Vencer la timidez desarrollando gran resistencia al dolor

Soy un completo gilipollas. Me tiro la noche del sábado melancólico por mi amor perdido; y ahora mismo hay decenas de tías en las discos de Salamanca que pagarían por poder empezar una relación conmigo. Y me refiero a tías de alucine: guapas y listas… De media cuando salgo por ahí de fiesta me miro con unas 3 o 4… pero he tenido records de hasta 30 o 40 en una sola noche… ¿Y por qué soy tan gilipollas? ¿Por qué soy tan puñeteramente melancólico? Supongo que me engaño a mí mismo: me hago creer que pocas mujeres me pueden enamorar… y eso es cierto, es algo empírico, me interesan muy pocas mujeres. pero a día de hoy ha mujeres a espuertas… ¿Por qué no voy a por ellas, chicas que hasta pueden haber soñado con que un tío que no me llega a la altura de los zapatos las entre en una disco; o las “asalta” por la calle…? Creo que yo mismo aún ando saliendo de mi zona de confort. Yo mismo aún soy tímido. Llevo poco más de un año con mi cura anti-fobia social, y anti-timidez. Pero aún me quedan cosas por hacer. Creo que por eso este blog tiene mayor interés: yo es ahora cuando estoy con mis citas, con mis chicas, con las experiencias sexuales… Antes para mí eso sólo era un sueño. Antes simplemente yo me encerraba en mi mundo, y como dice un verso de Amaral “hacía fiestas en donde sólo estaba yo”. Si nos volvemos todos un atajo de melancólicos que lloran por la oportunidad perdida en vez de pensar que por estar llorando podemos estar perdiendo oportunidades ahora mismo, entonces ya no hay nada que hacer: nuestra propia melancolía de hombres que sueñan con ninfas de río nos volverá locos y al final creeremos que el producto de nuestra esperanza sólo es un sueño que pasó por nuestra retinas como pasan por entre los cielos espesos de los días de borrasca los leves rayos de luz de una luna que apenas se atreve a asomarse ante los ojos de los cobardes que lloran por princesa perdidas cuando tienen delante de ellos a miles de princesas que están pidiendo a gritos que las rescatemos. Ahora es cuando empiezo a entender que el placer no consiste en evitar el dolor. O al menos no es ese el placer que consuela mis tristes ojos en la noche de hoy. Yo antes sólo soñaba con poder amar…Vencer la timidez desarrollando gran resistencia al dolor Ahora simplemente sueño con poder rescatar de las garras de dragones infernales a princesas que no pueden amarme porque ya aman a otros caballeros. ¿Y por qué soy tan gilipollas? Pues porque a veces es lo más fácil: es más fácil tirarme la noche entera del sábado melancólico, improvisando alguna canción con mi teclado con notas de guitarra, diciendo cosas como “el amor se va como una botella que es arrastrada por la marea”. Y resulta que yo mismo me doy cuenta de que soy un completo gilipollas… porque es lo más fácil, es más fácil eso que irme por ahí a aguantar la ansiedad del abordaje de chicas que ni pueden soñar con que tíos como nosotros puedan existir. Nos encerramos en nuestra concha de seguridad. Ahí hay muchos tímidos, muchos fóbicos sociales, muchos melancólicos… ¿Por qué? ¿Por que es más fácil estar triste una noche que estar una noche por ahí, sargeando. Pero no sargeando para aumentar en una nuestra ristra de mujeres que hemos engañado haciéndolas creer que las podríamos amar: no. Buscamos desde la más absoluta sinceridad a mujeres que podamos amar de verdad. Es ese cielo rosa de cuando nos despertamos al lado de nuestra princesa; es esa luna de plata de cuando nos dirigimos hacia la alcoba de nuestra princesa. Eso es lo que es el amor. Navegamos por la realidad en el barco del presente. Pero la realidad no es nuestro barco: es nuestro mar. Necesitamos navegar hacia nuevos horizontes. Y para ello a veces hay que sufrir. Compadecerse de uno mismo es el camino más directo hacia la ruina total. Y aguantar el dolor, aumentar nuestra resistencia psicológica ante las adversidades que atraviese el barco que es nuestra alma, es un camino directo hacia el éxito.

Aprender a sufrir

Todos recordamos las películas esas de “Rambo”. A Rambo en una de ellas hasta lo torturaron con un cuchillo que habían puesto previamente al rojo vivo. ¿Cómo puede aguantar esto Rambo? ¿Estará loco? Hay quien dice que esto es simplemente locura. Pero los cobardes siempre tienen una buena excusa.

Nuestras almas sensibles, de hombres poetas, de hombres melancólicos, tímidos, fóbicos sociales,… necesitan unas pasaditas con un cuchillo al rojo vivo. Eso nos hará tan fuertes que nos inmunizaremos de todos los ridículos sociales que podamos hacer, de todos nuestros miedos, de todas nuestras pesadillas.

A veces se da un equívoco: cuando estamos en una relación social, sea la que sea, desde ir a tomar un café a un bar; hasta ir a visitar un museo o una exposición, nosotros hombres muy desgraciados, terminamos pensando que no merece la pena hacer algo social si no nos divierte. Por tanto, terminamos por evitar hacer esas actividades sociales que como nos dan miedo, pues no son divertidas. Pero no: hay que tener interaccione sociales sobre todo por un motivo: nos duelen, lo pasamos mal cuando entramos en una casa que parece que es la casa de una anciana, y preguntamos que si es allí la exposición que había sobre libros antiguos. Eso duele, y eso lo evitamos porque duele.

Pero nosotros tenemos que ser como Rambo. Y eso quiere decir que tenemos que desarrollar alto grado de resistencia al dolor social. Es tremendo, pero en un año que yo llevo saliendo por ahí tras superar mi fobia social, no he hecho el ridículo ni una sola vez… (al menos a mi entender). ¿Por qué? Por que he perdido completamente el miedo al ridículo que tanto me atenazó en otros tiempos.

Por eso, nosotros tenemos que ser como Rambo. Y eso requiere un entrenamiento. No hace falta que nos pongamos electrodos en las pelotas y encendamos el interruptor. Pero sí hace falta aprender a sufrir, aprender a curtirse en el dolor que nos provocan nuestras interacciones sociales. Y para ello no hay que hacer lo que nos apetece: hay que salir a la calle a sufrir. Tenemos que ser como Rambo: buscar el dolor porque eso nos hace más grandes y nos engorda las pelotas o los ovarios. Hay que salir a la calle a sufrir, a fortalecernos. Luego nos inmunizaremos, y empezaremos a disfrutar de nuestra relaciones sociales como nunca antes.

Cómo someterse a tortura social

¿No os gusta el dolor? A mi tampoco me gustaba, pero ahora veo que el dolor me hace grande, me hace fuerte… Sí, a nadie le gusta que le pasen un cuchillo al rojo vivo por su sensibilidad. Pero no queda otro remedio. ¿Somos hombres, o mariconas? ¿Somos mujeres, o arpías cobardes? Si la respuesta es lo primero, aprendamos a coger el cuchillo ardiendo y pasárnoslo por donde más nos duele:

1. Sal sólo de fiesta los sábados. Como no tienes a nadie con quien hablar, pues te obligarás a hablar con gente a la que no conoces.

2. Vete a esa exposición que te atrae tanto sólo. Eso a veces es muy difícil de hacer para un tímido, pues el tímido siempre se empieza a poner en todo lo peor: que ya se ha cerrado la exposición y que queda en ridículo; que no era en ese edificio en donde nos pareció; que nos mirarán raros por ir solos,… Haz lo mismo con otras actividades culturales, vete a una obra de teatro que se represente en tu ciudad sólo. No averigües mucho sobre ella: sólo la hora y el lugar. Vete allí. Si te intentas colar y resulta que había que pagar, pues mejor, más dolor y más desensibilización.

3. Aborda por la calle a chicas y grupos. Pregúntalos cualquier cosa, intenta retenerlos en una conversación. Sí, se que el dolor que provoca el abordaje es muy duro de soportar, pero nosotros somos Rambos sociales.

4. Inicia conversaciones en todos los sitios, con todos los tipos de gente, con grupos, con gente individual, con chicas, con todos… No hablamos con gente desconocida para disfrutar de la charla: hoy estamos sádicos y queremos sufrir, y cuanto más sufras haciendo estas cosas, mejor, más disfrutamos con nuestro propio dolor.

5. Vete a un restaurante solo, vete de pinchos solo, vete a la discoteca sólo, vete a un after solo, vete a una manifestación solo, vete a un concierto solo,… porque si no, estarás solo el resto de tu vida.

Entrenarse para el éxito social

Hoy estoy muy melancólico, por eso escribo un artículo tan raro…. Pero quiero aclarar una cosa para terminar: imaginemos a un grupo que ensaya una obra de teatro. Al fin, llega el día de representar ante el público esa obra de teatro. ¿Somos capaces de entender la diferencia entre ejercitarnos y producir? La obra de teatro sólo obtendrá beneficios el día de su estreno. Pero antes tenemos que ejercitarnos para que el estreno salga bien. Por tanto:

-Aprendamos que a veces tenemos que realizar interacciones sociales no por que sean fin en si mismo: si no porque nos entrenamos con ellas.

-Aprendamos que cuando estemos bien entrenados, entonces sí podremos conseguir cosas de nuestras interacciones sociales, desde pareja, hasta amigos, diversión…

Y me pregunto: ¿se pueden mezclar ambas cosas? Por ejemplo, yo salgo a la calle a iniciar conversaciones con desconocidos para “entrenar”. Y resulta que conozco a una chica muy mona que además, me gusta y yo a ella… Bueno, no hay nada malo en mezclar ambas cosas. De hecho, la posibilidad de obtener beneficio en nuestro “entrenamiento” es muy estimulante. Pero aprendamos a realizar interacciones sociales sólo porque nos fortalecen, aunque no saquemos nada productivo de ellas. Al fin y al cabo, cuando desarrollemos altos grades de resistencia al dolor, entonces nos resultará muy fácil hacer cosas como encontrar pareja, encontrar amigos, encontrar diversión social en definitiva…

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