Una cita con éxito (relato)

Soy Arthur116, lo cierto es que ya me conocéis. Pero no conocéis el significado de mi nombre, ni podéis imaginar siquiera lo que he sufrido en la vida… Yo, yo he sufrido… ¿Por qué? No, no he sufrido por que tenga una enfermedad mental, aunque esta vino con el tiempo en forma de depresión; tampoco he sufrido porque no tenga dinero, tengo lo justo y se que te esto mejorará con el tiempo. Tampoco he sufrido porque no ligue lo suficiente con mujeres, las mujeres no se me dan mal, lo que no quiero decir que valla de flor en flor; tampoco he sufrido porque halla pasado por guerras… al menos por guerras externas. Lo mío fue sufrir por pasar por guerras internas. Yo quería salvar, quería salvar al hombre, quería salvar a occidente del fuego de su ira, y quería salvar a la humanidad… En resumen, queriendo salvar a la humanidad llegó un momento en donde me di cuenta que ya no tenía fuerzas ni para salvarme a mí mismo. Así que decidí abandonar, abandonar la guerra, la guerra interna. Dejé de intentar combatir a mis demonios, y decidí que era hora de empezar a vivir, empezar a sentir el mundo, de simplemente querer lo que quieren los demás: un oficio que me de dinero, una buena mujer que me de cariño,…

Y resulta que hoy he estado con una chica. Hemos quedado para salir, nos estamos conociendo. Yo no sabía muy bien qué quería ella de mí. Apostaría por que la gusto, pero no estoy seguro… Así que quedemos ayer sábado por la noche para conocernos un poco mejor. Quedemos en un famoso y romántico bar del centro de la ciudad. Cuando yo llegué, ella ya estaba esperando en la barra. Estaba espléndida, con unos apretados pantalones vaqueros y una sonrisa perfecta de oreja a oreja. Yo llegué a ella y la di dos besos. Luego pedimos dos cervezas y nos sentamos en una tranquila y apartada mesa.

Entonces hablemos, hablemos mucho. Pero no sólo hablaban las palabras: también hablaban nuestros perfumes, nuestros trajes, nuestras mejores galas,… nuestros peinados, nuestras pulseras, nuestros pendientes, nuestro calzado. Y desde luego, nuestros movimientos parecían que se coordinaban coincidiendo así nuestro movimiento corporal y nuestro lenguaje corporal. Sólo después de que todo eso habló, empezaron a hablar nuestras palabras.

-Dime Arthur… es muy extraño que hallas salido tan poco por esta ciudad… ¿Dónde has estado… en un monasterio?

-Bueno, no es exactamente así, querida Irene. Lo cierto es que a las mujeres os atrae y os repele por igual que los hombres escondamos cosas…

-Bueno, a mi me gustan los hombres misteriosos… pero a veces hay sorpresas que efectivamente, a las mujeres no nos gustan nada…

-Pero las sorpresas de por sí si os gustan: por ejemplo, si yo fuese tu novio y te dijese ahora que tengo reservados unos billetes para pasar un fin de semana en París… eso te encendería una poderosa luz en tus ojos, querida Irene.

-Sí, es cierto… ese tipo de sorpresas sí nos gustan a las mujeres. Pero a veces desconfiamos de los hombre oscuros que han estado demasiado tiempo alejados del mundo.

-Bueno, muchos hombres que no han estado alejados del mundo son oscuros, malvados, no son de fiar… y muchos hombres que han estado encadenados sin quejarse, son valientes, benévolos, simpáticos y atractivos. De cualquier forma es cierto que hay secreteos que son positivos y otros que son negativos… Yo me muestro ahora, no tengo nada que ocultar, soy lo que soy.

Después de pagar las cerveza, salimos del romántico bar, y decidimos ir a dar una vuelta por la ciudad. Anduvimos bastante entre las hermosas calles de la ciudad turística.Una cita con éxito Mientras tanto hablemos también, hablemos de lo que nos gusta, de nuestras aficiones, de nuestras inquietudes, de nuestras esperanzas… Ambos nos acercamos ya a los 30, y a esas edades ya quieres saber si vas a tener pareja, si te vas a casar, en qué vas a trabajar,…

Al final, después de estar casi un par de horas hablando mientras paseábamos por la romántica noche de la ciudad, lleguemos a un parque, muy solitario pero a su vez bien iluminado. Yo la cogí de la mano mientras andábamos por el parque, juntos. Sí, quizás fue imprudente coger de la mano a una chica de la que aún no soy novio. Pero yo quiero que ella sea mi novia… A veces es difícil pedir algo así a una chica, supongo que el miedo al rechazo. En el parque, la agarré con gran tacto por sus hombros, la miré a los ojos profundamente, y la dije con una sonrisa de oreja a oreja:

-¿Sabes? Yo ahora soy feliz, da igual que antes no pudiese serlo, siento que ahora este es mi momento, y siento que he encontrado el camino de la felicidad.

-¿Y cual es? Para mi la felicidad consiste en estar a gusto contigo mismo…

-Sí, pero eso no es suficiente… A veces necesitamos a alguien al lado, a alguien que nos haga sentir algo muy dentro de nosotros…

-Bueno, a veces ese alguien tarda en aparecer, es normal algo de angustia…

-Sí, querida Irene… y lo peor es que cuando aparece, siempre está por ahí el fantasma del rechazo…

Yo en este momento la miré fijamente a los ojos, con una mirada pícara que ya se sabe lo que quiere decir… y luego la dije:

-Hermosa Irene, yo no tengo preparado un fin de semana en París para sorprendente… Pero nunca se sabe… de momento sólo tengo para ti una propuesta: quiero que salgas conmigo, quiero poder abrazarte, quiero poder besarte… Y me has hecho sentir en una sola noche lo que muy pocas chica me han hecho sentir a lo largo de mi vida.

-Bueno… no se qué decir a eso, Arthur… No me lo esperaba…

-Pero, ¿lo deseabas? Al fin y al cabo yo ya se que es común el rechazo de vosotras las mujeres hacia nosotros los hombres. Pero hace años perdí la oportunidad de hacer esto mismo con una chica que me enamoró… Y ahora soy lo suficientemente valiente para afrontar tu rechazo. No tienes que contestarme ahora… sólo con tu presencia ya estoy a gusto y soy feliz, como pocas veces en años he podido ser feliz…

-Arthur… eres un chico encantador…

-¡Ahiii…! Bueno, al menos lo he intentado, tú también mi querida Irene.

-¡Déjame terminar…! Te responderé a tu ofrecimiento… a lo mejor te hubiese ido mejor siendo un poco más caliente, y quizás si me hubieses intentado besar, ahora ya sabrías la respuesta de tu ofrecimiento. Pero tú sabes bien que a veces las chicas rechazamos un beso por sorpresa, aunque nos guste el chico… Pero en el término medio está la virtud, entre el fuego y el hielo se hace la vida en el Universo. Te contestaré… pero antes, despierta, deja de soñar, deja de escribir, deja de pensar tanto, y simplemente pídeme una cita en la realidad, y luego pregúntame en la realidad que si yo quiero salir contigo… Hay que ser sutil, pues si eres demasiado caliente te quemas; y si eres demasiado frío te hielas. Hoy has estado muy bien… pero hay muchas formas distintas de hacer esto. Pedir salir a alguien no es una ciencia: es un arte. Y a veces por eso mismo debemos de dejarnos llevar por nuestra pasión. ¡Despierta Arthur…! Y después échale paciencia. A veces las cosas van rápido; pero otras se retrasan. El retraso no significa nada. Simplemente que tardarás un poco más en poder alcanzar eso que añoras. Dime Arthur ¿ya has aprendido a amar? ¿ya has purgado las culpas de tus errores pasados?

-Mi gran error pasado es que no supe amar. Ahora supongo que viene la redención. Amada Irene, yo te amo, yo te adoro, yo estoy muy a gusto a tu lado… y con todo, yo te he elegido a ti para pedirte salir, entre CIENTOS de chicas, que desde luego podían haberme rechazado muchas de ellas, aunque creo que la gran mayoría me hubiesen aceptado. Si tú no me eliges a mí, eso es ser muy mujer, las mujeres rechazáis mucho. Vosotras elegís a fondo, porque sólo sabéis amar a fondo. No pasa nada si me dices que no… Al fin y al cabo, hasta yo siendo un tío, he rechazado a cientos de mujeres en mi vida, porque no me tocaban tan adentro como me tocas tú. Sí, he purgado mis culpas; y sí he aprendido a amar. Por eso no te sientas obligada a decirme que sí, simplemente tú ya sabes si te apetece que salgamos… Y si es así, sólo puedo jurarte que estemos juntos desde un mes hasta toda la vida, no te arrepentirás nunca de haber amado a un hombre redimido. Ahora soy una nueva criatura, ahora viene mi redención y contigo o sin ti, esa redención se hará en el amor. El placer del amor me ha redimido. Al despertar de este sueño, te iré a buscar y sabrás que ahora soy un hombre de verdad por el poderoso brillo de mis ojos. Ocurra lo que ocurra, amada Irene, el sólo haberte conocido ha sido toda una gran suerte de mi vida.

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