.

Conclusión sobre un secreto de mi madre para ligar y conocer gente

Con esta estrategia es perfectamente posible ir al super a comprar un champú; y al volver a casa haber conocido a un par de personas nuevas. A lo mejor al final quedemos con una chica para tomar un café en la tarde, pues resulta que somos casi vecinos y queremos conocernos algo más… Pero mi madre no usa esta estrategia para sacar algo: ella simplemente habla con la gente porque la divierte. Nosotros tenemos que emular un poco a mi madre, tenemos que independizar el uso de esta estrategia del querer sacar algo con ella. Simplemente se trata de divertirnos socialmente y hablar con un desconocido es algo muy divertido y excitante. Luego simplemente, a base de usar esta estrategia, de abrirnos más ante los demás, con el tiempo conocemos más gente, hacemos más amigos y amigas… y quizás suceda algo con esos amigos y amigas que hemos conocido al ser más abiertos ante los demás. Y para ello, aconsejo practicar esta estrategia con todo el mundo, no sólo con personas que nos puedan interesar amorosamente y sexualmente. Así cogemos experiencia, y luego, nos será mucho más fácil empezar una conversación con esa chica tan mona que mira el mismo escaparate que nosotros… (quedaría muy sucio y forzado querer usar esta estrategia sólo con personas que nos interesan amorosamente).

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